El problema con Apu

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Imagen: 20th Television.

Hari Kondabolu tiene un problema con Los Simpson, y lo tiene desde hace veintinueve años. Concretamente, tiene un problema con uno de los secundarios del show: Apu Nahasapeemapetilon. Lo odia. Con toda su alma.

Kondabolu es un cómico norteamericano hijo de un par de inmigrantes indios (Ravi y Uma). Un artista que durante la última década ha paseado su stand-up comedy por programas de renombre como Jimmy Kimmel Live!, Conan, The Late Shown with David Letterman, Comedy Central Presents, el Russell Howard’s Good News de la BBC o eventos como el reputado Edinburgh Festival Fringe que se celebra anualmente en Escocia. Su rutina cómica suele trastear con las discriminaciones raciales, sexuales y sociales. En 2012, entró a formar parte del equipo de guionistas de Totally Biased, un programa de la televisión por cable donde W. Kamau Bell le azuzó amablemente (susurrándole «Si no lo haces, te despido») para que expusiese ante la cámara cierto disgusto personal por Los Simpson. El resultado fue un pequeño segmento de cinco minutos en el que Kondabolu hablaba en clave de comedia sobre la representación india en el mundo del entretenimiento, un monólogo donde el público no pudo contener una expresión de sorpresa al ver que un icono tan conocido como Apu iba a ser diana de una tormenta de mierda:

Totally Biased. Obsérvese el sufrido «Oooooh» que emana de los espectadores cuando descubren que se va a crucificar algo con lo que todos han crecido.

En aquella intervención el cómico despellejó rápidamente al personaje: «Apu, un dibujo animado doblado por Hank Azaria, un hombre blanco. Un hombre blanco imitando el tono de otro hombre blanco que se estuviese burlando de mi padre». Pero además aprovechaba para recordar que el imaginario pop lleva mucho tiempo siendo cruel con las personas indias, pintándolas como esos seres exóticos que meriendan sesos de mono durante el buffet libre de Indiana Jones  y el templo maldito. El discurso de Kondabolu no renunciaba al sarcasmo ni siquiera cuando afirmaba que la sociedad comenzaba a caminar en la dirección correcta: «Las cosas están mejorando. Y ahora que tenemos a tantas personas indias famosas probablemente ya puedo soltar mierda sobre alguna persona india famosa». Lo eficaz de aquella intervención convenció al cómico de que era posible expandir la idea hasta montar un documental. Y así nació una pieza de cincuenta minutos ideada por el propio Kondabolu, dirigida por Michael Melamedoff, titulada The Problem with Apu y centrada en exponer el problema que representaba Apu para la sociedad india. Un pequeño film que también se concentraba mucho en intentar localizar a Hank Azaria, el Apu de ficción, para hablar sobre el tema.

Thank you, come again

The Problem with Apu arrancaba con imágenes de una actuación de Kondabolu en un club de Denver durante 2015. Un simpático monólogo centrado en los tonos de piel que era interrumpido por un miembro de la audiencia al que se le ocurría gritar «Thank you, come again!» al cómico. Aquel «Thank you, come again!» era un latiguillo que reconocería cualquier americano con una televisión en casa, porque se trataba de la frase más característica de Apu, el dependiente de la tienda El Badulaque en el universo Simpson. A Kondabolu no le costó demasiado replicar a la trasnochada gracieta ofensiva: «Usted es la razón por la que me dedico a la comedia, caballero. Usted es la razón por la que yo me digo a mi mismo: «Parece que no existe nadie como nosotros, excepto ese dibujo animado». Y por eso mismo estoy aquí». Para el monologuista, un dibujo (de una serie de la que afirmaba ser fan) se había convertido en una cuestión personal.

En principio, parecía difícil acusar de faltoso a un show que utilizaba los estereotipos como materia prima para construir un reparto por donde desfilaba una falda escocesa y pelirroja (Willie MacDougal), un chef italiano con los dedos pulgar e índice eternamente pegados entre sí (Luigi Risotto, un nombre que en sí mismo era toda una declaración de intenciones) e incluso un gay atrincherado en el fondo del armario (Waylon Smithers). Pero el principal problema con el personaje indio traspasaba los límites de la propia serie de televisión y se extendía al mundo del espectáculo porque, a diferencia de lo que ocurría con los otros estereotipos, Apu se paseaba en solitario por los terrenos del entretenimiento. Durante años, para la sociedad norteamericana la única representación y el único referente de un indio en la pantalla había sido el personaje de la serie de Matt Groening. No se trataba de un personaje idiota (en realidad era bastante listo) pero sí excesivamente estereotipado, y aquello había moldeado la percepción de los indios en una población estadounidense malacostumbrada, por ignorancia, a meter en un mismo saco a los habitantes de la República India junto a los de Pakistán, Sri Lanka, Bután, Nepal, Bangladés, las Maldivas y en general a cualquier persona de los alrededores que tuviese la piel más tostada que la del lechoso medio de Virginia.

The problem with Apu. Imagen: Tru TV.

En su película, Kondabolu reúne a varios famosos de origen indio para preguntarles sobre su convivencia con la sociedad americana. Todos ellos revelan haber sufrido algún tipo de bullying, pero lo más interesante es que gracias a Los Simpson sus abusones habían tenido material que utilizar como munición: la mayoría de ellos recuerdan haber sido llamados «Apu» en algún momento de sus vidas, transformando la inocencia animada en una denominación peyorativa. Kal Penn, coprotagonista junto a John Cho de la saga cinematográfica Harold & Kumar (aquí conocida como 2 colgaos muy fumaos) confiesa al cómico que siempre ha odiado las aventuras de la familia Simpson por culpa de aquel personaje. Y de paso, relata cómo en cierta ocasión un indio borracho se le arrimó espetándole «Por tu culpa todo el mundo me llama Kumar», una acusación que el propio Penn replicó con un «Bueno, es mejor eso que Apu».

Negrobilia

Hollywood lleva toda su historia lidiando con los personajes indios de la peor manera posible: colocando en su lugar a blancos con la cara embadurnada en betún. Tyrone Power se envolvió en un turbante para Vinieron las lluvias (1939), Peter Sellers se enmarronó (literalmente) en El guateque (1968), Sir Alec Guiness se presentó teñido de cuerpo entero en Pasaje a la India (1984), Max Minghella interpretó al empresario Divya Narendra (un norteamericano hijo de inmigrantes indios) en La red social (2010) y Fisher Stevens (un judío blanco de Chicago) ejerció de científico indio en las dos ochenteras entregas de Cortocircuito. El disfraz de este último llegó a confundir a más de uno, entre ellos a un Aziz Ansari que reconoce haber considerado a aquel actor como una inspiración, hasta que descubrió que en realidad era un blanco maquillado.

El guateque (1968). Imagen: United Artists.

Todos estos atajos hollywoodienses convertían en un chiste la existencia de otras razas al burlarse de ellas empapando a los caucásicos con maquillajes y convirtiendo al foráneo en una burla. Aunque los ejemplos más dolorosos van más allá de la etnia india: pegarle pelusa a modo de bigote a John Wayne para hacer de Gengis Khan en El conquistador de Mongolia (1956) daba cierta grima, pero no tanta como ver a Sir Alec Guinnes pintado en tonos amarillos y con los ojos rasgados haciendo de señor japonés en A majority of one (1961), o a Mickey Rooney en el clásico Desayuno con diamantes (también de 1961, un año fabuloso para la yellowface) fabricando el peor estereotipo de japonés posible: una caricatura de enormes dientes falsos, gesto prieto, ojos entrecerrados y acento espantosamente racista.

A mitad de su metraje, The problem with Apu recibe la visita de Whoopi Goldberg, una de las celebridades que ha hablado con más cabeza sobre las caricaturas racistas en la historia del entretenimiento norteamericano. Goldberg es una ávida coleccionista de aquellos objetos añejos que dibujan estereotipos racistas y catetos de las personas negras, un muestrario que ella denomina negrobilia. Productos vetustos que tienen su mayor representación en la teatral y cinematográfica tradición del blackface, o el maquillaje que unta a blancos con pintura negra para interpretar a africanos luciendo caras esperpénticas. La actriz colecciona este tipo de disparates entendiendo que es necesario analizarlos en su contexto histórico, y cuando Kondabolu le pregunta por qué no los considera ofensivos ella explica que lo que único que este tipo de objetos confirman es la incultura de quienes los han ideado. El merchandising de jeta blackfaced solo es capaz de dejar en ridículo a sus creadores y a quienes lo consideran gracioso. Goldberg menciona un cartel que dibuja a un par de niñas blancas preguntándose si deberían lamer a otra pequeñaja de piel oscura para comprobar si sabe a chocolate, un tipo de broma que se autodelata como el recuerdo de una sociedad ignorante.

En The problem with Apu también se cuela fugazmente el fragmento de una actuación donde una mujer y un comediante blanco con maquillaje blackface mantienen el siguiente diálogo:

Chica:  —Reúnete conmigo por la mañana a las nueve en el zoo.

Afroamericano:  —¿Junto al resto de los monos?

Tras aquel rostro cubierto de pintura negra y empaquetado en un traje de leopardo se escondía Cotton Watts. La mujer que lo acompañaba era su esposa Chick Moreland y ambos formaban una pareja artística especializada en el minstrel show. Un formato de actuaciones cómicas que tiraba del blackface, los chistes groseros y los bailoteos absurdos para ridiculizar a la raza negra. Ese minstrel show, o minstrelsy, era un producto exclusivamente estadounidense parido en el siglo diecinueve para entretener a una sociedad que dos días atrás todavía coleccionaba esclavos como si fuesen Pokemon. Watts había comenzado a girar por el país vistiendo su caricatura negroide en los años veinte, pero desde mediados de los cuarenta, y hasta finales de los cincuenta, optó por establecerse junto a su mujer en el sur del país porque en el resto de los Estados Unidos estaban comenzando a razonar que a lo mejor aquello de la segregación racial era una idea muy cavernícola. El clip que asoma por The problem with Apu es un extracto de Yes Sir, Mr. Bones, una película de 1951 que edulcora los espectáculos minstrel y que está repleta de actuaciones protagonizadas por las estrellas de los mismos. En la pantalla, Chick insulta sin reparos al negro interpretado por Cotton Watts, un personaje extremadamente vago y dotado de un acento exagerado y especialmente cargante.  

Cotton Watts y Chick en una secuencia de Yes Sir, Mr Bones (1951).

El problema con el acento

Más que un reflejo de una realidad, aquella escena de Yer Sir, Mr Bones era un reflejo de cómo quería el hombre blanco ver esa realidad. Para el segregacionista caucásico medio de Estados Unidos la raza negra era una banda de seres inferiores que se arrastraban por sus ciudades holgazaneando y haciendo maldades. Y aquel acento idiota era el modo de ridiculizarlos, la voz de tonto que el interlocutor reserva para el personaje del que hay que burlarse a la hora de contar una anécdota.

El problema en estos casos no es que la caricatura sea «políticamente incorrecta» (algo que la gente alega en la actualidad de manera bastante gratuita para justificar cualquier mierda que escupa un tarado) sino que realmente carece de gracia. Porque aquel acento absurdo no contenía ninguna virtud humorística y solo resultaba hilarante para el tipo de espectador que llegaba predispuesto a crucificar al negro. Era una broma que, al igual que la negrobilia, dejaba en evidencia a aquellos a quienes les hacía gracia. El equivalente a Arévalo espetando que hoy en día ya no se pueden hacer chistes de gangosos o maricas sin acabar de entender que cuando el chiste solo se basa en que alguien sea gangoso o marica, se está demostrando ignorancia y falta de talento en lugar de luchando por la libertad de expresión. En Los Simpson el acento de Apu corre la misma suerte, se ha convertido en el eco de una idea que parecía graciosa, resultó no serlo tanto y se ha conservado por inercia. La propia serie es consciente de ello y en uno de sus capítulos ha presentado al sobrino de Apu, Jay Nahasapeemapetilon (Utkarsh Ambudkar), como un indio (sin acento) que se burla de todos los estereotipos que acumula su tío.

Ni siquiera los implicados en la creación de aquel acento son capaces de ponerse de acuerdo sobre su gestación: los responsables de Los Simpson afirman que pretendían esquivar el tópico del dependiente indio hasta que Azaria se presentó forzando ese tono exagerado, mientras que el actor de doblaje asegura que ellos le obligaron a «hacer el acento más racista posible». Kondabolu estructura su documental en torno a sus intentos por entrevistar al propio Azaria, pero como el hombre optó por declinar la invitación (alegando no estar cómodo hablando en representación de Los Simpson y no queriendo someterse a un montaje que podrían jugar en su contra) la presencia en el filme de quién pone la voz de Apu se limita a unas escenas de archivo.

¿Quién quiere el Badulaque?

En 2007, para promocionar el estreno de Los Simpson: la película, la 20th Century Fox Film Corp. transformó una docena de tiendas de la omnipresente franquicia 7-Eleven en réplicas del Badulaque (Kwik-E-Mart) que regentaba Apu en la serie animada. Unos establecimientos tuneados que ofrecieron productos específicos nacidos en la serie: la cadena vendió Fresisuis y apiló latas de Buzz Cola junto a cajas de los cereales de Krusty en las estanterías, pero no se animó a sacar cervezas Duff para no fomentar el consumo entre menores. La promoción funcionó estupendamente y los productos basados en la serie se volatilizaron en un par de días. Por aquel entonces, la sociedad ya era consciente de que Apu era una caricatura no especialmente certera: tras la inauguración del asunto, la cadena 7-Eleven se cubrió las espaldas anunciando que la mayoría de sus empleados indios estaban contentos con la idea. Ser indio y tener que atender uno de aquellos locales durante la promoción debió ser una experiencia de las que curten el alma.

El problema con Hari

En The problem with Apu, Hari Kondabolu acierta por completo al generar un debate aunque patina al centrarse tanto en cazar a Hank Azaria, porque resulta mucho más interesante el tiempo dedicado a analizar el racismo pop que el invertido en perseguir a alguien que no se dejará pillar con las bragas por los tobillos. Y a pesar de que todo parece quedarse a medio gas, en el mundo real esos cincuenta minutos han logrado remover bastante a la gente: los críticos televisivos han recibido la pieza con alegría mientras el público general, poco amigo de dejar que alguien toquetee sus iconos, se lo ha tomado bastante peor como confirman las notas de la audiencia en Rottentomatoes o esa puntuación pública en IMDB que no llega al aprobado.

The problem with Apu se estrenó en Tru TV en Noviembre de 2017. El ocho de abril de 2018, Los Simpson decidieron contestar a Kondabolu con «No good read goes unpunished», un episodio donde Marge descubría que un libro de su infancia se había convertido en un texto potencialmente ofensivo en el contexto moderno. En el capítulo, Lisa contemplaba una foto de Apu y comentaba a los espectadores «¿Qué puedes hacer cuando algo que comenzó hace décadas siendo inofensivo y aplaudido es considerado hoy en día como políticamente incorrecto?». Era la peor manera de enfocar el asunto, porque reducirlo todo a una pulla sobre lo políticamente incorrecto era una jugada bastante torpe. Y mucho más al ponerla en boca del personaje más inteligente de la serie. Lisa.

Imagen: 20th Television.

Unos días más tarde, Hank Azaria aseguró en el programa de Stephen Colbert que no había tenido nada que ver con la réplica de Lisa en aquel capítulo (lo vio por primera vez al mismo tiempo que el resto del planeta) y que después de escuchar el debate observaba el asunto de manera diferente: «Quería provocar risas y alegría con este personaje. Pero la idea de que ha traído dolor y sufrimiento, de que de alguna manera se usa para marginar a las personas, me resulta muy preocupante». También señalaba que estaba dispuesto a dejar de lado al personaje si era necesario. Matt Groening, el creador de la serie opinó poco después que en el fondo pasaba bastante del tema: «Estoy orgulloso de lo que hacemos en el show. Y creo que vivimos en una época donde a la gente le encanta fingir que está ofendida».

En el fondo, Los Simpson están en su derecho de hacer lo que les dé la gana, podrían ignorar las críticas y seguir a lo suyo o tomar alguna ruta alternativa. Sería hasta especialmente gracioso si se atreviesen a, como alguien insinúa en The problem with Apu, hacer que el personaje perdiese el acento de golpe justificándolo todo como una broma que se le había ido de las manos. Kondabolu despedía sus problemas con Apu con una reflexión: «Es como tu abuelo racista, a estas alturas ya no puedes cambiarlo. A lo mejor es hora de que muera y te quedes con el recuerdo de lo que fue lo mejor de él. Las primeras diez temporadas».

Imagen: 20th Television.

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14 Comentarios

  1. Como me cuesta entender a los americanos.
    Hacen un mundo de una chorrada como la de Apu, en una serie donde TODOS los personajes son estereotipos grotescos (desde Homer hasta Cletus). Y luego te venden como super moderno y super tolerante una absoluta mierda, completamente estereotipada hasta la burla, hasta la ofensa más absoluta como es Wakanda, el pais imaginario de Blackpanther.
    ¿Viviremos para ver el fin de la hegemonía americana? Espero que si. Por salud mental

  2. Ya puestos, que quiten al Hombre Abeja por perpetuar los estereotipos sobre hispanos; a Smithers, por burlarse de los gays; a Barney, por frivolizar sobre el alcoholismo; y a Homer por su retrato del maltrato infantil cada vez que intenta estrangular a Bart… ¡Joder, primero Friends es racista y ahora esto!

  3. Abu es un personaje basado en un estereotipo en una serie que se nutre de ellos y los parodia desde su comienzo. Por ello fue aplaudida. El problema viene cuando se usan esos estereotipos para marginar a los demás. Si a un americano medio le llaman Homer, ¿no es también motivo de ofensa? Pero claro,el número de Homer ignorantes gana por goleada a los Abu…

  4. Habiendo vivido muchos años en EEUU y habiendo sido «instruido» por gente que podríamos considerar exponente de la corrección política, creo que he entendido que el gran problema en estos temas es la **alienación cultural** de gran parte de la población mundial (hacia su propio contexto cultural, dejado de lado en detrimento de la hegemónica visión estadounidense) en estos momentos, incluidos nosotros, europeos occidentales con falta de iniciativa mainstream en las últimas décadas, pero orgullosos de ser más papistas que el papa en todo asunto polémico que se nos cruce por delante.

    La perspectiva cultural e ideológica estadounidense, exportada por su exitosísima estrategia global de marketing de las últimas 7 décadas, se basa fuertemente en principios anglosajones, protestantes conservadores, y muy fuertemente arraigados en sus particularidades históricas recientes (s XIX en adelante) *pero* sin explicitarlo (y esto es importante).

    Pero, como es lógico, otros países o culturas tienen otros contextos recientes, que pueden no parecerse en nada al estadounidense. En casos como el alemán, el belga o el británico, el paralelismo puede ser más sencillo porque sus contextos son, salvando las distancias, más parecidos. En el caso español, por ejemplo, es un síntoma de paletismo, a mi modo de ver.

    Teniendo en cuenta su contexto sociocultural en el s XIX y XX, tiene sentido esta corrección política: su sociedad, si bien abanderada de la libertad y responsabilidad individuales, sostuvo un sistema esclavista con uñas y dientes hasta sus últimas consecuencias (una guerra civil), y mantuvieron vivos ramalazos de dicho sistema (segregacionismo) durante 100 años más. La sociedad española, por ejemplo, seguramente era más racista incluso que la americana en esos años, pero ni exhibía la variedad racial intrínseca a la estadounidense ni -lo más importante- lo institucionalizaba y regulaba como ley justa y correcta. Las matanzas y discriminación de indígenas americanos en la antigua Nueva España fueron tremendas (si bien matizables por el tema de epidemias etc) – pero en su mayor parte en un contexto de guerra, gozando con «protección jurídica» nominal. La aniquilación de los indios norteamericanos se llevó a cabo sistemáticamente, con leyes-chanchullos vergonzosos para la época y para los propios implicados, bajo un concepto de «destino manifiesto» (simplemente un fascismo racista-corporativo decimonónico), y todo en pleno siglo de las luces, cuando tales comportamientos no eran la norma, salvo quizá en las colonias de explotación europeas en África (véase aquí por qué la identificación con la perspectiva americana es más coherente en Alemania, Bélgica o incluso Francia). Y se sigue perpetuando *legalmente* hoy en día con las reservas indias y la propiedad federal de gran parte de los territorios entre las Rocosas y las Grandes Llanuras.

    Aún más: siendo un país de inmigrantes, EEUU tiene dinámicas sociales que no se dan en la mayor parte del resto del mundo. A pesar de ello, el país está ciertamente dominado por la población protestante de origen anglosajón/germánico/nórdico, aunque cierto cambio puede estar produciéndose en los últimos años – pero esto dejó de ser explicitado a partir de los años 40. En los años 20 del s XX, en plena inmigración masiva al que se estaba volviendo el motor del mundo occidental, esta clasificación exclusivamente piramidal de la sociedad era mucho más patente – terrible, pero al menos las cartas estaban encima de la mesa. 1- blancos caucásicos de principios protestantes y moral centro-noreuropea. 2- católicos europeos, preferentemente de piel blanca (irlandeses, franceses, alemanes meridionales, españoles, italianos o portugueses norteños…), 3- sureuropeos de piel más morena, eminentemente católicos (italianos y españoles meridionales), 4- mulatos y mestizos, eminentemente inmigrantes hispanoamericanos o caribeños, normalmente católicos, 5-asiáticos o hindúes, 6 y último- negros, de donde fueran. Esta clasificación sigue muy vigente, sólo que ahora no se habla de ella, lo que la hace ser aceptada e interiorizada incluso por los grupos en desventaja en tal pirámide. Y las bromas, los acentos y burlas eran parte integrante de esta institucionalización del racismo étnico y cultural hasta *hace muy poco*.

    Éste es el gran problema, en mi opinión, que es (creo yo) usado además para enfocar la atención pública hacia desigualdades identitarias, étnico-raciales y de género como *justificación última y válida en todo caso* de los problemas sociales actuales, enmascarando que la mayor parte de ellos son en realidad problemas de clase, de explotación elitista o de hegemonía cultural por parte de ese grupo muy circunscrito (véase la colonización cultural en los últimos 50 años de la América «Latina» por parte estadounidense, y el tremendo desarraigo cultural que conlleva, incluyendo la defensa a capa y espada del «American Way of Life» por gran parte de la clase alta Y baja hispanoamericana).

    Y todo esto está «bien», en el sentido de que es entendible que su conciencia colectiva les lleve por tales derroteros, en el caso estadounidense o incluso centro/noreuropeo, aunque sea discutible que la «corrección política» (es decir, el mea culpa con lágrimas de cocodrilo sin hacer examen de conciencia sobre qué llevó a dichos comportamientos) sea la solución óptima. Lo que es sangrante es que culturas con dinámicas históricas y culturales muy diferentes a la norteamericana (españoles, pero también italianos, o griegos, o norteafricanos, o árabes o chinos…) no busquemos la sustancia de tal corrección política y la apliquemos a lo que realmente son nuestros problemas sangrantes, que son unos cuantos, pero no esos. No, en su lugar nos obsesionamos con la anécdota, y barruntamos hasta la extenuación «ángeles sobre la cabeza de alfileres» que, simplemente, no nos atañen.

    Por mi parte, considero hasta *sano*, en nuestro contexto sociocultural, bromas de ese tipo. Obviar la diversidad, arrasar cualquier posibilidad de ofensa a otros, homogeneizar las diferencias, no las disuelve, ni debería ser ése el objetivo, so pena de olvidar sus causas antes de que las injusticias se resuelvan.

  5. Menuda chorrada. El problema está en la gente que no se da cuenta de lo que es un estereotipo y no le da el cerebro para mas, no en el personaje de la serie. Sobre todo en una serie donde abundan los estereotipos (nadie va a protestar por el hombre abeja, cletus, …?)

    Y lo de intentar cazar al actor de doblaje que le pone la voz para tenderle una trampa posiblemente, muy de «attention whore» por parte del cómico.

  6. Estos tipos, lo que tienen es un grave problema con la libertad de expresión.

    Pero claro, para los progres y los ofendidos, la libertad de expresión es algo que les pertenece en exclusiva a ellos, para burlarse de la gente que les dé la gana y de las creencias que les dé la gana. Y si alguien protesta, es un facha y un censor liberticida.

    Hasta que ellos, y sus creencias, son el objeto de las burlas. Entonces la censura se convierte en una obligación. Y si alguien protesta, es un facha y un racista, machista y demás istas, histas y jistas.

  7. Propongo que ya puestos a quemar vivo al señor Azaria se utilice como prueba de cargo su papel de homosexual latino en La jaula de las locas. No puede ser más estereotipado (ni más hilarante).
    Si el principal problema de los indios es Apu, no tienen problemas. A lo mejor lo que quiere este tipo es que hablen de él y no sabía como conseguirlo.

    • llevo diciendo eso mismo ya muchos años: los fabricantes de papel de fumar tienen a sus empleados trabajando a tres turnos, y aún así, hay un desabastecimiento brutal hoy día. Toooodo nos hiere.

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