Deportes

René Petit, el futbolista de la N-1

René Petit

Mi abuelo materno supo muy pronto que su nieto primogénito le había salido del Athletic Club. Quizá por eso y dado que era eibarrés, que suponía no ser ni guipuzcoano ni vizcaíno del todo, nunca me reveló sus colores. Hacía como que pasaba por realista de cuando en vez, si bien tengo para mí que era tan rojiblanco como yo. Sea como fuere, los 22 años que coincidimos solo le pude sacar dos afirmaciones balompédicas. La primera, y debido a sus estudios en Inglaterra en los años 20, que era del Derby County. La última, que de poco valía cualquier cosa que fuera capaz de presenciar en un campo de fútbol porque no había tenido la fortuna de poder ver jugar a René Petit.

René Petit. Recuerdo habérselo oído teniendo yo siete años y habiendo cumplido la mayoría de edad. A ver, que mis abuelos a comienzos de los 40 se fueron de viaje de novios a La Coruña y estuvieron viendo jugar al Athletic de Zarra y Gainza… Pues no, René Petit.

René Petit de Ory nació prácticamente de manera casual en la francesa localidad de Dax. Hijo de un ingeniero francés y una madrileña, se crió en Guipúzcoa lindando con el país vecino. Cuando entraba en la adolescencia, su familia puso rumbo a Madrid y así su hermano Jean y él comenzaron a practicar el foot-ball a modo de hobby. Sería en el renombrado colegio madrileño de El Pilar, que acogió en sus aulas a los jóvenes Petit. En su patio, René empezó a destacar como ariete y así a sus 14 años ya consiguió debutar con el primer equipo del Madrid FC. René y Jean, su hermano mayor, eran merengues a todos los efectos aquella temporada de 1914/15.

El que un lustro después recibiría la distinción de Real, y que acabaría siendo considerado el mejor club de fútbol del siglo XX, había dominado la Copa de España durante la última mitad de la primera década del siglo, pero cuando ingresan los Petit en sus filas era el Athletic Club quien mandaba en la competición nacional. De hecho, en la segunda temporada de René, los madrileños se enfrentan a los bilbaínos de Pichichi en la finalísima copera en la que caen por un abultado 4-0 con tres goles de Félix Zubizarreta. En la final de Barcelona, René es alineado en el centro del campo. Jean juega de interior zurdo. El 9 es para un joven de 20 años que tiene mucha facilidad para perforar la meta contraria: Santiago Bernabéu.

René pierde su primera final a los 16 pero su ya destacado juego permite que su equipo repita cita la siguiente temporada. En esta ocasión el rival es el Arenas de Guecho. Madrileños y vizcaínos empatan a cero en los 90 minutos del encuentro y se disputa una prórroga de 20 minutos más, divididos en dos partes, en la que tampoco hay goles. El agotamiento y, sobre todo, la falta de luz hace que ambos equipos se citen dos días después para resolver la Copa del Rey de 1917 en el mismo campo de la Ciudad Condal. A los 15 minutos de comenzado el partido del 15 de mayo, Manuel Suárez adelanta a los areneros en el marcador y así se mantiene el tanteo hasta el 75 en el que entre una maraña de jugadores rivales, René Petit —esta vez como 9— logra colar un chutazo raso lejos del alcance de Jáuregui —quien minutos antes había sido capaz de atajarle un dudoso penalti al donostiarra Machimbarrena—. El tanto de Petit servía para que las tablas llevaran la contienda a otra prórroga de 20 minutos que no sirvió para dilucidar el vencedor. Hubo de jugarse otra más de la misma duración para que el madridista Ricardo Álvarez deshiciera el empate y la Copa pudiera viajar a la capital nueve años después de la conseguida en 1908. La felicidad de René Petit era parcial. Su hermano Jean había sido llamado a filas por Francia para luchar en la Primera Guerra Mundial escasos días antes de la disputa del título. Para colmo de males, ese mismo año caería gravemente herido en el frente quedando inútil para la práctica deportiva. El interior izquierdo del Madrid FC había quedado huérfano tras la marcha de Jean a la guerra hasta el punto de que Arthur Johnson, el coach madridista, había utilizado dos interiores izquierdos distintos en ambos encuentros de la final: Luis Saura y Fernando Muguiro. Único cambio blanco entre un partido y otro.

Tras esas dos exitosas campañas del jovencísimo René en el Madrid —con 13 goles en 29 partidos—, decidió aceptar una oferta del Real Unión de Irún, potente club de su tierra que dos años antes se había formado como consecuencia de la fusión del Racing Club de Irún y el Irún Sporting Club —enemigos acérrimos hasta entonces—. La muerte de Jean y la llamada del equipo de su pueblo hacen que Petit vea con buenos ojos volver a casa, si bien tiene que asistir semanalmente en moto a la Facultad de Ingeniería de Caminos en Madrid donde se acababa de matricular. En Irún le esperaban futbolistas de la talla de Juanito Legarreta o Patricio Arabolaza.

Quiso el destino que el Real Unión alcanzara la final de la Copa del Rey de ese 1918 y que su adversario no fuera otro que el Madrid FC que tan bien conocía René. El partido se disputa en el madrileño estadio de O’Donnell y a pesar de las numerosas jugadas polémicas que discuten los locales, los iruneses dominan el choque con una sobresaliente actuación de René Petit y los dos únicos tantos de su compañero Legarreta. Petit gana su segundo trofeo consecutivo defendiendo dos camisolas distintas. Es un centrocampista que marca la diferencia por su visión de juego, su fortaleza y, sobre todo, por su técnica.

Al poco de terminar la temporada, Francia le llama a filas pero se libra de tener que ir al frente por su juventud. Aun así, ha de realizar el servicio militar más allá de los Pirineos. Como para entonces su fama de ilustre pelotero ya había llegado al otro lado de la frontera, no le cuesta ningún esfuerzo escoger un equipo para seguir así practicando su deporte preferido. El Stade Bordelais, relativamente cercano al Irún de su niñez, le permite crecer aún más como futbolista y seguir enamorando con su juego a quienes tienen la fortuna de verle sobre un terreno de juego.

Su talento es reconocido y en plena mili es convocado para disputar los JJ. OO. de Amberes de 1920 con la tricolor. Disputa dos partidos, con victoria por 3-1 ante Italia y derrota ante Checoslovaquia por 4-1 en semifinales. El seleccionador francés no es otro que el del bombín más ilustre de nuestro fútbol: Mister Pentland.

Al terminar el servicio militar regresa a España y vuelve a enfundarse la zamarra del Real Unión. En 1922 vuelve a disputar una final de Copa, esta vez frente al FC Barcelona tras imponerse al Real Madrid en semifinales con actuaciones destacadas de Petit y el veterano Arabolaza. Pese a todo lo que ha vivido hasta entonces, René solo cuenta con 22 años. El encuentro final cae del lado culé de los Zamora, Samitier y Alcántara por 5-1 pese a la brava oposición de los fronterizos.

Dos años más tarde, los iruneses vuelven a la final… y la ganan. Retirados Patricio Arabolaza y Román Emery, la capitanía pasa a Petit y el recién licenciado como ingeniero y sus muchachos se imponen por 1-0 en 1924 al Real Madrid en el donostiarra estadio de Atotxa. De entre la savia nueva con la que cuenta el Real Unión cabe destacar a Antonio Pajarito Emery, guardameta del equipo y abuelo paterno del hoy entrenador Unai Emery. Con Pajarito, Gamborena y Echeveste —autor del gol de la final— entre otros, conseguía René Petit alzarse con la Copa que hacía el número tres de su carrera. Ese mismo año Francia vuelve a llamar a Petit para disputar los Juegos del 24 de París pero este rehúsa porque es advertido por la Federación española de que si se viste de tricolor tendría que estar dos años sin poder alinearse en la competiciones domésticas.

Tres años más tarde, en 1927, los fronterizos vuelven a tener el honor de jugarse todo a una carta en pos de la Copa. El rival no es otro que el histórico Arenas de Guecho. Una década después vuelven a encontrarse en la misma tesitura Jáuregui, el meta arenero y Petit —si bien en esta ocasión defendiendo el pabellón irunés—. René juega de ariete magníficamente secundado por un ilustre del balompié nacional, Luis Regueiro. El partido acaba con el resultado inicial y se disputa una prórroga de 30 minutos. A falta de tres para el final, es otra vez el extremo Echeveste el que resuelve el choque. René Petit alza la Copa de campeón en Zaragoza. Es su cuarto trofeo en seis finales disputadas. Petit aún cuenta con tan solo 27 años pero su leyenda crece cada año, más si cabe por seguir triunfando en un club totalmente amateur en un fútbol español donde la profesionalización es cada vez mayor.

La temporada 1928/29 reúne a diez clubes en torno a la primera Liga que se disputa en España y el Real Unión de René Petit es uno de los equipos que conforman la Primera División. Los clubes se refuerzan sobremanera y el Real Unión comienza a sentir todavía más la inferioridad económica respecto a los adversarios. Petit y Regueiro consiguen evitar la última posición, que es la que marca el descenso a Segunda, y un año después los iruneses logran la mejor clasificación de su historia al hacerse con el sexto puesto. La campaña 30/31 finalizan séptimos siendo esta la última de Luis Regueiro en el club pues ficha por el Madrid FC que, al igual que el Unión Club de Irún, pierde su condición de Real con la llegada de la República. La 31/32, sin Regueiro y sin Garmendia, entre otros, no son capaces de seguir compitiendo de igual a igual con el resto de clubes y los guipuzcoanos bajan a Segunda. Tras una temporada en la división de plata, René Petit decide colgar los borceguíes a sus 33 años. Su equipo no volvería a recuperar la máxima categoría nunca más.

René Petit falleció a los 90 tras una carrera dedicada a la ingeniería. Entre sus obras destaca la del pantano de Yesa, localidad navarra en la que tiene una calle en su honor. Marcó 10 goles en sus 48 partidos disputados en las cuatro temporadas que estuvo en Primera División, aunque para entonces ya había demostrado el pedazo de futbolista que era ganando numerosos torneos provinciales, regionales y las citadas anteriormente cuatro Copas del Rey. Fue posiblemente el primer jugador total del fútbol español. Valía para manejar el centro del campo, para fijar a la defensa desde el centro de la delantera, para dar en bandeja el último pase, golear o para soportar las embestidas de las cada vez más talentosas líneas de los adversarios. Todo lo hacía bien y todo lo hizo gratis. Por amor al fútbol. Nunca recibió una moneda a cambio. Ni siquiera para pagar los recorridos Madrid-Irún-Madrid que por la N-1 realizaba en moto todos los fines de semana para vestirse de blanco con el Real Unión de su corazón. Por algo me lo nombraba tanto mi abuelo con aquella mirada melancólica que solo hoy puedo entender.

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5 Comentarios

  1. Me encantan estas historias. :)

  2. Jabi Ariño

    Yo también había oído hablar de Petit a mis mayores pero no sabía que hubiera sido tan importante en los inicios del fútbol. Gracias al autor.

  3. Oxímoron

    Muy bueno el tema, y me ha surgido una curiosidad. Es poco probable pero… ahí va.

    Yo empecé en el colegio de El Pilar 80 años después de que por allí pasase Rene Petit. Petit de Ory, según dicen aquí. El caso es que yo tuve un profesor que se llamaba Álvaro de Ory, y tampoco creo que haya tantos de Ory por el mundo. Sería curioso que tuviesen alguna relación.

  4. Qué grande Petit, valga el chiste facil!
    Tengo entendido que jamás quiso jugar por dinero y que se desentendió del fútbol profesional que comenzaba a fraguarse cuando él colgaba las botas y ya nunca lo siguió con mucho interés.
    En Irún, camino de Hondarribia, todavía puede verse una Villa Petit, supongo que propiedad de sus herederos. Es curioso y triste que el gran René no tenga una calle más principal en la villa fronteriza. De hecho él hizo bastante más por Irún que Colón que es el nombre de la principal arteria irundarra.
    Aupa Unión!

  5. Magnífico artículo.
    Supe de René Petit por una enciclopedia del Real Madrid. Aparte de narrar brevemente su paso por el Madrid, en ella Pablo Hernandez Coronado, el primer director deportivo en el fútbol español (introdujo los números en las camisetas en España), muy mayor ya, decía que Petit fue el mejor y más completo futbolista que había visto en su vida, incluído Di Stefano.
    Qué gran historia y qué bien contada. Un recuerdo para aquellos «sportman» de principios del siglo XX. Y también para el abuelo del autor.

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