
España quizá sea uno de los países menos homófobos del mundo, pero siguen dándose suicidios como el de Alan, un joven de diecisiete años transgénero que se quitó la vida por el presunto acoso escolar al que fue sometido en el instituto, según la asociación Chrystallis de familias de menores transexuales.
La visibilidad de las personas transgénero todavía no es la misma a pesar de la Ley de Identidad de Género de 2007, que sale a relucir mucho menos que la del matrimonio entre personas del mismo sexo. Aquí y en el resto del mundo. La misma semana en que se publicaron las desagradables palabras del ministro Fernández Díaz, en Canal+ se estrenó en España una de las últimas entregas de Frontline, la serie de documentales de la televisión pública estadounidense, titulada «Growing up trans» (Crecer transgénero).
Los periodistas Miri Navasky y Karen O’Connor entrevistaron a varios niños y niñas transgénero y a sus familias. Hace años, contaba el reportaje, cuando alguien con disforia de género decidía cambiarse de sexo era una determinación que tomaba en la mitad de su vida. Ahora, con la información que circula y lo que se conoce sobre esta condición, y, sobre todo, a medida que los adultos que dan el paso ganan aceptación, son cada vez más los menores de edad los que demandan el tratamiento. Y no es que quieran cambiarse de sexo, es que lo necesitan.
Lo que decían los chavales no sonaba nuevo. Algunos tenían fantasías suicidas, cuando tenían pesadillas soñaban que no se tomaban los bloqueadores hormonales y les salían pechos, vello o viceversa y, por supuesto, para muchos de ellos el colegio podía llegar a ser una experiencia terrorífica. Luego había momentos un tanto surrealistas. A un adolescente transgénero sus amigos le enseñaban a hablar grave, a muscularse, eructar y no mostrar nunca sus emociones ante las chicas, pero la disforia sexual no va de eso.
Otras escenas planteaban dudas más serias al profano. Los médicos les explicaban a los padres que no sabían si los tratamientos con hormonas podrían tener efectos secundarios, que lo más probable era que no, «en general se tolera bastante bien», decía exactamente el galeno. Los estrógenos o la testosterona se aplican a partir de los dieciséis años, aunque los hay que empiezan con trece o catorce. Y cuando los cambios son de reasignación de sexo, o mastectomías —extirpación de la glándula mamaria—, estos son cambios permanentes. Los padres, hasta los más favorables a las necesidades de hijos transgénero, no ocultaban su miedo y sus dudas por esta cuestión. Son cambios para siempre. En ese momento fue cuando decidí recurrir a la Plataforma Estatal Trans de España y enterarme de primera mano de los riesgos o los planteamientos éticos que puedan tener los cambios permanentes en menores.
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No puedo evitar que me resulte raro pensar que los/as niños/as también pueden ser transexuales. Evidentemente, quien lo es, lo es toda su vida. Hay que tener mucha seguridad para saberlo desde los pocos años desde luego pero en fin, supongo que si está estudiado por médicos y psicólogos no soy yo quien les quiará la razón.
Espero que cada vez sea más fácil para estas personas llevar una vida normal y feliz.
PD: Acabo de fijarme, ¿por qué escriben transgénero en todo el texto? Yo siempre he oído transexual, vaya.
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Aquí la explicación fácil de la diferecia entre términos.
«Tener hijos no equivale a que sean, sí o sí, biológicamente tuyos, eso es algo retrógrado y arcaico, hay cientos de miles de niños esperando a tener una familia y a ser queridos y eso no entiende de biología», son las palabras más ciertas que nadie ha dicho en mucho tiempo.
La cuestión de la disforia de género es una de las cosas que más me han impactado en los últimos años, y debe de ser horrible para quien pasa por ello hasta que, si es posible, puede tomar las riendas de su vida. Si estamos llenos de complejos no quiero imaginar lo que es sentir haber nacido en un cuerpo que no te corresponde.
Laura Jane Grace, nacida Tom Gabel, líder del grupo de punk rock Against Me! me hizo interesarme mucho por esto. Hizo pública su condición de mujer en 2012 y desde entonces ha sido una inspiración para muchos. Participó en una serie de episodios que conforman un documental llamado True Trans, y que abarca las principales fases por las que ella, y muchas personas tuvieron que pasar.
Recuerdo también un experimento a través de una máquina virtual a cargo de BeAnotherLab, que permitía que una mujer experimentara tener el cuerpo de un hombre, y a la inversa, para dar mayor fuerza a esa sensación de desorientación.
Ahora entiendo por qué aquel chico tímido de la universidad llamado Manolo, desapareció un tiempo, y silenciosamente se convirtió en Manuela.
Es curiosísimo el experimento del Oculus Rift ese que mencionas:
https://vimeo.com/84150219
Bueno, hay que coordinar los movimientos con la otra persona, pero tiene pinta de ser una maraca de sensaciones.
My body is ready.
La asociación es Chrisallys
Afortunadamente, las cosas están cambiando y el colectivo trans está ganando visibilidad y aceptación. Para luchar contra la discriminación y la incomprensión sólo hace falta educación. Educando y/o reeducándonos podemos hacer de esta sociedad un lugar mucho más amable y feliz. Ojalá más recursos destinados a dicho fin…
Pingback: Mamá, papá…necesito cambiar de sexo
Parece ser que nuestros problemas se acaban con la hormonacion y esto será una realidad para unas pocas mujeres trans que no desean reasignarse genialmente pero para las que si lo deseamos listas de espera de tres años en cirujia en el Carlos Haya por recortes de dinero de la junta de Andalucia han hecho de este servicio una lacra mayor,se ha pasado de 18 operaciones que ya eran una vergüenza dado que cuentan con dos cirujanos a 9 al año en el 2015 y eso que Mujeres como yo y otras que somos derivadas de otras comunidades que pagan nuestras intervenciones cómo la mía Castilla León hacen que wl nivel de sufrimiento se multiplique por mil ya que yo para ñlegar allí ya llevo 5 años de Tratamiento hormonal y sicologico lo que me hace pensar en un problema de transfobia por parte de la administración Andaluza. Una ley sin recursos es una estafa a nosotras las mujeres y hombres transexuales españolas que dependemos dw este hospital.
Como se ha cortado la gente para hablar de este artículo…
Lo siento, pero me resuta incomprensible e inaceptable que a alguien a quien no se le permite ver películas porno, que no puede beber alcohol, que no puede ser juzgado por sus actos en un tribunal, que no puede decidir sobre su vida o su cuerpo por su edad, se le permita hacerse a si mismo cosas como las que leo, que equivalen a las automutilaciones sintomaticas de diversos tipos de locura.
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Es incomprensible que alguien que no ha desarrollado su género ni su sexualidad sienta la necesidad de cambiarselo y mas aún, que esa mania encuentre estímulo y apoyo.
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Toda la ¿retórica? que cita el artículo es enfermiza y absurda: «¿puede haber mujeres con pene y hombres con vulva?» Pues, evidentemente y pese a lo que sostiene el entrevistado, no. Y nadie nace en un cuerpo que no le corresponde, para empezar porque cuando nace no es, carece de conciencia. Se va haciendo al crecer. Y el nivel de la argumentación es ínfimo «¿Acaso un hombre que pierde su pene por un accidente deja de ser hombre? ¿O una mujer estéril deja de ser mujer?» ¿Usamos dos excepciones, dos casos extremadamente diferentes sin relación alguna entre ellos para justificar unargumento sobre la mutilación voluntaria de alguien? ¡Un poco de seriedad, que esto no es Sálvame!
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Y los tratamientos que menciona son atroces, y además, irreversibles. ¿Destrozar el desarrollo de alguien hormonándole para evitar que complete su evolución es una sanación o una amputación? La lobotomía me parece, por comparación, casi mas inofensiva.
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Hay comportamientos que nunca entenderé, como el de las personas con cáncer que deciden ponerse en manos de un charlatán criminal. Pero ocurre todos los días y a gente mucho mas inteligente que yo, como Steve Jobs. Si un adulto quiere construrse a si mismo una identidad sexual que incluye unos genitales disfuncionales y una artificialidad integral, allá él/ella. Que la ley estimule y consienta que los niños sin hacer puedan tomar esas decisiones no lo entenderé jamás. Y no siento la mas mínima simpatía por la causa de los padres y madres que les empujan por ese camino. Hay comportamientos paternos tipificados en el código penal que me parecen mucho más inocentes.
Coincido al 100% con lo expuesto por Marc. Últimamente se ha puesto de moda que lo más de lo más progresista es apoyar el cambio de género infantil, algo que no me parece más que otra ocurrencia de quienes, sintiéndose de izquierdas y, sin embargo, sin tener valor para llevar la lucha a su cauce económico, que es donde hay que atizar, bucea desesperadamente a su alrededor en busca de alguna otra noble causa por la que partirse los morros.
Y esta de noble tiene poco. Porque siendo adultos, todos tenemos derecho a descubrir nuestra sexualidad de la manera que nos apetezca, y llevar la vida como mejor creamos/queramos, siempre que no dañemos a nadie. ¿Pero someterse a un tratamiendo de cambio de sexo, con lo que ello supone, antes o durante la pubertad? ¿Y hacer de eso algo bueno? Nos estamos volviendo locos.
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