Gastronomía

Un minuto de gloria

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Espumosos

Por el precio de un mainstream en el que no caben matices ni diferencias de cosechas, regálese sin motivo alguno una botella de André Clouet Un Jour 1911 (aprox. 55 euros). Es de un color amarillo dorado que ya estimula las papilas, con una burbuja muy fina que en nariz es de intensidad alta; aromas de fruta blanca, frutos secos, cítricos y un fondo mineral muy elegante. En boca resulta muy fresco, con gran acidez. Es untuoso, con el carbónico bien integrado; resulta fino y equilibrado y tiene un final largo y mineral que llena la boca. Viene a aportar la experiencia de otros, por lo que le recomiendo que se deje llevar por este consejo y construya usted su propia experiencia. Si le gusta, mándele una nota de agradecimiento a Jean-François Sainz-Clouet, enólogo de esa gran casa.

Ostiones de esteros de Chiclana

Vaya lo uno con lo otro. Hasta hace poco años los ostiones –como las galeras o los erizos– eran considerados platos «de segunda»… ¡pues menuda segunda! Los ostiones no son las especiales Guillardeau, ni falta que les hace. Crudos sobre hielo se pueden acompañar de una salsa de vinagre al vino tinto con chalotas picadas para el que los quiera condimentar así, que gente rara hay siempre. Nosotros las probamos en el Restaurante La Marea, en el Paseo Marítimo de Cádiz con vista a la Playa de la Victoria, y lo recomiendo. Si se dejan caer por allí no dejen de probar el arroz en salsa verde.

Caviar Petrossian

Están próximos San Valentín, el día del Padre, el de la Madre y el de Internet. Antes de que llegue el 14 de Julio y le pillen envuelto en la bandera como una Madeleine, encargue a Petrossian uno de sus cofres y disfrútelo con algún ser querido. Recomiendo vivamente el Le Tête à Tête; por 210 euros puesto en su casa le incluye dos latas de Caviar Ossetra Imperia (30 grs.), dos cucharillas de nácar, dos pequeñas botellitas de vodka y dos vasos para beberlo como Dios manda. Si tiene un mantel apropiado puede aprovechar y montar un picnic en Sol.

De cierre

Llevo años leyendo que la muerte de la corbata está próxima. Al fin y al cabo, el mundo está lleno de catastrofistas apocalípticos a los que no se debe hacer mucho caso mientras existan establecimientos como Cilento o Marinelli. Ambos en Nápoles —y por tanto, universales—, ofrecen corbatas de calidad artesanal indiscutida con un cuerpo y una prestancia que llaman la atención. No debería faltar en ningún armario, al menos, una sette pieghe; ejemplo de origami en seda. Son las cosas que dan verdadero calor a un hogar.

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5 Comentarios

  1. Buenas perlas, pero defectuosamente escritas. Controle las comas y el ácido único.

  2. Este artículo es la cúspide de la Náusea, montaña de sensaciones que he ido escalando por toda la sección de Gastronomía o como habría sido mejor llamarla en plan ensayístico «De cómo-como en la cubierta de mi yate atracado en Marbella y tengo dos Rolex de oro macizo en cada muñeca para deslumbrar a las gaviotas y que no me roben un grano de caviar de mi plato o no tendré fuerza para darle al botón de arrancar el motor». Arf.

    Mi intención no es criticar los artículos o a los autores (que por cierto, felicidades, os habéis puesto las botas), sino al que lleva la batuta de la sección y por tanto los que bailan a su son, proponiendo un catálogo de restaurantes que a ojo andará la media global por los 80€-90€ por cabeza. Que sean casi todos japoneses es otra historia, son gustos, aunque todo el mundo sabe que la especialización aumenta la debilidad, y más en el tema alimenticio.

    Me parece penoso y me asquea que la sección gastronómica rompa con el espíritu abierto que me gusta, noto y supongo que era la idea, de la revista en general, subiéndose a la parra y cerrando la diversidad cultural, dirigiendo el tema a una clase social concreta, «elitizándola». Porque, amigos, tiempos de crisis o de bonanza, estos precios son para unos pocos elegidos. Personas escasas que son lo más parecido a un extraterrestre en lo que a estas costumbres se refiere (Spielberg seguro que es uno de ellos), que ya tienen otras revistas para saciarse de opulencia y que, como es normal, desagradan a la gran mayoría por resultarles asquerosamente ajenos a la realidad general y, por tanto, el mundo que nos rodea a todos. No lo digo solamente por mi opinino manifiesta, por poner un ejemplo, los puntos de vista que recogí a mi alrededor en su momento de lanzamiento y posteriormente sobre la revista Squire. Ellos tienen un público que no creo que, por concepto, sea el vuestro y sin embargo he olido el mismo pegamento de encuadernación mientras paseaba por aquí en lugar de a pescado, tortilla, cremas, carnes o caldos.

    De postre este maravilloso artículo con champagne, ostras y caviar, que no dan ni para una merienda gastando el saliro mínimo interprofesional. Supongo que por eso lo de aparecer en pelotas con una corbata, el presupuesto para vestirse venía después en la lista y, visto está, tampoco se equilibró bien con ese trocito de tela que no me quiero imaginar cuántos menúes de batalla o pares de calcetines de colores nos habría supuesto a unos cuantos.

    Con esto no quiero decir que haya que pasar al otro extremo y comentar únicamente restaurantes de supervivencia. Estaría bien para compensar, sacar en el próximo número una buena lista de sitios para zampar con una cuenta correspondiente a un orden de magnitud menor (dividid por 10) que la que se ha presentado aquí.

    La variedad es la sal de la vida y ya sabemos todos que sin sal se come con el ánimo un poco más decaído por muy sano que resulte. Aplicad la enseñanza a esta sección como lo habéis hecho desde el principio en las demás.

    Pasando ya a la inclinación y al desbarre, diré airado aunque sea por lo bajini «¿y qué se podía esperar si en portada tienen a un tipo que va de modesto pero fríe los huevos con nitrógeno líquido»? Mejor, haced como que esto no lo habéis escuchado.

    Recordad: los libros, la música, los tebeos y el cine se piensan y se disfrutan mejor cuando no se tiene un agujero en el estómago. Un agujero muy rico, pero en definitiva, un agujero.

    P.S: Este comentario está aquí ya que no he encontrado un lugar para hacer comentarios generales sobre secciones, que estaría bien tener; pero proponiendo algo mejor, que para eso estamos, una buena sección de cartas al director daría esperanza y respetabilidad a estas críticas que por ahora se pierden en rincones poco iluminados. Jot that down, please.

  3. Con Gandalf llega el espíritu fresco, libre e indomable de los castigados sin postre. Una docena de ostiones cuesta lo mismo que una hamburguesa en Alfredo’s, por ejemplo y parece que sea un lujo inalcanzable reservado para los elegidos lastrados por dos rolex de oro, y ha supuesto llegar a la cumbre de la nausea, sin esperar al siguiente número y ver como queda la estadística. Si en el próximo aparecen tascas con menú del día a 6’95, elogiosos comentarios al vino con tapón de chapa y una reseña de las mejores camisetas de publicidad de talleres mecánicos espero leer el consuelo de Gandalf.

    • Agarrarse a la excepción para justificar el conjunto sólamente se lo permitiría a discípulos directos de Maquiavelo porque, al menos, lo intentarían realizar con elegancia. Agarrarse a lo que se puede esperar en el futuro para justificar el penoso presente solamente se lo permito a los estudiosos del Doctor Emmett Brown. Tergiversar las palabras de otro y suponer otras que no ha dicho intentando convertirlas en hecho, se lo permito a cualquiera.

      Haz méritos, a ver si te ganas pronto la medalla de cualquiera, cadete.

  4. Me sumo a la tesis de Gandalf. Creo que una publicación tan estimulante como Jot Down debería estar abierta a la critica, no tratar de escurrir el bulto, y tomar nota. O no, que para eso teneis la potestad de elegir lo que publicais

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