Guillermo Ortiz: La última dejadez del Barcelona de Frank Rijkaard

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El problema con Rijkaard era que nunca había problemas con Rijkaard, que parecía sobrevolar las ruedas de prensa y los banquillos con un aire «zen», de barrio rojo de Ámsterdam, ante todo, mucha calma. Es el tipo de personaje que en España crea dudas inmediatamente porque aquí nos gustan los entrenadores que mandan, gritan, aprietan puños, dejan declaraciones incendiarias y machacan a sus jugadores en público cada vez que pueden. España es un país con fascinación por el matonismo laboral en casi todas las esferas y quien no lo practica es sospechoso, un hombre «manejable».

Puede que Rijkaard fuera un hombre manejable. Se ha hablado mucho al respecto. Lo que es cierto es que cogió al Barcelona en la nada y lo dejó de vuelta a la nada, así que en ese sentido también fue tremendamente educado. Para ponernos en lo que era el Barcelona en 2003, hay que recordar que las opciones electorales eran Joan Laporta y Lluis Bassat… y que todo el mundo estaba convencido de que iba a ganar Bassat, entre otras cosas porque probablemente ya debió de haber ganado en 2000, cuando Gaspart y Florentino decidieron aguantar lo de Figo hasta justo después de las elecciones para que al eterno delfín no le corrieran a gorrazos en vez de nombrarle presidente.

Laporta traía a Begiristáin y a Frank Rijkaard. Aquello no sonaba demasiado apasionante. Bassat confiaba en un jugador aún no retirado, Pep Guardiola, como director técnico y, presumiblemente, este confiaría en Juanma Lillo como entrenador, extremo que nunca se pudo confirmar porque un día Laporta dijo que iba a traer a Beckham, otro día dijo que iba a traer a Ronaldinho, y Bassat, apocado, con esa cara de no querer molestar que le acompañó hasta ese maravilloso reality llamado El aprendiz, calló y calló hasta que consiguió perder las elecciones.

Así pues, Rijkaard tomó el mando y a su alrededor encontró una plantilla desvencijada, tras cuatro años sin ganar un solo título, noches en Castelldefells y dudas constantes sobre los canteranos, que por entonces estaban muy mal vistos en Can Barça, precisamente porque lo que se echa de menos en la derrota es la velocidad, el camino rápido, el fichaje que solucione todo en dos meses: así, Kubala, Cruyff, Maradona, Ronaldo, Romario, Rivaldo… y ahora Ronaldinho, que llegó a Barcelona con el dedo pulgar y el meñique estirados y una sonrisa enorme y se fue con una barriga importante que intentaba disimular metiendo tripa cuando se quitaba la camiseta tras los partidos.

Ronaldinho, que tardó dos partidos de liga en dejar muestra de que era un jugador sensacional y el Barcelona, que tardó tres meses en demostrar que seguía siendo un desastre de equipo. Como Laporta siempre ha sido un romántico, siguió confiando en aquel hombre de las rastas aunque le cayeran los goles de cinco en cinco en Málaga mientras Rossell cerraba acuerdos con Scolari y con todo brasileño que se cruzara en su camino. Eran los tiempos de Rochemback y Thiago Motta y la desesperación constante en el Camp Nou, pero, a la vez, sin saberlo, eran los tiempos de la verdadera revolución del barcelonismo: la de la paciencia.

He dicho antes que el Barcelona ha sido siempre un club impaciente. Todos los grandes lo son, desde luego, pero el Barcelona aprendió de repente a confiar, a dar tiempo. Las piezas empezaron a encajar: en 2005, Rijkaard ganó su primera liga; en 2006, ya con Messi establecido en el equipo, la liga y la Champions. Ronaldinho viajaba a Francia a recoger Balones de Oro, Márquez se convertía en un icono de la moda y Eto’o «trabajaba como un negro para cobrar como un blanco». De repente, aquel equipo lánguido se había convertido en un equipo con mala leche. Es muy complicado ganar sin mala leche. Mucho más complicado es ganar sin jugar un pimiento al fútbol, de acuerdo, pero lo de la mala leche no lo infravaloren. El equipo se movía entre la magia de Ronaldinho —vean vídeos de aquellos dos años y compárenlos con los de los mejores de la historia, no saldrá perdiendo— y la rabia de Eto´o comiéndose a cada defensa y marchándose del campo cada vez que le recordaban su color de piel.

¿Qué hacía Rijkaard mientras? Parecía que nada. A lo mejor era lo necesario: no hacer nada y esperar a que todo encajara, no volverse loco.

Sin embargo, es imposible ganar dos ligas y una Champions y jugar como los ángeles sin que el entrenador no haga nada. Yo creo que es imposible y algún caso habrá pero este no lo parece, porque para que los jugadores se entrenen solos tiene que haber al menos una estructura sólida, unas ideas claras, unos automatismos… y no parece que ni Serra Ferrer ni Carlos Rexach ni el segundo Van Gaal hubieran hecho algo parecido. Como mucho, Antic hizo al equipo competitivo, y eso tuvo su mérito, pero competitivo de una manera completamente alejada del 4-3-3, extremos que se abren y luego tiran diagonales, defensa adelantada y presión constante.

Algo tendría que hacer, pues, Frank Rijkaard para tener éxito y sin duda una parte de su trabajo tenía que ver con su mentalidad de exjugador. No solo de exjugador, sino de excampeón con el Milan y con el Ajax en su último año como futbolista. Aquel hombre lo había visto todo y no se asombraba ante ningún vestuario, como mucho, si alguien llegaba un poco pasado de tuerca, pues masaje y reposo y ya iríamos viendo.

El trauma de Mónaco 2006

La decadencia asomó en Mónaco, en la Supercopa de 2006. El Barcelona se había pasado de bote a transatlántico y amagó con convertirse en el abusón del patio sondeando el fichaje de Thierry Henry ese verano, cosa que hubo que prolongar un año más. Campeón de Liga, Champions y Supercopa de España, afrontó el encuentro contra el campeón de la UEFA, a la sazón el Sevilla de Juande Ramos, Dani Alves, Adriano Correia y el eterno Kanouté, con la concentración propia de una sardina. Aquello acabó 3-0 y pudo ser peor.

Ahí, la paciencia empezó a ser un arma de doble filo, porque se convirtió en un anticipo del «al loro, que no estamos tan mal». Y es que el equipo estaba mal. Estaba muy mal, de hecho, y se palpaba cada día. Líder en liga ante un Real Madrid que naufragaba con Capello, todas las señales se esquivaron ante la propaganda. El Mundialito de clubes se escapó de manera sorprendente, el Getafe remontó un 5-2 en semifinales de Copa, el Liverpool de Rafa Benítez ganó 1-2 en el Camp Nou y acabó con el sueño de repetir título europeo.

Sorprende en perspectiva la tranquilidad con la que se afrontó todo esto, la confianza en la «mano invisible» del método. La decadencia del Barcelona fue la decadencia de Ronaldinho, por supuesto, pero también fueron las lesiones de Messi, la dejadez de Márquez y Deco, el evidente mal momento de forma o de falta de confianza de Xavi, la intermitencia en las alineaciones de Iniesta… y una defensa que rozaba el chiste: Valdés, en su peor año, el muy innecesario Oleguer, un veterano Thuram, y Zambrotta, que tras asombrar en el Mundial de 2006, se había quedado en nada. Juntos, con la ayuda de un centro del campo abúlico, y la sensación de que estaba todo hecho, facilitaron a Tamudo el gol por el que injustamente se ha hecho famoso, el que le quitó la liga en el Camp Nou al Barcelona en el minuto 90 mientras Van Nistelrooy se la daba en Zaragoza al Real Madrid.

Fue un trago duro, pero acogido con cierta displicencia: «Ha sido mala suerte». En dos años, la superioridad moral del hincha y el jugador culé se había disparado hasta unos extremos que Rijkaard, desde luego, no supo controlar. Uno no pierde cuatro títulos en un año por mala suerte, los pierde por falta de concentración, por lagunas en la plantilla, por jugadores acomodados. La tarea de un técnico es la reconstrucción de ese equipo y el rescate de unos ciertos valores comunes. Muchos consideraban que después de cuatro años el ciclo de Rijkaard estaba acabado. Puede que él también lo pensara, pero por no molestar… El caso es que el Barça optó por una solución intermedia en términos históricos: mantuvo la paciencia, al entrenador y a casi toda la plantilla… pero por si acaso fichó a una gran estrella, al probablemente mejor delantero de la pasada década, el francés Thierry Henry, para así crear los llamados «cuatro fantásticos» junto a Eto´o, Ronaldinho y Messi.

El Barcelona se había convertido en un equipo «galáctico»… y así le fue.

De la tripa de Ronaldinho al pasillo en el Bernabéu

Eto´o se lesionó de la rodilla en septiembre y Messi tuvo tres lesiones musculares casi consecutivas desde el inicio del curso, la más grave de ellas —¿les suena?— una rotura en el bíceps femoral. Deco desapareció de escena, enfrentado abiertamente con el entrenador, Henry se vio sobrepasado por la situación y la competencia de chavales como Giovanni dos Santos o Bojan Krkic… y todo el debate en Barcelona se centró en si Ronaldinho tenía tripa o no.

Lo de Ronaldinho fue una lástima: por supuesto, llevaba cuatro años saliendo de marcha sin que nadie dijera nada. Cuando marcas veinte goles por año y ganas todo, nadie dice nada… y cuando nadie dice nada, tienes la sensación de que puedes hacerlo siempre y va a dar igual. No dio igual: el brasileño cogió peso y perdió fuerza y ganas. Pasó de ser el mejor del mundo a ser un jugador vulgar, lo mismo que le pasó al Barcelona en liga, donde no solo fue mucho peor que el Real Madrid de Schuster sino que tampoco pudo seguir el ritmo del Villarreal de Pellegrini.

El club se convirtió, inopinadamente, en un escándalo constante. La grada se enfadó con el presidente, que salvó un voto de censura por una cuestión puramente reglamentaria: perdió la votación pero no por lo suficiente como para tener que dimitir. Los jugadores y el entrenador enfriaron sus relaciones. La prensa la tomó con Xavi e Iniesta y empezó a glorificar a Touré Yayá, otro de los fichajes de ese año. La estrella del equipo no fue Ronaldinho, ni Eto’o ni Henry ni Messi… fue Bojan. Sí, Bojan. Con diecisiete años empezó a batir récords de precocidad y todo el mundo vio en él algo así como el Raúl barcelonista, llegando incluso a ser convocado para la Eurocopa de aquel verano antes de que un ataque de ansiedad frustrara todos sus planes.

Rijkaard se echó a un lado. Quizá no fuera lo más valiente pero no sé qué otra cosa podía hacer. La plantilla estaba dividida en grupos casi irreconciliables, las faltas de disciplina eran constantes y el presidente se desgañitaba clamando contra conspiraciones. A nadie le importaba el fútbol y cuando el fútbol no le importa al entorno tampoco suele importar a los futbolistas, demasiado expuestos a tentaciones. Rijkaard se apoyó en los jóvenes y se hizo a la idea de que su futuro estaba en cualquier otro lado: Bojan acabó con diez goles, solo dos menos que Henry, y Gio jugó treinta y un partidos, incluyendo un hat-trick en el último partido, ante el Murcia, tras el cual decidió que era demasiado bueno para jugar en un equipo en ruina y sus desencuentros con la directiva provocaron un traspaso inmediato cinco años después del cual sigue dando tumbos de equipo en equipo.

El 30 de abril de 2008, Paul Scholes dejaba al equipo sin el sueño de una segunda final de Champions. Cómo había llegado hasta semifinales ya era un pequeño milagro, pero una vez allí, nunca se sabe. Cristiano Ronaldo falló un penalti y el Barcelona llegó vivo a Old Trafford, pero el equipo ya estaba muerto. A Rijkaard le preguntaron si pensaba seguir el año que viene. Dijo que sí, aguantándose la risa. Sí, claro, otro año más soportando a Deco, soportando a Ronaldinho y sus sesiones de masaje, soportando a Eto´o y su insatisfacción constante… Una semana después, el Barcelona fue a Madrid a hacerle el paseíllo al campeón. Fue una humillación necesaria. La humillación que cambió la historia del club, probablemente. Para completar el desastre, el Barcelona perdió 4-1 arrasado por los blancos y un arbitraje deparado habitualmente a los equipos pequeños, exactamente lo que era aquel equipo.

Un día después, Laporta anunció que Rijkaard no seguiría en el banquillo.

La última crueldad en el Camp Nou

El holandés aún podría haberse despedido con cierto orgullo, cierta dignidad, del Camp Nou. Su último partido le enfrentaba al Mallorca. Ahí estaban Deco, Henry, Eto´o y Messi, aunque el portugués solo aguantó la primera mitad. No estaba Ronaldinho ni se le esperaba, perdido en alguna lesión muscular. En el medio del campo no estaban ni Busquets ni Xavi ni Iniesta sino los rocosos Touré y Edmilson. Zambrotta decía adiós al equipo, como lo decían Thuram, Deco, Oleguer y Ezquerro. Pinto le quitó la titularidad a Valdés para la ocasión, ya sin nada en juego. Todos los jugadores vistieron una camiseta en apoyo de Gaby Milito, lesionado de gravedad días antes.

La primera parte la sacó adelante el Barcelona con cierta brillantez. Bojan entró en el minuto 45 y Giovanni en el 62, poco después del gol de Eto´o, un 2-0 que dejaba el partido sentenciado entre abrazos tímidos, gestos de despedida a la grada y una cara de muy pocos amigos del camerunés. Entonces sucedió lo mismo que contra el Espanyol, el Sevilla, el Internacional de Porto Alegre… el equipo empezó a mostrarse errático, apático, víctima de una dejadez intolerable. En el Camp Nou sonó el run-run de las grandes pañoladas cuando Borja Valero marcó el 2-1 para el Mallorca, seguido inmediatamente del empate de Webó. Quedaban veinte minutos y fueron un infierno absurdo, innecesario. Ni una muestra de gratitud al hombre que se despedía del banquillo. Ni un último baile, una última entrega.

No. El Barcelona sesteó y el Mallorca, que se jugaba entrar en la UEFA —aunque no lo conseguiría, lo consiguió el Racing de Santander y ya me dirán si los tiempos cambian rápidamente o no— se vino arriba con todo. La gente ya no sacaba pañuelos, sacaba sábanas y Rijkaard miraba todo aquello con una nostalgia enorme, la mirada de los mil metros, y en el minuto 92 ya de partido, después de un córner mal rematado por Touré, el esperpento final: Edmilson coceaba sin sentido a Castro, recibía la segunda amarilla y pocos segundos después, pasado ya incluso el tiempo añadido, cuando parecía que el Mallorca se conformaba con el empate, un balón colgado al área se convertía en una oportunidad clara para Güiza, el Güiza de 2008, el campeón de la Eurocopa, que batía a Pinto para el 2-3 y provocaba las mayores protestas en el Camp Nou desde los tiempos de Gaspart. Laporta, sin saber cómo reaccionar, incapaz siquiera de erguirse en el palco; Rijkaard con ese gesto suyo de lamento, dando una vuelta sobre sí mismo, pensando: «Esto también pasará», como pasaron los años malos del Milan, como pasó el retiro en el Ajax, como pasó aquella primera temporada en Barcelona, cuando los periódicos le anunciaban un sustituto cada día.

En el fondo era un alivio. No tener que volver a pasar por todo esto era un alivio. Mejor Turquía y sus exigencias limitadas que un club con las ruedas hacia arriba. Para hacer una revolución hacía falta un revolucionario y él ya no tenía fuerzas para algo así. Alguien habría que se encargara de la tarea.

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20 comentarios

  1. Muy buen análisis, si señor. Que pena que la apatía de Ronaldinho y la poco vigilancia que se le tenía en el club acabaran con una carrera que podría haber sido legendaria. Nos quedan sus goles y su magia, pero podía haber dado mucho más.

  2. Camilo Sexto

    Enhorabuena por el artículo. Muy bien escrito. Me hubiera gustado se que valorase más lo que hicieron rivales como el Sevilla o el Espanyol. Golear a un equipo que tiene a Ronaldinho, Deco, Eto’o, Valdés, Xavi, Iniesta, Messi, Puyol, etc., no se puede resumir solo en que éstos no jugaron concentrados.

    El vestuario esos años tuvo que dar para mucha literatura. Rijkaard acabaría hasta los mismísimos de todo el mundo. Incluso se le ve una sonrisilla cuando el Mallorca mete el tercero.

    Para los antibarcelonistas y antimadridistas, siempre es un placer ver a esos equipos en ese estado, tanto en la era Rijkaard/2ª Van Gaal, como con los «galácticos».

  3. Creo que en el texto hay un error, no estaba Busquets porque estaba en Segunda B (creo) con Guardiola.

    Que pena el final del aquel equipo, sobretodo el declive de Ronaldinho.

    • Hola. No es un error. Creo que el autor lo que trata de hacer es una comparativa entre el mediocampo actual (Busi, Xavi e Iniesta) con el de aquella época (Touré y Edmilson). Un saludo.

  4. razmig

    muy bueno el artículo, solamente tres apuntes:

    1) a Rochemback, y también a un Geovanni, los fichó Gaspart con el dinero que le había dejado el Madrid por Figo. cuando el «entrenador» era Serra Ferrer.

    2) el ataque de ansiedad privó a Jesús Navas de jugar en la selección, lo de Bojan, supuestamente, fueron unas cuantas asignaturas suspensas (y nosotros nos lo creemos).

    3) el fichaje que acabó por despertar al Barça no fue Deco ni Ronaldinho… fue Davids. mientras el holandés no llegó, el Barça de Rijkaard daba penita. una vez se hubo ido, nadie le echó de menos.

    yo a Rijkaard aún le quiero muchísimo más que a Guardiola.

    • granjefeindio

      Davids compitió a un gran nivel en aquel rush final de la 2003-2004 pero lo mejor fue la llegada de Eto’o, Giuly y Deco, que hizo al equipo mucho más fuerte para afrontar lo que vino.

      Lástima de aquel gol de Terry con falta de Carvalho en Stamford Bridge…

    • Lo de Bojan también fue un ataque de ansiedad. Lo de las asignaturas es la primera vez que lo oigo. No digo que esa no fuera una de las versiones, pero la «oficial» fue la de la ansiedad.

  5. granjefeindio

    Como siempre da gusto leer a Guillermo.

    La historia de Ronaldinho es bastante trágica, un jugador que aguantó 2 años y medio a gran nivel (desde 2003-2004 hasta 2005-2006, aquellas semifinales vs Milan fueron su canto de cisne, como se vio en el ridículo del Mundial) y que se echó a perder por su entorno y su mala cabeza.

    Por cierto, da algo de cosita ver la velocidad a la que se movía Messi en aquel 2007-2008, preludio de lo que fueron las tres primeras temporadas de Guardiola. ¿Volveremos a verle así?

  6. El año 2004, de enero a diciembre, fue la clave del Barça de Rijkaard y la genesis del de Guardiola. Las bases de su juego y la forja de los más míticos jugadores de su historia moderna se crearon durante esos 12 meses. A poco que el holandés entendio que necesitaba robustez y calidad en el centro del campo, se le encendió la bombilla sobre la cabeza que acabó salvando al Barça y de paso al futbol español en su conjunto: «Xavi no es Guardiola». Efectivamente, tras innumerables experimentos entre los cuales llegó a probar con una pareja de mediocentros formada por Xavi y un imberbe Iniesta (comiendose una lamentable goleada por parte del Racing), decidió probar lo siguiente: Cocu y el recien fichado Davis recuperando balones, pongo a Xavi un poco por delante de ellos para que mande pases a los delanteros y a ver que tal… Pues lo siguiente fueron 10 victorias seguidas, adelantando al Madrid en la segunda plaza y a pocos puntos del campeón, algo surrealista al acabar la primera vuelta. Xavi fue la clave de ese rush final, no Davids como se suele decir, y el tarugo de Iñaki Saez no supo aprovechar su estado de gracia en la Euro 2004, fiandolo todo a la pareja de matracas Albelda-Baraja. Tras ese subcampeonato, se ficha rematadamente bien: el mejor jugador del campeón de Europa (Deco) y el mejor del subcampeón (Giuly), dos buenos laterales como Belleti y Silvinho, el perro rabioso Eto´o, el perfecto suplente que era Larsson y un buen fajador como Edmilson. Ya fuera Sandro Rosell, Laporta o algún otro, quien diseñara esta estrategia de fichajes fue un lince, todos salieron buenos, y Rijkaard supo encajar las nuevas piezas desde el primer partido de liga.

    • Hombre, Xavi fue la clave gracias a que el fichaje de Davids equilibro aquel centro del campo, por eso siempre se señala al recien llegado. Y si, inconcebible que no fuese indiscutible en esa Eurocopa, cuando fue el mejor jugador español del año junto con Valeron, que tambien chupo banquillo en Portugal.

      Y los fichajes, yo siempre pense que fueron merito de Begiristain, aunque Edmilson nunca me convencio.

      Disculpas por la falta de acentos, teclado extranjero.

      • Lo de España en aquella Eurocopa da para otro artículo. Xavi y Valerón chupando banquillo y Raúl Bravo de titular… Así nos fue, claro.

  7. Homeric

    Hay que decir que Rijkaard fue el iniciador del después llamado «tikitaka». Tácticamente, tanto Guardiola como Aragonés beben de él. Pasa que era una abuela con los jugadores!

    Y no olvidar la aportación de una leyenda como Edgar Davids.

  8. Víctor

    No le quitaría tanto merito a Rijkaard porque durante sus buenos años en el Barça, me pareció un entrenador que rozaba el excelente, como ejemplo los cambios que hizo en la final de la Champions en París o algun que otro partido mágico perdido en la memoria. Pero el corazón y la alma de esa equipo era Ronaldinho, todo el mundo lo sabe, claro que, cuando el equipo ganaba y jugaba bien no me quiero ni imaginar como debia ser ese vestuario con el holandes, Ronnie, Deco y Eto’o, vamos que ni una gira de los Rolling..

    Los excesos llevan a la decadencia, y esta fue una decadencia gris y triste, pero no hay que olvidar que este equipo saco al Barça del pozo más profundo de su historia y que abrió las puertas de par en par para que Guardiola viniera y cambiara la historia del futbol.

  9. Wes C. Addle

    Magnífico artículo, siempre un placer leer sobre los héroes trágicos del deporte rey.

    Lo mejor, eso de: «eterno Kanouté».

    A ver para cuando un artículo sobre el mejor jugador de uno de los mejores equipos de la historia al que le robaron la liga en 2007. Infravalorado como pocos. Honor al Henry de los pobres.

  10. Fantástico artículo. Muy completo, aunque creo que le falta algo que, a mi juicio, resultó absolutamente decisivo: la marcha de Ten Cate. Si bien es cierto que Frank era «blandito», su segundo de abordo era la mano de hierro que no permitía «relajos». Fue irse Ten Cate y comenzar la autocomplacencia.

  11. Rekeseke

    Pedazo de articulo. Me ha entando. Mi enhorabuena.

  12. Enric Godes

    Eto’o: ‘Correré como un negro para cobrar lo que un blanco’

  13. señor paquito

    minuto 8:57 pancartitas: el barca no es ikea y mourinho al barca, en 2007?¿¿

  14. Jeremías

    A Frank se le recordará por los «petas» que se apretaba en el banquillo. «You’ll never smoke alone»

  15. Todos los meritos que se le dan a Guardiola,ya los puso antes en practica Frank Rijkaard en Can Barça.

    A la gente se le olvida que lo de presionar arriba,ya se hacia con el holandés(véase Eto’o),fue el y no Guardiola el que lo impuso en un equipo que siempre había jugado al toque,pero que nunca había defendido bien.
    Por cierto,he leído por arriba algo que es falso,el «tiki-taka» el que lo incorporo fue Cruyff,y ya con Van Gaal se jugaba asi,primero de forma espectacular en el Ajax que domino en Europa alla por el 94,95.

    Frank Rijkaard siempre me parecio un gran entrenador,incomprensiblemente infravalorado.Con Holanda merecio ganar la Eurocopa que al final se llevo Francia,tuvieron un dia horrible en semifinales contra Italia donde fallaron no se cuantos penaltis.
    Ya en el Barcelona comenzó a ganar cuando le dejaron imponer sus ideas,fichar a Davis,Ronaldinho a la banda.Y además del tiki-taka,que los delanteros defendiesen y los defensas(véase Gio) atacasen.Algo que aprendio de Arrigo Sachi cuando jugaba en el Milan,y al que le llamaba de vez en cuando para pedirle consejos.Asi que el Barça nunca había presionado hasta que llego Frank.Hasta Victor Fernández iba a ver los entrenos,admiradores tenia hasta en los técnicos rivales,el Zaragoza en este caso.

    Otro merito que se cuelga a Guardiola,y que es de Frank,es el de la cantera.¿Quien subio a Messi,Bojan,Iniesta,Oleguer y otros cuantos?
    El Barça de Pep no es mas que una copia del Barça de Rijkaard,pero con mas mano dura,el único defecto del holandés.

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