
Ah, Estocolmo.
La ciudad de… de… sí, déjenme que lo piense… de… vaya, esto… ¿de ABBA? No sé, no sé; solo uno de los cuatro Zipi y Zapes es nacido allí. ¿De Dolph Lundgren? No creo, este tío es ruso, que lo sé yo, a mí no me engañan. Veamos, podría decir que es la ciudad de Joey Tempest, pero se me eriza el pelo (guiño) solo de pensarlo. Ya sé, es la ciudad de Los hombres que no amaban a las mujeres, donde la malencarada Lisbeth Salander impartía justicia cual remedo emo-punk-gótico-hardcore de Charles Bronson.
Por añadir algo a tan exhaustiva descripción urbana, diré también que Estocolmo es la capital de Suecia, una ciudad que se extiende sobre un sistema de penínsulas y archipiélagos junto al Báltico, poblada por suecas guapas y a la moda y por suecos igualmente guapos y aún más a la moda. En verano hay muchas horas de sol y en invierno muy pocas, con lo que estos suecos y suecas no tienen más remedio que encerrarse en sus casas para engendrar suequitos aún más guapos y posiblemente aún más a la moda, que crecerán perfectamente preparados para mirar por encima del hombro a los habitantes del resto de países escandinavos.
También es la ciudad donde nació Greta Garbo, donde se entregan los Premios Nobel y donde se levantan algunos edificios estupendos como el Ayuntamiento (Ragnarg Östberg, 1923), estandarte del Romanticismo nacional sueco —muy estandarte y muy nacional, con ese pedazo de Tre Kronor dorado en lo alto de la torre—, la sede del periódico Dagens Nyheters (Paul Hedqvist, 1964), o el Museo de Arte Moderno ((Rafael Moneo, 1998; SDL, 2004).
Ah, y Estocolmo es la ciudad donde se conocieron Erik Gunnar Asplund y Sigurd Lewerentz.

A bocajarro para los lectores que no lo conozcan: Asplund fue el padre de la arquitectura moderna escandinava. Y como padre, tuvo sus hijos: Alvar Aalto lo consideró su mentor, Arne Jacobsen le reinterpretó, Jørn Utzon quiso ser como él y Sigurd Lewerentz, que fue su mejor amigo, acabo enfrentado con él.
Construyó un puñado de edificios en Suecia, como la ampliación del Ayuntamiento de Gotemburgo; o en la propia Estocolmo, como la Biblioteca Pública, ya mencionada en esta revista.
También construyó, junto a Lewerentz, un edificio que no es un edificio en una parte de Estocolmo que ya no es Estocolmo. En 1994, la UNESCO lo declaró Patrimonio de la Humanidad, aunque no está en muchas guías turísticas. Se trata de Skogskyrkogården, el Cementerio del Bosque, y es uno de los lugares más especiales que existen en Europa; yo lo tengo muy claro.
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Hermoso artículo, más aún para los amantes de la arquitectura.
Muchas gracias :)
También está aquel suburbio de Estocolmo donde se desarrolla esa estupenda película que es «Déjame entrar», creo que era Blackeberg. Arquitectura vampírica de extrarradio neoliberal, que también lo hay…
Su estupenda descripción, me ha ido conduciendo a un estado de paulatina languidez en el que hacia el final, ya casi apetece morirse y permanecer para siempre entre esas columnas rodeadas de mágicos caminos de grava e imponentes árboles centenarios. ¡Bravo!
Supongo que está feo decir que era mi intención conducirles por ese recorrido emocional, pero lo cierto es que lo era.
Me siento halagado, pues.
Un saludo.
Gran artículo, aunque eché en falta profundizar en la icónica cruz situada entre las capillas y la Colina de la Meditación, conocida por muchos de nosotros por el grupo sueco de metal Entombed en cuyo disco Left Hand Path aparece en la contraportada con los miembros de la banda, convirtiéndose en lugar de peregrinaje obligado para los que somos amantes de este género musical. Es, junto a las tumbas de Greta Garbo y Pelle Lindbergh, retazos imperecederos de la cultura popular sueca como son el cine, el deporte y la música, que le confieren a Skogskyrkogården una aura y una mística especial.
Tuve la suerte de poder visitar este cementerio hace pocos años, y es una experiencia increíble, independientemente de que uno sea o no arquitecto.
El denso bosque, el silencio absoluto en todo el cementerio, la nieve en invierno…hay que ser de piedra para no caer en cierta trascendencia al visitar Skogskyrkogården.
Os adjunto el enlace a una de las muchas fotos que hice en mi visita: http://flic.kr/p/7QgT5r
Vaya. Estupenda fotografía. Lírica y contenida.
Que bien descrito, es un lugar en el que hay que estar para aprender lo que es materializar la serenidad en una intervención tan delicada como es un cementerio.
Otra obra de Lewerentz que pone los pelos de punta es la pequeña tienda de flores del cementerio de Malmö. Una joya.
Ese pequeño edificio de Malmö tiene unas cuantas cosas formidables, pero hay una que a mí me encanta que es el sistema de fijación del vidrio. No en vano, Lewerentz pasó parte de ese hiato de 10 años que se tomó del mundo de la arquitectura fabricando carpinterías.
Aquí hay un par de fotos de lo que hablo:
http://farm1.static.flickr.com/57/158523084_67b1f06f6d.jpg
http://farm3.static.flickr.com/2740/4094944927_598c2d6ee6.jpg
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Grandiosa obra, nos deja ver la perfecta armonía entre arquitectura y naturaleza. La unión de cada detalle, la sutilidad con que se enlazan los espacios, los espacios en fusión con la majestuosidad de los paisajes, parecieran articular un camino de preparación, más que a una separación, el paso hacia una eternidad. Qué hermosas huellas van dejando los arquitectos responsables, ojalá nuestras ciudades tuvieran que depender menos de constructoras de cajas en serie y fueran más respetuosas de la naturaleza. Artículo muy interesante y la descripción tan bella y minuciosa que me hace querer poner a Estocolmo en la lista de ciudades que debo conocer. Saludos.
Estimado Sr. Torrijos,
gracias a usted (no se si se lo he comentado en alguna ocasión) he aprendido a venerar más el cementerio del bosque. Su artículo ha hecho que me pase dos meses de Erasmus dando por culo (con perdón) con ir a visitarlo, a ver si el paseo que nos ha hecho es realmente cierto.
Ahora que mis amigos se han cansado de escucharme decir que si no vamos lloraré a lágrima viva (a veces este artículo ha servido como argumento incluso), de que por fin tenemos los billetes (el hostal se hace de rogar), y he aprendido a decir de memoria Skogskyrkogarden (recuerdo la risilla floja la primera vez que se lo escuché pronunciar a un profesor)…
¿Para cuando un artículo sobre Estocolmo?
Le aprecia (y a veces hasta le admira),
Cric.
Recuerda que se pronuncia /skochikogúura/
Un abrazo y me alegro de veras de que puedas realizar ese viaje.
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Sencillamente genial el artículo.
Precioso. Hace dos días tuve la oportunidad de andar por este cementerio y es realmente lo que descríbes. Increíble. Genial artículo.
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