Manuel Jabois: Los pobres

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Lo peor de la crisis es ver los cartelones de los pobres escritos pulcramente, con la ortografía intacta. En la sintaxis de esos cartones se dice más que en los salmones del kiosco, pero históricamente a los pobres en la calle se les da por imposible y no se les lee. Ahora sin embargo se está produciendo una edad de oro del pobre, y en esa prosa seca hay más deudas literarias que económicas. Leo también que a las cajeras del Mercadona las van obligar a maquillarse, y uno piensa que España es eso: decenas de filólogas con los ojos pintados de azul cobrando quesos. No se está hablando mucho de los pobres y su impacto en el paisaje quizás porque en silencio, con mucha discreción, nos estemos haciendo todos un poco pordioseros. Algunos por moda, otros por placer y la mayoría por instinto. Si hay orden es porque el paro aún permite la chiquita. Pero se mire hacia donde se mire hay pobres ya en ejercicio y otros en proyecto, algunos de calado.

Ahora mismo, mientras usted lee esto, su empresa está conspirando para despedirle. Un parado es mucho parado, pero seis millones ya es cachondeo: uno más y pueden manifestarse en Madrid a favor de la familia. Yo llevo los últimos meses haciendo recuento y no va a haber supermercados para todos. Porque no se paga, ya se ha dicho que aquí no se paga y que eso fue una moda de los noventa que tuvo cierta fama, pero ahora cada vez que te ofrecen trabajo uno lo primero que pregunta es cuánto se debe. La crisis lo que está dejando principalmente son pobres de anteayer, señores que agarraron el título como un relevo olímpico y salieron de la facultad a la carrera para ir pillando esquina. Si esto fuese Estados Unidos la recogida de birretes después de tirarlos al aire degeneraría en altercado público. Uno ve a todos esos licenciados en fila, a todos esos muchachos con idiomas y masters salir con un nuevo diploma, aplaudidos por el paraninfo, y piensa en que se les está poniendo cara a algunos de tractoristas y a otros de escritores de cartelones, diseñadores de vestuario de pobres, economistas de Hacendado y funcionarios de los parques públicos, como esos señores de corbata que hacen tiempo yendo de un lado a otro del Retiro para no contar en casa que a finales de mes, si aparece alguna nómina, será que se la han ingresado los patos.

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3 comentarios

  1. casiopeo

    Muy bueno, directo y conciso. La otra cara del artículo de tu compi, Daniel Zamora,

  2. Brazil

    Oiga, Sr. Jabois, los «teóricos del pisito, la «resistance» de el pisito española, protestamos «enérgicamente». ¿Qué dice Usted de carteles de pobres? ¿Qué dice Usted de que «ahora nos damos cuenta»? Señor mío, hace años que los teóricos «shopenhauarianos», por decir algo, que andamos por la red cuando las famosas revalorizaciones adornaban parcelas, chalets, áticos, pisos sobre planos, viajes al Caribe, vacaciones para todos, Audis y Cayennes por la A-6, que éramos pobres de solemnidad, amén de esclavos, y que ya estábamos pasando más hambre que el perro del hortelano. La que viene ahora es de órdago, eso está claro, y confirma el peor escenario. Ojalá, Sr. Jabois, todo quedara en carteles de pobres ilustrados por las calles de España. Ojalá.

  3. Miguel

    Quizá también fue el error creer que todos debíamos ir a la universidad y salir con nuestro máster debajo del brazo.
    Quizá también el error es creer que un cajero es menos necesario que un abogado o un economista.
    Quizá a esa juventud no se le enseño tan bien como debía, quizá le falta ambición si transige con este entorno.

    Lo que tenemos lo guisamos nosotros mismos durante todos estos años de bonanza. Algunos más que otros, pero esto es NUESTRA gran obra pública.

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