Historia

Piratas sanguinarios (I): François l’Olonnais «Azote de españoles»

El juramento había sido promulgado: “De aquí en adelante no daré cuartel a ningún español en absoluto”. Palabra escrita, clavando el desprecio en cada letra trazada, para justificar una vida y muertes innumerables. La vida, la del único superviviente que el pirata conocido como François l’Olonnais (para los españoles, El Olonés) había tenido bien a tolerar con el fin de que llevara aquel desafiante mensaje hasta la vista del gobernador de La Habana. Las muertes, en declaración de principios, las del resto de la tripulación enviada por este último para rescatar la pequeña población de Los Cayos del inminente ataque que sobre ella preparaban El Olonés y sus hombres. El pirata obligó el desfile de todos aquellos soldados bajo el filo de su espada, y no de cualquier manera. Con toda la parsimonia y sangre fría, los decapitó. Era la consolidación de un sobrenombre extendido por el Mar Caribe y Francia a mediados del siglo XVII a base de empeño, valentía y crueldad. Le Fléau des Espagnols (El azote de españoles).

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François l'Olonnais detestaba la paella.

Lo cierto es que El Olonés (nacido Jean-David Nau en Sables-d’Olonne sobre 1635) había engendrado aquel resentimiento hacia lo español mucho antes. Incluso en origen, como parte de su propia identidad nacional durante una era en que los reinos de España y Portugal se habían repartido casi la totalidad del Nuevo Mundo y todas las riquezas que este albergaba, dejando así con un palmo de narices, entre otros, a ingleses y franceses. Esto motivó que el saqueo marítimo se elevara a límites hasta entonces desconocidos, especialmente por culpa de filibusteros de estas nacionalidades, que en múltiples casos además eran avalados por los mismos reyes mediante patentes de corso. Asesinos y ladrones al otro lado del Atlántico, héroes entre sus compatriotas. De forma más específica, L’Ollonais ya llevaba un tiempo combatiendo contra los españoles, una vez que después de algunos años como sirviente en Martinica obtuviera su libertad y se uniera a la comunidad de los bucaneros para acabar ganándose con despiadados ataques un justo nombre de pirata brutal entre las diversas colonias costeras. Lo que nos lleva hasta el episodio previo al incidente en Los Cayos -y que en cierta manera lo propició- cuando tras naufragar el francés con su barco en las cercanías de Campeche (Península de Yucatán) fue descubierto por soldados españoles de la zona, que aprovecharon la ocasión para lanzar una eficaz ofensiva que acabó con gran parte de su tripulación y con nuestro protagonista herido, consiguiendo finalmente escapar haciéndose pasar por muerto tras embadurnarse con la sangre de sus propios compañeros caídos. Desatada su inquina como nunca antes, desde aquel momento sólo llegó a encontrar alivio para la misma a través del asesinato más cruel y la tortura más salvaje de cuanto español se encontrara en su estela de terror y codicia.

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5 comentarios

  1. Oh!!! Un artículo sobre el psicópata de El Olonés … qué lujazo. Veo que váis a seguir la serie, esperaré con ilusión próximas publicaciones, felicidades.

  2. Bigote Prusiano

    Por si a alguien le interesa introducirse en el mundillo pirata, hay un libro divertido y divulgativo llamado «La república de los piratas» muy útil para que los legos en la materia empiecen a conocer algunas cuestiones interesantes. Al final, por la reiteración en las presas que capturan, se hace algo pesado. Pero en general supone un buen comienzo para leer otras obras, sobre todo porque muestra cómo era el brutal trato en los barcos mercantes o militares -lo que lleva a muchos marineros a preferir pasarse a la piratería- o el tipo de relaciones que había entre algunos gobernadores de colonias y los piratas, además de presentar a algunas figuras de la piratería y el modo de abordar barcos o saquear puertos.

  3. Pingback: Piratas sanguinarios: François l’Olonnais “Azote de españoles”

  4. Jo’er, podríais hablar de Blas de Lezo, el mediohombre. Lo malo es que éste no era pirata. Pero les dio a los ingleses para el pelo.

  5. Pingback: Jot Down Cultural Magazine | Piratas sanguinarios (II): Roche Brasiliano

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