Monográficos Música

Se avecina un cambio: el día que Sam Cooke quiso ser Bob Dylan

 

sam cooke1En 1963, sólo un par de años después de haber dejado atrás su etapa gospel, Sam Cooke era ya toda una estrella. Sus singles de la época, piezas de soul ligero tan exquisitas como inofensivas alcanzaban invariablemente, al poco de publicarse, los puestos más altos en las listas de ventas afianzando uno tras otro el nuevo status de ídolo del pop de quien fuera líder y solista de los Soul Stirrers.

Fue en el verano de ese mismo año 63 cuando, de manera inesperada para todos, Blowin’ in the wind, la canción de Bob Dylan, empezó a sonar a todas horas en las radios del país. El tema triunfó primero en la adaptación de Peter, Paul & Mary y poco después en la versión original, la que el propio Dylan había incluido en su elepé The Freewheelin’ Bob Dylan (1963). Cuentan los biógrafos que Sam Cooke la escuchó y quedó impresionado; al parecer, lo que le chocó fue que una canción, interpretada por un blanco, cuya letra abordaba abiertamente el tema de los derechos civiles, pudiese llegar a convertirse en un éxito pop. Hay que decir que hasta ese momento Cooke no había mostrado demasiado interés por la política y su respaldo a las demandas de los de su raza se había producido de forma más bien indirecta: él había sido uno de los primeros artistas en dar el salto del rythm’n’blues al pop con verdadero éxito, esto es, uno de los primeros cantantes negros en triunfar a gran escala también entre el público blanco, lo que naturalmente lo convirtió en un símbolo para la minoría afroamericana que en aquellos años comenzaba a echarse a la calle para luchar por el reconocimiento de sus derechos y libertades.

Un día, casi un año después de haber escuchado por vez primera el tema de Dylan, Cooke llamó a su manager de toda la vida, J.W. Alexander, y le pidió que acudiera de inmediato a verle; Cooke necesitaba mostrarle una canción que acababa de escribir. Una canción que, en sus propias palabras, le había llegado “como en un sueño”, una canción que era “diferente de las otras”. Alexander se presentó aquella misma noche en el domicilio neoyorkino del cantante y Cooke, sentado en el sofá del salón de su casa, interpretó repetidas veces para él A change is gonna come acompañándose nada más que de una guitarra. El veredicto de Alexander fue inequívoco y matizado: en su opinión, la canción era lo mejor que Cooke había escrito jamás, aunque dudaba seriamente de su potencial como hit. “Si mi padre la hubiese escuchado se habría sentido orgulloso, ¿no crees, Alex?”… Esta fue la respuesta de Cooke, palabras de edípicas resonancias que dejaban al claro que las motivaciones entrañables del artista al escribirla habían sido “diferentes de  las otras”. Sea como fuere, Cooke y Alexander acordaron incluirla en el elepé que tenían previsto grabar a finales de año, aplazando la decisión de lanzarla o no como single para más adelante.

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4 comentarios

  1. Pues vale...

    Perfecto, Alejandro Caja. Aunque no habría estado mal que citara en el texto, siquiera una mención fugaz, por aquello de la honestidad intelectual, la fuente de la que ha sacado usted prácticamente todo el material con el que ha rellanado su artículo; y ésa no es otra que el libro de Greil Marcus «Like a rolling stone», un ensayo sobre las circunstancias que rodearon al nacimiento de la canción de marras (sobre éste y muchos otros temas, en realidad, como ocurre en las obras del estupendo Marcus, quien, dicho sea de paso, no tiene problema alguno en citar los libros de los demás cuando las ideas no son enteramente suyas).

  2. Miquel Àngel

    A mi me emociona profundamente esta canción y creo que tras la original la más desgarrada y preciosa es la de Otis Redding.

  3. Y en 2004 Dylan cerró el círculo con esta versión del tema en el Apollo:
    http://ladridos.wordpress.com/tag/a-change-gonna-come/

  4. Pingback: Imprescindibles de los Oscar 2021 – The Cinemaddicts Club

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