Pablo Laso, o cómo el Real Madrid salió del anonimato y la mediocridad

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Pablo Laso. Foto: Corbis.
Pablo Laso. Foto: Corbis.

Arvydas Sabonis dejó el Real Madrid en 1995 y lo dejó, además, como campeón de Europa. El objetivo por fin se cumplía después de quince años de decepciones y para ello hubo que juntar al —probablemente— mejor jugador europeo de la historia con el mejor entrenador contemporáneo, Zeljko Obradovic. Atrás quedaban años traumáticos para el Real Madrid de baloncesto, temporadas en las que tuvo que acostumbrarse a perder, algo insólito en sus primeros cincuenta años de historia, y lidiar además con la tragedia: primero la muerte de Fernando Martín en 1989, luego la de Ignacio Pinedo en 1991, la de Petrovic en la distancia, en 1993, y por último, poco después de firmar con el propio Obradovic en 1994, el fulminante cáncer que acabaría con Mariano Jaquotot, llamado a ser el heredero de Saporta al frente de la sección.

Aquel equipo que ganó al Olympiakos en Zaragoza no era deslumbrante. Sí, estaban Sabonis y Arlauckas, pero el resto eran jugadores bajo sospecha para los medios como Antúnez o Cargol, en franca retirada como Antonio Martín o Biriukov, y secundarios como Lasa, Santos, García Coll, Martín Ferrer… que probablemente no habrían tenido sitio en ninguna gran plantilla europea pero que sabían exactamente lo que tenían que hacer y cuándo hacerlo.

El precio a pagar era un juego poco espectacular, tanto que Pedro Ferrándiz, al hacerse cargo de la sección ese mismo año, afeó el título por la manera de conseguirlo y barajó incluso el cese del entrenador.

Desde entonces, veinte años ya, el Madrid ha pasado por muchas cosas pero sobre todo ha pasado por muchas crisis. Por el club, además de Obradovic, que aguantaría hasta 1997, han desfilado entrenadores como Bozidar Maljkovic, Ettore Messina o Sergio Scariolo y jugadores como el propio Joe Arlauckas, Dejan Bodiroga, Alberto Herreros, Sasha Djordjevic, Louis Bullock, Raül López antes de su lesión de rodilla, Charles Smith, Ante Tomic… Todos ellos fracasaron de una manera o de otra. Por ponerlo en cifras: desde ese mágico 1995 hasta 2011, el Madrid ganó tres ligas, una Recopa y una Copa ULEB. Durante diecinueve años no fue capaz de levantar ni una sola vez la Copa del Rey.

Incapaz de luchar contra los grandes presupuestos europeos, los Kinder, Teamsystem, Olympiakos, Panathinaikos, Efes Pilsen o Maccabi de turno, el Madrid no solo vio cómo el Barcelona se disparaba en el duelo local sino que se las deseó para mantener su estatus ante el Caja Laboral, el Unicaja o el Joventut de los años dorados de Rudy y Ricky. ¿Qué pasó entonces para que un equipo perdedor, en continua crisis, con quince o veinte jugadores por año y aforos medio vacíos volviera a convertirse en un candidato a todo? Muy sencillo, llegó Pablo Laso.

Del páramo de Messina empiezan a salir brotes verdes

Volvamos a junio de 2011, cuando se anuncia su fichaje. El Madrid acaba de disputar su primera Final Four en dieciséis años pero ha sido apalizado sin matices por el Maccabi. Del «superequipo» que había confeccionado Messina con todo el dinero del mundo queda una plantilla cabreada y dispersa a las órdenes del interino Molin. Felipe Reyes tiene un pie en la calle, igual que Sergio Rodríguez, con un acuerdo ya casi cerrado con el Unicaja. Ambos han sido ninguneados por el tándem italiano e incluso atacados públicamente en la prensa por su rendimiento deportivo… y extradeportivo.

Por lo demás, es una plantilla excelente y muestra de ello es que el décimo, undécimo y duodécimo jugador de la rotación son Nikola Mirotic, Mirza Begic y Sergi Vidal. Insuficiente en cualquier caso para derrotar al Bilbao Basket en semifinales de la ACB.

Ese es el Madrid al que llega Laso: un equipo en el que el talento está bajo sospecha —el base titular es el solvente Pablo Prigioni ya superada la treintena— y la moral, por los suelos. Los duelos con el Barcelona son una tortura: derrotas con diferencias por encima de los veinte o incluso de los treinta puntos, un complejo que parece imposible de revertir y que lastra toda posibilidad de pensar en el futuro porque el Barcelona, tarde o temprano, acaba cruzándose en todas las competiciones. Sin dinero para revoluciones y con el convencimiento de que los buenos ya están en el club, Pablo Laso hace una apuesta insólita: decide dejarlo todo más o menos como está.

Se puede decir que el entrenador vitoriano tiene poco que perder, pero eso no quiere decir nada: Joan Plaza tenía poco que perder y de hecho ganó bastante pero se acabó peleando con toda la prensa y parte del público, Javier Imbroda tenía poco que perder y no metió al equipo siquiera en play-offs… Fichar a un entrenador español y sin apenas experiencia parece un suicidio que asumen entre Juan Carlos Sánchez y Alberto Herreros. La prensa afila los cuchillos y aún más cuando no llega ningún fichaje «ilusionante», ningún Papadopoulos que luego dure diez partidos, ningún Tanoka Beard que deslumbre solo contra los candidatos al descenso.

Laso toma pocas decisiones pero claves: de entrada, el equipo va a jugar bien al baloncesto. Eso parece fácil pero no lo es y menos bajo tanta presión y tantos complejos. Para ello, es imprescindible recuperar al «Chacho» Rodríguez, desahuciado a sus veinticinco años después de una agridulce experiencia en la NBA y un primer año en Madrid con pocas oportunidades, y jugársela con Sergi Llull, un jugador algo alocado y al que los entrenadores suelen colocar de escolta por miedo a que los partidos se descontrolen si él dirige el juego.

El tiempo cambiará esa percepción, pero la idea, en 2011, es casi suicida: Llull y Rodríguez de bases cuando lo que triunfa en el continente es el Ricky-Sada de turno.

El juego exterior lo completará con dos anotadores —Carroll, proveniente del Gran Canaria, y Kyle Singler, un universitario— y dos defensores —Pocius, suplente de la selección lituana y Carlos Suárez, otro tipo bajo el foco de la duda constante—. Por dentro, responsabilidad total para Mirotic, bien complementado por dos torres como Begic y Tomic y un luchador como Felipe Reyes, cuyos galones son reinstaurados de inmediato. Velickovic está, pero no rinde.

Con ese equipo, un buen equipo pero por el que nadie habría apostado un duro al inicio de la temporada, no mejor al menos que muchas plantillas anteriores, Laso gana la Copa por primera vez en diecinueve años y la gana en el Sant Jordi, ante el Barcelona, y con comodidad. Rompe el gafe de las semifinales y se queda a un triple de Marcelinho Huertas desde el medio del campo de ganar la liga y conseguir el tercer doblete del Madrid en casi treinta años. No solo eso, sino que el equipo juega de maravilla, llena el campo e ilusiona como pocos. La reacción de los críticos no se hace esperar: «Son blandos, en Europa se los comen, así no se puede competir al baloncesto».

Laso, sin embargo, dobla la apuesta.

Tocado por Spanoulis…

Su segundo año presenta algunas novedades importantes: Tremell Darden viene para complementar al estancado Carlos Suárez y Dontaye Draper aparece como base defensor para momentos puntuales, normalmente al inicio del tercer cuarto. No son dos estrellas, sino complementos, pero la cosa funciona. Ante Tomic se va al Barcelona y a cambio llegan Marcus Slaughter, del descendido Valladolid, y Rafa Hettsheimeir, una torre que ha rendido bien en el CAI de Zaragoza.

Coincidirán conmigo en que no estamos hablando de un equipo de ensueño salvo por la incorporación de Rudy Fernández. Rudy es un excelente jugador, durante años dominador de la posición de alero en el ámbito de selecciones cuando ni siquiera es un alero sino un escolta. Ahora bien, el Rudy Fernández que llega a Madrid en 2012, tras cuatro años casi perdidos en la NBA, es un Rudy muy tocado físicamente, con serios problemas de hombro y de espalda y con la moral dañada de tanto McMillan obligándole a colocarse en una esquina a tirar triples como si no supiera hacer otra cosa.

El equipo pinta bien pero su rendimiento vuelve a superar la expectativa: pese a caer en cuartos de final de la copa después de dos prórrogas, el Real Madrid gana la liga en cinco partidos frente al Barcelona y vuelve a derrotar al club catalán en las semifinales de la Final Four para clasificarse para su primera final de Euroliga en dieciocho años… la segunda en veintiocho. A mucha gente le parece lo normal, pero dos años atrás aquello hubiera sido un milagro y la plantilla, ya hemos visto, no ha cambiado tanto, más allá de los saltos de gigante que pega Mirotic casi cada mes y el citado fichaje de Rudy.

En la final espera el Olympiakos, que tampoco es un equipo con grandes nombres al margen de Spanoulis, junto a Navarro el gran escolta europeo del siglo XXI. La prensa y los aficionados se ven campeones de Europa y mucho más cuando el primer cuarto termina con una diferencia a favor de diecisiete puntos (10-27). El problema es que Olympiakos no es una banda sino el vigente campeón de Europa, coronado además en circunstancias parecidas, es decir, remontando una desventaja de veinte puntos a ese equipazo descomunal que era el CSKA de Moscú. El mismo CSKA al que han derrotado en semifinales apenas dos días antes cuando todos daban campeones a los rusos.

Al igual que el Madrid, el Olympiakos es un equipo con más complementos que estrellas: Acy Law, Pero Antic, Kostas Papanikolau, Josh Powell… todos ellos han sido o serán jugadores NBA con roles limitados. Shermadini, Sloukas, Printezis, Perperoglou… son jugadores de prestigio en Europa y por encima de ellos Hines y Spanoulis, especialmente el segundo, quedan como los encargados de ir reduciendo punto a punto la diferencia madridista, dejarla casi en nada al descanso y acometer el sorpasso iniciado el tercer cuarto para no abandonar ya jamás la iniciativa, anotando noventa puntos en tres cuartos, una cifra inaceptable.

La derrota es dura, pero llevadera: queda mucho camino por recorrer y la dirección parece la correcta. Por supuesto, los críticos insisten en el «sí, pero no ganan», obviando que el Madrid ya llevaba muchísimos años sin ganar, con entrenadores de perfil alto y bajo, grandes estrellas y humildes fajadores… pero lo que nunca había hecho desde casi los primeros ochenta era jugar tan bien a este deporte.

… Hundido por Tyrece Rice

El principio de la temporada 2013/14 supone la culminación de un proyecto y de una histeria colectiva: hasta bien entrado enero, el Madrid no pierde ni un partido y lo hace en cancha del todopoderoso CSKA. Por el camino quedan más de treinta victorias en partidos oficiales, una Copa del Rey agónica con canasta de Llull en el último segundo y la discusión absurda de si el equipo podría no solo jugar sino competir de tú a tú en la NBA.

Se crea la ilusión de que es una plantilla impresionante tan solo porque juega impresionantemente bien. Si se mira jugador a jugador, tenemos un poco lo de los años anteriores: dos estrellas marcadas, como Rudy y Mirotic, uno en ligero declive, el otro a punto de explotar, y una larguísima retahíla de grandes jugadores como Rodríguez, Llull, Draper, Darden, Slaughter, Reyes, Díez o Carroll, que parecen estrellas precisamente por la confianza ciega que el entrenador les concede.

Llegan además dos fichajes interesantes: Ioannis Bouroussis, lejos quizá de su mejor momento, pero aún muy válido en defensa y rebote, con su clásico tiro de lejos a pies parados, y Salah Mejri, un intimidador tunecino que dispondrá de pocos pero espectaculares minutos. Es una muy buena plantilla pero, analizando cada jugador, no está por encima de las de CSKA, Fenerbahce, Barcelona o el propio Olympiakos. Sin embargo, queda el baloncesto por encima de todo, y esa plantilla con sus limitaciones enamora a todos los aficionados, los propios y los ajenos. Ver el partido del Madrid se convierte en una cita obligada del fin de semana porque sabes que lo vas a disfrutar. El Palacio se llena cada jornada, el socio madridista se siente por primera vez en mucho tiempo observado, orgulloso de su equipo, referencia del baloncesto europeo…

Y así sigue la temporada, imperial, hasta que la relación entre Mirotic y Laso se mustia, sin que se sepa bien por qué, y Rudy vuelve a sus problemas con las articulaciones y la espalda. Todo ello no impide al Madrid vengarse de Olympiakos en cinco duros partidos y clasificarse de nuevo para la Final Four. Allí espera el Barcelona de Xavi Pascual. Lo lógico es que el partido sea tenso e igualado hasta el final, como en Málaga. Es lo lógico, digo, porque el Barcelona tiene un equipazo: Huertas, Navarro, Papanikolau, Tomic, Lorbek, Nachbar… más los prometedores Abrines, Hezonja o Todorovic y los curtidos Pullen, Dorsey, Oleson o Sada. Como ven, no falta de nada.

El partido es una masacre. Histórico. La mayor diferencia en veintiséis años de Final Fours: al descanso la ventaja es de solo ocho puntos pero acaba en treinta y ocho (62-100) con veintiún puntos de Sergio Rodríguez y diecinueve de Niko Mirotic. El Madrid está a un paso de cumplir el sueño de los últimos veinte años y enfrente no tiene al CSKA, que ha vuelto a perder por sorpresa en semifinales, sino al Maccabi de David Blatt, un Maccabi correoso, ordenado, lleno de jugadores atléticos y rápidos que apenas dicen nada al aficionado de medio pelo más allá del enorme Schortsianitis. La novena ya está aquí, piensa todo el mundo. Como si las finales no hubiera que jugarlas.

Y la historia se repite. Los triples entran uno tras otro, el Madrid domina el rebote y las primeras ventajas rondan los diez puntos, invitando a la celebración. Enfrente, ya digo, nombres poco conocidos para el aficionado medio, casi todos de apellido americano: Devin Smith, Ricky Hickman, Alex Tyus… Con quien nadie cuenta es con Tyrese Rice, un base de altibajos que sale desde el banquillo y deja claro desde el principio que no se va a rendir. En general, lo que distingue al Maccabi del Madrid en ese partido es que los israelíes no tienen miedo y llevan su plan hasta las últimas consecuencias. El Madrid no puede decir lo mismo: Mirotic está ausente, igual que Llull, y Rudy Fernández anda demasiado descentrado por sus molestias en un dedo que limitan su rendimiento.

Aparte, el Maccabi tiene a David Blatt en el banquillo. Blatt no es Laso. Blatt no aguantaría ni diez partidos en el Real Madrid, con la afición y los jugadores clamando contra su férrea disciplina, pero es el entrenador ideal para equipos medios que se convierten en grandes a poco que se aprovechen sus cualidades. Blatt ya lo demostró en Rusia, ganando un Eurobasket a la mismísima selección española y en su propia casa y, por si hay dudas, acabará entrenando a los Cleveland Cavaliers de LeBron James, Kyrie Irving y Kevin Love.

Sergio Rodríguez lo intenta todo pero no basta. El Madrid fuerza una prórroga que ya parece un regalo pero en ese tiempo suplementario se viene completamente abajo (98-86). Dos finales europeas consecutivas disputadas y 198 puntos encajados entre ambas.

La prensa hace sangre. Laso es un perdedor. Laso no sabe leer los partidos. Laso tiene los días contados… Mirotic tampoco se corta un pelo: anuncia su marcha a la NBA, desaparece de facto de los play-offs de la liga, que acaba en manos del Barcelona, y en su despedida pública agradece a todos y cada uno de sus compañeros y técnicos el tiempo pasado juntos dejando aparte a Pablo, un gesto francamente feo. En los tiempos muertos se palpa la falta de conexión entre jugadores y entrenador, que habla y habla mientras nadie parece escucharle.

La temporada para Laso acaba en silla de ruedas, expulsado tras una técnica descalificante en el Palau Blaugrana. A los pocos días, se anuncia la no renovación del contrato de sus ayudantes. Sus sustitutos los elegirá el club. Todos coinciden en que el vitoriano es un muerto viviente.

La última resurrección de Pablo Laso

Y sin embargo, pese a la baja de Mirotic, pese a los problemas físicos de Rudy, pese al bajón evidente de Sergio Rodríguez tras la decepción de su paso por la selección en la Copa del Mundo, el Madrid de Laso se reinventa. ¿Falta competitividad? Pues ahí están Nocioni, Maciulis y Ayón, tres tíos a los que los partidos no hay que ganárselos, hay que arrancárselos con los dientes. No son brillantes, no enamoran con su juego, nadie fantasea con verlos en un Dream Team que llegue incluso a la NBA… pero si vas a ir a la guerra, mejor que cuentes con ellos.

El primer torneo de la temporada —o el último de la pretemporada, como prefieran— acaba con victoria contundente ante el Barcelona. Al juego interior de los de Pascual —Tomic, Doellman, Nachbar, Lampe y Pleiss—, el Madrid opone a Felipe Reyes como gran referencia, a sus casi treinta y cinco años, y su colección de guerreros. Los guerreros triunfan. Durante los primeros partidos de liga, las dudas y la zozobra se mantienen. Primero la crítica era que no ganaban; luego, que no ganaban todo, ahora parece ser que ganar no vale, además hay que ofrecer un show constante.

Llega la Copa del Rey un año más y el Madrid va poco a poco: un tirón contra el CAI de Zaragoza le vale en cuartos, un arreón en el tercer cuarto contra el Joventut le mete en la final… y en la final, compite. Compite como no lo hace el Barcelona y acaba ganando con más comodidad que el año anterior. La tercera Copa del Rey en cuatro años, a sumar a la liga de 2013 y las dos finales europeas. Para darle más valor a este dato, hay que tener en cuenta un detalle sobre el rival: en los últimos dos años y medio, el Barcelona solo ha perdido por eliminación directa contra el Madrid. Tres Supercopas —torneos muy menores— pero también una liga, tres copas y dos Final Fours. Nadie más le ha metido mano al equipo de Pascual precisamente porque es un equipazo.

De repente, Laso está vivo. O eso parece, porque hay a quien todo esto le parece normal. Lo mínimo, vaya. Coges un club arrasado, con un montón de jugadores desmotivados, lleno de complejos, que lleva veinte años sin pisar una mísera final de Euroliga y lo conviertes en la referencia del baloncesto FIBA, compitiendo con todos y compitiendo bien aunque a veces pierdas. Porque en el baloncesto se pierde y el Madrid se había acostumbrado a perder mucho. Los cuatro títulos oficiales de Laso —no cuento pachangas veraniegas— lo convierten en el tercer entrenador más laureado de la historia del Real Madrid detrás de Lolo Sainz y Pedro Ferrándiz.

Queda todavía media temporada por delante, con dos títulos, los más importantes, en juego, incluida una Final Four en casa donde Laso probablemente se juegue los cuartos. Los resultados podrán ser buenos o malos, pero el trabajo de cuatro años está ahí: el Madrid venía de donde venía y está donde está. Con una gran plantilla, por supuesto, como siempre, o como casi siempre. El Madrid siempre ha tenido los jugadores, el dinero y el talento. Lo que ha faltado es alguien que lo gestionara y apostara por él y no lo echara por la ventana tras la primera temporada de nerviosismo.

Ese hombre ha sido Laso. Y por encima de Laso, por supuesto, Alberto Herreros. Puedo entender la frustración del aficionado que se vio dos veces campeón de Europa y acabó lamentando subcampeonatos. Recuerden cuando, casi con la misma plantilla, el rival era el Bilbao Basket y el límite eterno los cuartos de final o el Top 16. Las palizas contra el Barça partido sí y partido también.

Como dice Frank Underwood en House of Cards para transformar un «no» en un «sí» hay que pasar por el «quizás». Lo aconsejable es no ponerse histérico mientras dure la espera.

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30 comentarios

  1. Los que hemos seguido al Madrid de baloncesto desde hace años no olvidamos la larga e interminable travesía por el desierto y agradecemos lo que Laso está dando a la sección. El resto, como dicen por ahí, no son más que piperos.

    • Ernesto

      Los que hemos vividos a Digbeus, Alstons, Zideks, Kambalas, etc, etc, sabemos apreciar lo que tenemos.

      Los que hemos sufrido a Imbroda con sus fichajes y la derrota en Lleida en el último partido de la regular que nos hizo no clasificarnos para los play-offs, tenemos que ponerle una estatua a Laso……

      De todos modos, no nos olvidemos de los Gladiadores de Boza ni la temporada de estreno de Plaza.

      • Kambala era un grande, madre mía… Con Plaza hubo, si no recuerdo mal, un par de años buenos que se lograron un par de ligas y la ULEB (y otra perdida). El año del doblete estuvo mal el equipo, pero luego, por lo que fuera, se volvieron a descarriar… ¡Qué añitos!

      • Y la liga contra el TAU… Ocho puntos en el último minuto, remontan y ganan la liga. No voy a olvidarlo jamás.

  2. Carlos

    Que Laso ha traído ilusión y gran juego al Madrid de basket después de mucho tiempo, sí. Que ha dispuesto en los últimos años de la mejor plantilla de Europa (con bastante diferencia), también. Y no ganar la Euroliga con esa plantilla y la manera cómo las perdió no tiene nombre.

    • jose antonio

      Completamente de acuerdo con el artículo, pero siempre están los insatisfechos de turno, que a todo le ponen pegas. Seguro que si hubiesen ganado al Macabbi por la mínima, pondrían pegas porque había que haber ganado de paliza. Esto es deporte y la suerte influye, unas veces a favor y otras en contra. Yo como aficionado del Madrid de muchos años, estoy esperando que lleguen los partidos, para disfrutarlos y alguno sufrirlo, pero así es la vida, simplemete recuerdo que hace años solo era sufrirlo.

    • ¿¿La mejor plantilla de Europa con bastante diferencia?? El CSKA te manda saludos. No ha tenido la mejor plantilla, al menos por nombres, ninguna temporada. Lo que sí ha tenido es una plantilla muy bien montada en torno a una idea de juego definida. Pero ni la más cara (ni de lejos) ni la de nombres más llamativos.

  3. iñaki

    Tiene buenos articulos señor Ortiz buenisimos, pero desde el respeto y la educacion creo que este esta desaforado. A veces se quiere caer en derrotismos basandonos demasiado en las cifras, y esto se traduce en que usted llama fracaso en no ganar una copa de europa o al menos no hacer un papel decente en una final four. Hubo años de una inestabilidad sin igual, desde scariolo hasta dar con Boza, y los años de Messina fueron convulsos, pero el Madrid de Scariolo gano una liga en campo visitante y quinto partido;Boza contruyo un equipo basado en la fuerza y en un basket control que no precisaba del constante overcoaching del baloncesto actual( Boza muy pocas veces utilizaba pizarra) al majestuoso primer año de Joan Plaza( me hubiera gustado ver a ese equipo en euroliga y no en la copa uleb) y aunque a base de puño de hierro, sentar las bases de una mentalidad ganadora de la que el Madrid ya no se ha bajado, que es lo que se puede sacar de Messina(aunque cierto es que el barcelona lo arrasaba). De ahi hasta llegar a la belleza del juego que proporciona Laso. Se dramatiza para vender portadas y dar habladurias, el Madrid es tema de controversia haga lo que haga, y eso lo relfleja perfecto en el segundo parrafo, ultimas lineas en «la ultima resurreccion de pablo Laso»

    • La diferencia entre Laso y todos los entrenadores que citas es que respeta a los jugadores y les hace jugar de una forma natural. No hay experimentos de Messina(Velikovic de 3), no hay locuras de Scariolo (despedir a Herreros a mitad de temporada) y Plaza que pasó de un baloncesto atractivo y divertido a otro rácano y aburrido, seguramente por falta de pasta. Con Pablo Laso se vuelve a un baloncesto que hace que la gente disfrute viéndolo, que los jugadores disfruten jugándolo y que se ganen títulos e incluso algunas finales, ese baloncesto no lo recuerdo yo en el Madrid ni con el Sabonis de Luyk.

      • «Mentalidad ganadora (aunque luego el Barcelona le arrasara)». No entiendo yo ese concepto.
        Es curioso ese concepto de cierto madridismo de que ganar es lo mínimo y no necesita explicación, mientras que perder es inaceptable siempre y de cualquier forma. Laso estará siempre en entredicho, hasta que se vaya y la distancia nos dé objetividad para ver a quien ha sido el mejor entrador del Madrid en 20 años (entendiendo «mejor entrenador» como el que consigue sacar lo mejor de sus jugadores de forma sostenida en el tiempo). El cambio de este equipo desde Navidades hasta aquí es increíble, por poner un ejemplo de este año.

  4. @GautierDurant

    Cuando ha dicho que lo que pasó para volver a ser un equipo ganador fue la llegada de Pablo laso he dejado de leer, por lo menos di también que llegó Rudy.

  5. Va seré el primero en decirlo, el juego tiratiples y corre, corre que no te pillen del Madrid de Laso aburre a las ovejas

  6. Carlitos

    Para salir del anonimato y la mediocridad falta que sea capaz de ganar la Euroliga, no quiero restar mérito al trabajo de Laso, pero las dos finales demostraron que en partidos trabados y a vida o muerte se bloquea, no encuentra soluciones. Están en camino, pero aún no han salido.

  7. juanlu

    Por qué no dice nada de la primera temporada de Laso en al Euroliga?

    • ¿Y de las temporadas anteriores?

      • joselu

        En la temporada 2010/2011 el Madrid llegó a la final 4,en la 2009/2010 a cuartos, en la 2008/2009 a cuartos,es decir,el Madrid llevaba 3 años seguidos pasando del top16 y los anteriores entrenadores tenían peor plantilla que Laso. Dices que Laso es el mejor entrenador del Madrid de los últimos 20 años como si las plantillas que manejaron los anteriores entrenadores fueran igual de buenas que las que ha manejado Laso,comparar la trayectoria de 2 entrenadores que han entrenado con plantillas distintas en épocas distintas no es tan fácil como decir «este es mejor porque ganó más»

  8. Bernardo

    No se estará siendo tan injusto con Laso cuando está cumpliendo su cuarta temporada en un banquillo tan volátil como el del Madrid. Y sí, se llegó a dos finales de Euroliga y hay que valorarlo, pero se perdieron ambas ante dos plantillas inferiores. Especialmente doloroso fue lo del Maccabi, un equipo del que el Madrid ya había dado buena cuenta esa misma temporada. Y la responsabilidad de Laso está ahí.

    Creo que se ha acertado con los fichajes (el Madrid necesitaba gladiadores con oficio que no se arrugaran en los momentos decisivos) pero si se fracasa en la Euroliga, siendo Madrid la sede, el ciclo de Laso se habrá acabado irremisiblemente. El Madrid tiene demasiadas urgencias históricas y su plantilla esta entre las tres mejores de Europa (hablo de plantillas, no de nombres rutilantes al estilo turco) y no se puede permitir otro fiasco europeo.

  9. Reconforta leer que hay muchos seguidores que no se dejan llevar por la corriente Lasista que nos quieren imponer desde los medios.

    Recordar que BILBAO BASKET también nos zumbó en Euroliga el primer año de Laso y que Messina no mató a Manolete.

    • Alvaro

      Aquí todos critican, pero los abonados lloramos de gusto viendo jugar este equipo… Porque sabemos de lo que venimos y, duela a quien duela, Laso ha traído una nueva forma de jugar a la ACB y a Europa que no se veía desde que el Limoges lo cambió todo.

      • jose lugo

        Me ha encantado lo desde que el Limoges lo cambio todo, que gran verdad,

      • El Barça de Pascual pre-Sanemeteriazo para mi juega mejor que el equipo de Laso antes que el equipo de Laso. Y ganando una EL además.

  10. Pablo Laso, o cómo el nombre de un entrenador con muchas cosas por demostrar aún se pone por encima de RUDY FERNANDEZ (hecho pivotal de por qué sale el Real Madrid de la mediocridad junto quizás al traspaso de Ante Tomic), Sergio Llull, Sergio Rodríguez, Niko Mirotic, Felipe Reyes, Kyle Singler, Jaycee Carroll y compañía. Que tuvo a Serge Ibaka de temporero, por favor.

    • george

      lo que es peor,en el mejor entrenador de los últimos 20 años se pone por encima de Obradovic

  11. Laso tiene sus virtudes, pero reaccionar ante situaciones adversas e imprevistos es una que ni tiene ni creo que vaya a tener. Ver como ha gestionado las dos Final Four que ha jugadado a la final de ACB del año pasado es esperpéntico. Un entrenador que no sabe moverse en esas situaciones no es válido para un club que aspira a todo.

    • Completamente de acuerdo. Cuando las cosas le salen mal en los partidos importantes, yo tengo la sensación de que pierde los papeles con mucha facilidad.

      Aparte,y esto sólo es una impresión personal, cuando en tv retransmiten los tiempos muertos, a mi me da como que esta temporada pasa un poco del tema, la verdad. No le veo con la tensión de otros entrenadores. Lo dicho, pura impresión personal.

  12. Pingback: Pablo Laso, o cómo el Real Madrid salió del anonimato y la mediocridad

  13. Miquel

    Con respecto al artículo, los seguidores blancos (me enamoré del Barcelona en mi infancia con Rentzias, Alston, Elson y la posterior llegada de Pau, aquel Barça de Aito) me gustaría que comentaran qué les pareció el buscar el enfrentamiento con Olympiacos en cuartos de la pasada Euroliga, los desplantes que Laso ha hecho a gente como el Chacho en tiempos muertos, el apego que ha mostrado en ocasiones con Llull o la relación que tuvo con Mirotic y que hizo que este se hartara y ello, muy probablemente, costara una liga frente a un Barça muy acomplejado. Y la Euroliga, donde Nikola creo recordar que estuvo desaparecido.

    Quizás haga falta otro artículo complementario. Uno sobre Xavi Pascual, y cómo ha pasado de ser rey de Europa con Ricky, con la vuelta de Navarro, con aquel juego interior o la garra de Pete Mickeal… a este barça que tira la Copa del Rey a costa de que el 11 se sienta importante, que ficha todo lo que quiere, y acaba por no poder. En definitiva, un Barça que ni es vistoso, ni es fiable. Y lo peor, que ha perdido su hegemonía en casa y que no augura buenas sensaciones para vivir una Final Four en Madrid, con su entrenador renovado por otros tres años.

    Saludos.

  14. Miguel

    Magnífico artículo. Resulta imprescindible para los antis y para los trolls recordarles la travesía del desierto de la que veníamos, de los Escarolos y Pesinas. Pero no. Todavía hay comentarios que recuerdan que el Bilbao nos eliminó hace cuatro años..etc. Siempre con el RMB. Siempre con Pablo

  15. Juan Carlos

    Sigo sin saber quien era el entrenador que llevó al Real Madrid a la Final Four de Barcelona…¿lele molín?.

  16. martillo de mediocres

    A falta de que Jotdown glose de la manera oportuna la hazaña acontecida en la F4 2015 de Madrid, este hilo deviene profético y recupera toda su vigencia. Gracias Pablo, el LOLaso es leyenda desde hoy, y tú un grande a la altura de los más grandes de este Club. El juego del equipo lo proclamaba, el palmarés lo ratifica.
    #InLOLasoWeTrust

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