Nos gusta pensar que dentro de la cabeza hay alguien al mando, un funcionario serio de la conciencia, quizá un capitán con ojeras, pero todavía digno, que revisa mapas, calcula riesgos y decide, con admirable sobriedad cartesiana, si hoy conviene pedir una ensalada, abandonar un matrimonio, votar a un imbécil […]


