Cronografía pirática (I): años treinta

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Curiosidades y casualidades, iniciamos nuestro repaso a la viñetología piratesca desde un mismo año, el 1936, en el que surgen dos historias en un mismo continente y hemisferios distintos, con algunas significativas simetrías y oposiciones patentes. La imagen de sus personajes, descamisados y cinto cruzado al pecho –el ideal visual más viril y romántico del pirata de aventuras— ilustran la moda en ese subgénero de aventuras en el momento.

Si hablo de un autor llamado Willies B. Rensie, probablemente no agitaré muchas campanas en las cabezas de los lectores. Claro que si aclaramos que el nombre es un seudónimo del maestro Will Eisner en sus primeras andanzas en el mundo de la historieta, probablemente atraeremos más la atención hacia estas líneas. Hawks of the Sea (Águila Azul en España) fue uno de los trabajos de Eisner, que tuvo unos primeros ensayos en algún trabajo previo del autor como The Flame y que finalmente continuaría en el título que reseñamos, publicado en el tabloide británico Wags.

Inspirado por autores literarios como Stevenson o Sabatini y formado por los relatos pulp de la época , este joven Eisner muy previo a los desarrollos que haría con su personaje The Spirit o sus posteriores y pioneras novelas gráficas, crea una historia de aventuras, protagonizadas por The Hawk, un personaje con trasfondo rebelde y justiciero, romántico e intimista. Su sentido de la justicia es inamovible, de naturaleza noble e irresistible para las damas. Todos los rasgos del héroe clásico de aventuras. Entre los enemigos de The Hawk, otros piratas con códigos éticos bastante ausentes, esclavistas (el opuesto directo del que lucha por la libertad) y el ocasional gobernador corrupto. Entre sus aliados, toda una tripulación de leales compañeros y una figura tópica en éste y otros relatos de aventuras, el fiel aliado indígena.

El estilo de Eisner, sencillo y claro, ya se decanta aquí hacia el caricaturesco del futuro Spirit. Igualmente, la narración es de un dinamismo notable. El lector no tiene un ápice de respiro y los personajes están en continuo movimiento. Eisner, en el prólogo de una de las reediciones compiladas de este trabajo, confiesa que le hubiera gustado haber dotado a la obra de algo más de documentación realista respecto a la temática naviera y que, en general se nota una cierta impaciencia y falta de madurez.

Por aquellos mismos años, sin cambiar de continente, pero trasladándonos al hemisferio sur, tenemos a un autor un poco más curtido en edad que aquel primer Eisner, narrando una historia del mismo género, que en Argentina sería pionera o “la primera gran historieta argentina”, como declaraban Carlos Trillo y Guillermo Saccomano en un prólogo a la obra posteriormente recopilada. Esta historieta no es otra que Hernán, el Corsario, de José Luis Salinas, publicada en la revista argentina Patoruzú.

La historia corre similar a la de Eisner en algunos aspectos y diferente en otros. Donde Eisner ilustraba a un pirata maduro, Salinas retrata a un joven huérfano audaz y explosivo. Los motivos conductores de Hernán son más personales, arrancando la historia desde un ajuste de cuentas; si bien desde el inicio de la aventura, lo sabemos corriendo en el bando de los héroes. También campan por aquí, en el lado villanesco, los piratas de la peor ralea y apodos temibles, los adinerados corruptos, el compañero indígena  y las bellas damiselas conquistadas por el arrojo del protagonista.

El estilo gráfico de Salinas viene influenciado por el de Harold Foster y su Prince Valiant, pero no se queda ahí. Salinas llena las viñetas, la página. Las escenas están repletas de fondos detallados que adentran aun más al lector en el escenario. Los duelos individuales son ilustrados con su ritmo propio y picaresca individual; cada personajes pelea según su propia habilidad y personalidad. Y las escenas de batallas son enérgicas, atestadas, espectaculares. Las batallas del argentino derrochan acción hasta el punto de prescindir del marco de la viñeta. En muchos sentidos y pese a ser una de sus primeras historietas, también, se le ve un autor más acabado que ese primer Eisner.

Dejamos para la siguiente década el comentario de uno de las grandes tiras de prensa americana, Terry y los Piratas, que iniciaría su andadura de la mano de su creador, Milton Caniff, en el 1934 y continuaría durante muchos años después, hasta el 1973 (si bien Caniff abandonaría la historia en el 1946). Se hace ineludible la visita a una de las mujeres-pirata más emblemáticas del mundo de la historieta.

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2 comentarios

  1. Pingback: Jot Down Cultural Magazine | Cronografía pirática (II) : años cuarenta

  2. juan imaginero

    excelentes reportajes.

    saludos desde el bolsón-Patagonia Argentina-

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