José Antonio Montano: Premio para el infractor

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Para entretenerme en estas fechas prenavideñas voy diciendo por ahí que estoy montando un belén antipapal, solo con la mula y el buey, y que no sé aún a cuál pondré en el pesebre. Nadie se inmuta, ni yo pretendo que se inmute nadie. El escándalo ha muerto y las provocaciones son ejercicios de nostalgia. En las meriendas de la burguesía podrían ir perfectamente junto a las pastitas del té. Solo los nacionalistas y los musulmanes más recalcitrantes tienen a bien escandalizarse hoy, lo que les sitúa en un lugar intermedio entre la señorona y el inquisidor. Sí causaría revuelo que me metiese con Mahoma, o que propusiese para Cataluña, por ejemplo, la figura del casteller caganer, repartiendo piramidalmente su manjar… Pero, salvo por ellos —restos decimonónicos y medievales—, el negocio de incordiar se ha puesto imposible. Cuando aparece un presunto incordiador, tipo Risto Mejide (aquí, en Jot Down), no se engañen: no está incordiando, está facturando. Si se fijan, su boca no emite boutades, sino bibelots (¡eso de Julia Otero como prueba de que la inteligencia es sexy!).

El provocador gratuito, de todas formas (y yo he jugado a serlo), solo pretende hacer estallar un petardo. Se trata de llenar la tarde con una explosión inofensiva. Aunque funcionase —aunque la explosión asustara a las viejas—, no dejaría de ser trivial. Y el provocador lo sabe. Puede ser patético, o pesado; pero no tonto. Una figura cercana, pero más grave, sería la del rebelde, la del rebelde con causa. Este no se mueve por estética, sino por ética; no para pasar el rato, sino para pasar la vida. Solo que la rebeldía, como el escándalo, está sujeta a una dialéctica. Del mismo modo que se escandaliza en función del contexto, se es rebelde con respecto a algo: a una norma o a una orden. Y si este algo muda, el carácter de la rebeldía ha de mudar también. No se puede ser estáticamente rebelde. El que pretende que su rebeldía está fijada de una vez por todas, no es más, en último extremo, que un sumiso del pasado.

La concesión del Premio Cervantes a José Manuel Caballero Bonald ha resultado regocijante, en este sentido, por la retórica generada. Desde el punto de vista literario, me parece un premio justo: Caballero Bonald es buen poeta y buen prosista. Pero en los artículos que lo celebraron no se hablaba solo de literatura. Se hacía hincapié en ciertos valores extraliterarios del autor, fomentados por él mismo en sus declaraciones y en el título de alguna de sus obras. Repasando únicamente lo escrito en El País y en El Mundo, nos encontramos con que a Caballero Bonald se le califica de rebelde, infractor, insurrecto, insumiso, heterodoxo, discrepante, disidente, desobediente, insobornable… No está mal para que le terminen otorgando a uno el máximo galardón del Estado y le telefonee, para decírselo, el ministro de Cultura. Ante semejante refutación de toda una vida infractora, al autor no se le pasa por la cabeza que algo ha debido de hacer mal, si infringir era su propósito; o que, después de todo, no era para tanto. Al contrario, insiste: “No sé si yo era el candidato más oportuno para el PP”.

Me ha recordado a un esperpéntico episodio reciente: el de Paco Ibáñez ofreciéndose como “soldado” para la lucha catalanista… sin retirar de su repertorio lo de “cuando la fiesta nacional yo me quedo en la cama igual / que la música militar nunca me supo levantar”. Si Caballero Bonald e Ibáñez no perciben sus contradicciones es porque la lucha que libran no es actual, sino pretérita. En su día se opusieron al poder, y ahí siguen: oponiéndose a aquel poder. Las posteriores encarnaciones efectivas del poder se les escapan, y por lo tanto no las combaten (incluso son cómplices de algunas). En realidad, lo que llevan a cabo no es propiamente una lucha, sino la escenificación de una lucha: una manera de mostrarse, una pose. Y al no ser confesa, como en la del provocador gratuito, resulta tramposa: puesto que presenta como ética lo que en el fondo es una estética. Lo cual, por otra parte, sí que constituye una infracción.


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30 comentarios

  1. Estupendo ensayo sobre la extraña dualidad ética-estética que a tanta gente afecta.

  2. Me ha encantado la reflexión. Joder, ¡qué cierta es!

  3. viruela

    menudos ejemplares trae usted a colación! hombre, la ética-maquillaje en ambos casos, mas que estética, a estas alturas es puritita estática, pobrecicos!

  4. Protactínio

    «rebelde, infractor, insurrecto, insumiso, heterodoxo, discrepante, disidente, desobediente, insobornable…» ¿Qué habría dicho la prensa si el premio hubiese sido para, por ejemplo, Juan Goytisolo? Pues lo mismo. Y, más o menos, con la misma razón. Ninguna. Hace ya mucho tiempo de «Ágata ojo de gato». Y, realmente, lo de presumir de no ser el candidato más oportuno para el PP cuando tú te llevas el premio que da un gobierno ¡del PP! tiene guasita. Creo que ahí, fíjate, le sale el señorito andaluz (¡jerezano!) que siempre ha llevado dentro Caballero Bonald.

  5. Fulgencio Barrado

    Siempre se ha advertido en las personas con imagen pública, del peligro de que el personaje devore a la persona; y es así no solo en ellos sino en todos nosotros. Acabamos sustrayéndonos de la realidad en un patético intento de seguir siendo nosotros mismos, -como si nosotros mismos fuesemos una foto del momento en el nos vimos más guapos-, en lugar de arriesgarnos a ser lo que de verdad somos, -que es un vídeo-.
    Ya lo decía el Gautama: «nunca te bañarás dos veces en el mismo río», y aún así seguimos empeñados en hacerlo.
    Buena reflexión del autor, de un tema universal y eterno.

  6. Liborardura

    Cabllero Bonald es un escritor espléndido, y bien está el premio, pero es verdad que las rebeldías a las que se hace referncia, lo son frente a realidades ya obsoletas. y sí, la verdad es que es y será un señoriot jerezano. Progre, moderno y no casposo, pero señorito jerezano

  7. Liborardura

    Lo de Paco ibáñez no lo sabía. Qué triste es la vejez, de verdad, qué teriblemente difícil es mantenerse digno y enterándose de lo que pasa

  8. Galahat

    Muy interesante el artículo. Estoy contigo en lo de Mejide, al que más bien veo como el típico publicitario con afán de notoriedad. Los provocadores también tienen afán de notoriedad pero suelen invitar a la reflexión (de algo). No es el caso de Mejide, que más bien se dedica a reflexionar sobre sí mismo. Los verdaderos transgresores se cuentan con los dedos de una mano, no viven para los demás, les importa un carajo lo que la gente piense de ellos y, hasta que se mueren y pasan los años, suelen tener muy pocos aduladores y seguidores.

  9. Arkaitz Mendia

    Ser «rebelde» en comunidades donde todo el mundo comparte esa «rebeldía» no es más que ser una especie de reaccionario. Qué grande es Montano. Cumple la definición que hizo Savater de intelectual: el que hace que los demás sean más listos, no el que presume de inteligencia.

  10. Excelente. Habla usted de provocadores y rebeldes a título individual, como Caballero Bonald, Paco Ibáñez y tantos otros. Pero el verdadero problema es que esa actitud que usted define en el artículo constituye también el fundamento básico de todas las organizaciones que pretenden hoy aglutinar a la izquierda. Ahí está como ejemplo extremo Sánchez Gordillo, un diputado “luchando” en la calle contra “el poder “. Lo máximo que alcanzan a criticar los dirigentes del partido al que pertenece es que no comparten sus métodos (que deben entender como una provocación), pero sí comprenden y comparten absolutamente su motivación, es decir, la rebeldía estática a la que usted se refiere. Para ellos, efectivamente, el castrismo o el nacionalismo excluyente nunca han sido el poder, sino el contrapoder, «aquel» contrapoder.

  11. Jeremías

    ¡Fantástico!

  12. goslum

    Estupendo, amigo Montano.

  13. El último párrafo, la ideología como pose. Revelador.

  14. raulrpolo

    Montano, no se me olvide de otros profesionales del escándalo: la iglesia autóctona y sus seguidores más recalcitrantes, ofendidos, por ejemplo, por cómo denomine el Código Civil una institución que existía milenios a.C. Pásese por HazteOír y sitios así, verá qué delgadez cutánea.

  15. Baldomero Montiel Sánchez

    magnífico

  16. conistorsis

    Simplemente el mejor artículo de Montano en Jot Down.

  17. Alejo Urzass

    Todo aplausos Montano, algo habrá hecho usted mal.

  18. Sin duda, amigo Urzass :-) En cualquier caso, gracias a todos!

  19. Me uno a los elogios. ¡Qué bueno que no quiera ser un rebelde y que tampoco quiera epatar! jejeje.
    Creo que era Valle- Inclán el que decía que al final todo escritor terminaba siendo una caraicatura de sí mismo. (O quizás, con más probabilidad, lo dijeran de él por aquello de D. Ramón, el de las barbas de chivo).

  20. Blackkader

    También la caricatura tiene matices.
    Las hay divertidas, las hay espeluznates y las hay que mueven a la compasión o la lastima.
    Quizá la coherencia sea la forma de rebeldía más inquietante para el poder (si es que a la forma que ha tomado el poder en nuestro tiempo le inquieta algo).
    Coherencia la de Javier Marías, rechazando un premio institucional, tal como llevaba decadas haciendo y diciendo que haría. Muchos confunden esto con esnobismo, chuleria, etc… suelen ser los mismos que no reconocen a un chulo cuando lo tienen delante.
    Rebeldía la del mismo Marías, cortés, educado y vestido con corrección en una época que considera tales muestras de consideración cuasi-fascistas.

  21. Paco Ibáñez siempre ha estado a favor de la liberación nacional de Cataluña y de Euskadi. No sé donde ve la incoherencia ni la provocación. Si busca incoherencia la encontrará en el PSOE y en tanta gente de izquierda que antes de Franco defendían la autodeterminación de los pueblos y después se olvidaron. Aquí la única música militar que suena es la española.

    • Blackkader

      Hablando de caricaturas.

    • Protactínio

      ¡Qué hermosura! «La autodeterminación de los pueblos». ¿De qué pueblos? ¿De Ermua? ¿De L’Espluga de Francolí? ¿De Torralba de Calatrava? ¿De Cogeces del Monte? ¿Qué sandez es ésa de «los pueblos»? ¿Sólo son pueblos Cataluña y Euskadi, por ventura? ¿O quizás eso sean naciones? ¿Qué es más, nación o pueblo? ¿Tiene una nación varios pueblos? ¿Un pueblo, por contra, varias naciones? ¿Sólo vale la ecuación «un pueblo, una nación»? ¿Por qué los términos «pueblo» -volk- y «nación» me suenan tanto a romanticismo-idealismo-nacionalsocialismo-fascismo?

  22. «Liberación nacional» es un oxímoron donde los haya. Punto.

  23. (Al igual que «teología de la liberación». Donde pongan nación y religión, no pongan liberación, please.)

  24. joe melli

    a todo este hatajo de revisionistas de la izquierda lo que de verdad les jode es que saben que llegado el muy improbable caso de que hubiera que empuñar las armas para disparar a Paco Ibañez no le temblaría el pulso, mientras a ellos les veríamos escabullirse en un anonimato protector, en una palabra, cobardes.

  25. joe melli

    me falta una coma detrás de disparar.

  26. Blackkader

    Importantilla la coma…

  27. Hombre, Paco Ibáñez lleva ya mucho disparando. Disparando canciones. Porque ese hombre no las canta: las escupe. Debería aprender de Brassens!

  28. Enrique

    Estupendo.
    “No sé si yo era el candidato más oportuno para el PP”. María Goretti y La bien pága todo en uno.

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