Deportes

Flotar en las rocas: Dean Potter, Alex Honnold y los enfants terribles de la escalada

Valley Uprising, 2014. Imagen: Sender Films / Big UP Productions.

Ante las murallas

Deslumbra la imagen del escalador contra el cielo azul, aprisionado entre la roca y la luz. Recorre una arista, introduciendo las manos en una grieta, apurando el más mínimo resquicio de rugosidad, la más mínima contorsión del granito para agarrarse. Da vértigo escribirlo. Viéndolo ahí, asido a la realidad apenas por la yema de los dedos, uno se aferra como puede a la roca de la página, también resbaladiza, también al límite. Théophile Gautier creía que Dios nos hablaba en la superficie pura, pulcra, granítica de las moles castellanas. Eso mismo creen ellos. Atletas extremos, visionarios, hijos del pundonor y la adrenalina, rebeldes sin causa, no parecen conocer los límites de nada. Siempre hay un más allá. Todo es posible si crees en ello de verdad, si crees en ti. Mucho hay de estoicismo y mucho de equilibrio interior en este deporte. Es sin duda una gran filosofía de vida, un arte definitivo que tiende a la plenitud y, con frecuencia, a la tragedia.

En el Parque Nacional de Yosemite o en el de Zion en Utah, en los Dolomitas o en el Eiger suizo, en el Naranjo de Bulnes o en Ordesa, Dean Potter, Alex Honnold, Tommy Caldwell y gente como ellos han establecido una relación fascinante con el granito y con el aire. Afirman su existencia contra las leyes de la gravedad y hacen del solo integral, de la escalada libre o del salto BASE su argumento contra las imposiciones y las esclavitudes contemporáneas. Defenestran el statu quo desafiando los límites de lo razonable. Ultraclimbing. Algunos de los héroes de esta mitología posmoderna son los norteamericanos Lynn Hill, Hans Florine, Doug Robinson, Kevin Jorgeson, Beth Rodden, Sasha DiGiulian, Sean Leary, Dan Osman o Chris Sharma, el checo Adam Ondra, los españoles Iker y Eneko Pou, el finlandés Nalle Hukkataival, el sudafricano Matt Bush, el japonés Yuji Hirayama, la francesa Catherine Destivelle… Guerreros como los dánaos homéricos desembarcados en las costas de Troya. Ellos también, héroes al pie de las montañas, a la escucha de la llamada de lo salvaje. Ruta Dawn Wall, por ejemplo: novecientos catorce metros a plomo de peligro, de intensidad, pulgada a pulgada. Half Dome, por ejemplo: seiscientos metros de muro perfecto, asombrosamente bello. Vencerlo como vencer las murallas teucras. Entrar en esa nueva ciudad de Príamo y Hécuba. Entrar en la inmortalidad. Se podría decir aquello de: «… y Dean Potter, domador de montañas, que tenía aspecto de inmortal. Cuarenta negras naves lo seguían».

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18 comentarios

  1. Pingback: Flotar en las rocas: Dean Potter, Alex Honnold y los enfants terribles de la escalada – Jot Down Cultural Magazine | METAMORFASE

  2. Siendo escalador desde hace 30 años me ha alegrado leer el titular, pero mi desilusion ha sido mayuscula al leer al completo el articulo.
    La verdad, me parece un ejercicio pedante, presuntuoso y especialmente capcioso en lo referente al retrato de estos personajes como antisistema.
    Ciertamente muchos de ellos fueron o son «outsiders» y «dirbags» que decidieron vivir su pasion de una manera poco comun a ojos de la sociedad, pero de ahi a que sean antisitema va un trecho…
    No tod@s los que menciona se juegan la vida, no tod@s son «dirbags», muchos, la mayoria, tienen sponsors de grandes marcas, Red Bull, Adidas…
    En fin una vision muy romantica pero totalmente alejada de la verdadera realidad. La mayoria, simplemente lo hacen, lo hacemos porque nos gusta,Le dejo una cita famosa y muy ilustrativa: ´¿Por qué subir montañas? Porque están ahí´ Lionel Terray, sin mas glamour, sin mas profundidad.
    Por cierto, Gullich llevo la maxima dificultad al 9a, el primer 9b «confirmado» corrio a cargo de Chris Sharma

    • Totalmente de acuerdo Julio, no eran ¨totalmente¨ anti sistema, la motivación pasa por otro lado tiene muchas variantes , de hecho el gran Ivon Chouinard es actualmente uno de los más exitoso empresarios del mundo del outdoor dueño de la ropa técnica ¨Patagonia¨. Cada ser humano va siguiendo su ¨intensión interior¨ y forjando su camino como puede. Si son y fueron gente ¨especial¨ .

    • Buenos días, Julio. Este acercamiento al mundo de la escalada tiene más que ver con la literatura que con los aspectos técnicos. Sin embargo, en ningún momento del texto he pretendido convertir a todos los escaladores en «outsiders» ni en antisistemas. Creo que son fundamentalmente deportistas, nada más. Con todo, en diferentes momentos de la historia reciente la escalada se ha identificado con una forma de vida que va más allá del deporte o la pasión por la naturaleza. En cuanto a Gullich, sí llevó la dificultad al 9a. Un saludo.

    • El primer 9b mundial fué de Bernabé Fernandez en la Chilam Balam.

  3. Pingback: Flotar en las rocas: Dean Potter, Alex Honnold y los enfants terribles de la escalada

  4. Luis Angel Alvarez

    Menudo mezclete as liado… Andrés. Hay historias increíbles dentro del alpinismo y de la escalada que son dignas de compartir con los lectores no especializados en el tema. Que pueden mostrar parte de la historia de las grandes paredes y enamorarles de ese mundo vertical… Sin caer en una enumeración de nombre sin fin y faltando a todo el romanticismo que envuelven esos personajes. Ahí están las montañas… Historias buenas no faltan… Titanes con una mente privilegiada para mantener la calma aún en las circunstancias más difíciles hay cientos… Esperamos esas historias… De esos enfants terribles… Por que doblegaron el vértigo y la ley de la gravedad…

  5. Granito no

    Una puntualización: menciona usted «En el Parque Nacional de Yosemite o en el de Zion en Utah, en los Dolomitas o en el Eiger suizo, en el Naranjo de Bulnes o en Ordesa, Dean Potter, Alex Honnold, Tommy Caldwell y gente como ellos han establecido una relación fascinante con el granito y con el aire.» Pues bien, sepa que: ni en Zion, ni en Dolomitas, Eiger, Naranjo o en Ordesa hay granito.

    • Buenos días. Por supuesto no se trata solo de granito. Esa «relación fascinante con el granito y con el aire» se debe leer como lo que es: una imagen, amplia en su significado. No es un texto técnico ni lo pretende.

  6. Hay un problema en el artículo: quién lo escribe no sabe nada, absolutamente nada de escalada. Lo he leído interesado en las primeras líneas y progresivamente desilusionado, hasta terminar bufando con total aburrimiento. No es que tenga una decena de errores, o una veintena,que se pueden disculpar en alguien que se ha documentado deprisa viendo Valley Uprising, y videos de Patrick Edlinger, los Pou y la Destivelle, más una lectura de reseñas y artículos en Desnivel: es que es una sucesión de errores con un enfoque disparatado. Escalo desde los primeros ochenta y me gusta leer las historias y libros -además de haber hablado con gran parte de los personajes citados, más otros cuya existencia en su documentación rápida no sospecha el autor-, y ninguno se reflejaría en este montón de metáforas vacías.
    Creo que es lo peor que he leído en Jot Down, y si el tratamiento de temas que conozco es así, tiemblo al pensar lo que se publica de los que desconozco. Para dejar de leeros.

    • Buenos días, Raúl. No soy un profesional de la escalada, pero sí un amante de este deporte. Puede no estar usted de acuerdo con el enfoque, más filosófico, más religioso, más literario, más propio de la sociología que de lo estrictamente deportivo, pero vaya por delante mi respeto a quienes aman de verdad este deporte. Creo que adueñarse de un único punto de vista o de una opinión para imponerla es faltar a la verdad también. Rara vez el deporte es visto desde una perspectiva trascendente y, sin embargo, siempre ha tenido esta dimensión. Un saludo.

  7. Hace poco leí en una entrevista de JD, aunque no recuerdo bien cuál, que un crítico literario ponía el estilo a favor de obra y en una muestra de cinismo presumía de cuán bonito le había quedado la reseña en lugar de hacer un juicio verosímil. Esta exageración de un hobbie que aúna para el autor filosofía y religión es la mejor muestra de ello. Espero que dentro de veinte años no aparezca otro articulista a contarnos que los nuevos héroes de una sociedad aún más embebida de sí misma se esculpen a golpe de clic y tecleo en la creciente escena pro del mundillo videojueguil…

  8. Soy escalador aficionadillo y sobre todo lector. Es verdad que el artículo en cuestión está sembrado de errores y para mi gusto demasiado prolífico en metáforas, pero dicho esto he de decir que yo si estoy parcialmente de acuerdo con la vision del autor.

    La escalada, como el montañismo en general puede ser una afición de fin de semana como la mía, puede ser una profesión y una forma de ganarse la vida o, puede ser otra cosa. Creo que a esta tercera vía, es a la que se refiere el alma de la película y el artículo.

    Hay deportes, y la escalada es un buen ejemplo que para cierta gente no son simple deporte, de ser así la montaña y la escalada sería comparable al atletismo y yo particularmente no lo creo. Y es gracias a los mencionados y a otros muchos que este «deporte» es tan diferente.

  9. Qué bien muestra el artículo la poética de la escalada y qué aproximación más pertinente al arte y la poesía.
    Muy buen artículo. Qué a gusto me he quedado después de leerlo.

  10. En mi opinión, el autor se ha acercado, quizá con demasiada literatura, al espíritu individual, a la sensación del escalador. En una dimensión mucho más pequeña, yo he podido experimentar algunas de las ideas y sentimientos que describe durante mis pequeñas aventuras en la montaña. Llevo 20 años practicando la montaña.
    Pero poner al escalador como metáfora de líder social en éstos tiempos tan convulsos e injustos (siempre lo han sido, por otra parte) me parece demasiado. Una muestra más de una epidemia actual: «ideologizar» cualquier actividad.

    Por eso mismo considero que el autor patina. Porque la realidad es que la profesionalización, necesaria para vivir en un mundo tan consumista, seas escalador o no, es la aspiración de cualquier practicante de muchas de las actividades y deportes «de libertad» (como el surf, por ejemplo) que quiera vivir de su pasión.
    En el pasado se vivía la montaña, o sea, se malvivía. Hoy se vive de ella. Todo evoluciona y el mundo es así. Por eso la pátina ideológica es falso barniz.

    En otro orden de cosas, ese presunto espíritu de libertad se ve también mancillado por la omnipresencia de las RRSS. El autor narra la proeza de Caldwell y Jorgeson. Deportivamente lo es, pero la retransmisión en directo en las RRSS desvaloriza mucho el espíritu de la proeza. Escalar, a mi modo de ver, es un acto íntimo y personal en un marco natural muchas veces grandioso y la mayoría de las ocasiones con un compañero al que une un lazo especial. Si, uno disfruta compartiéndolo después, y por eso la literatura de montaña fue generosa en títulos y en ocasiones brillante. Pero estar cacareando a todas horas lo que te traes entre manos en una pared le resta ese carácter íntimo a la actividad. No estás solo en la frente al frío o la lluvia, frente a las dificultades de la vía y frente a tu miedo. Existe un hilo de plata que te conecta con el mundo. No es lo mismo.
    No, el héroe solitario acariciando la roca y el cielo con las yemas de los dedos entre un mar de nubes no casa bien con la actualización del perfil de Instagram al final del día.
    A otra escala, yo mismo he podido verme por FaceTime con mi familia desde los lodge camino del campo base del Everest. Me dí cuenta que la experiencia había perdido el valor de vivir el aquí y ahora en lugares que se presumían bastante remotos, aunque accesibles, 20 años atrás, cuando comencé a escalar.

    Al final, mi alegato quizá esté movido por la nostalgia en la cual el mundo era más simple y más duro, donde la naturaleza en muchos casos dictaba sentencia. En el cual los hombres marchaban a las montañas y no se sabía casi nada de ellos hasta que volvían (o no) para contarlo.

    O como sentenció Yvon Chouinard, citado en el artículo:»La tecnología mató la aventura»

  11. Pingback: una poca de inspiración para escalar | pensamientos de Erin

  12. ¡Gracias!

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