
Mantiene una lucha desde que empezamos a saber de él en España contra el fútbol especulativo. Sostiene firmemente que ganar no lo es todo, que lo que importa es el juego. Fue recibido con división de opiniones, pero tras la irrupción del Barça de Guardiola y la selección española campeona del mundo, Ángel Cappa (Bahía Blanca, 1946) tuvo que sentir un placer íntimo. Él ya lo había dicho. En sus textos publicados en los noventa ya elogiaba un fútbol al que denominaba tiqui-tiqui. Ahora ya no quiere entrenar, se encuentra en un plácido retiro, y es un buen momento para comentarlo todo en perspectiva.
Le he tenido que llamar a un fijo. ¿No tiene móvil?
No, no tengo. No me hace falta, es simplemente por eso. Me parece que es un elemento muy útil para la vida, pero si yo no lo necesito, para qué lo voy a tener.
¿Cómo era su barrio, Villa Mitre, en Bahía Blanca?
Un barrio obrero, de gente trabajadora y humilde, donde el fútbol ocupaba el centro de todas las actividades y todas las aspiraciones. También era un lugar plural. En mi generación, todos nuestros abuelos eran extranjeros, los míos españoles e italianos. Una vez a mi mujer, que es española, le hice un repaso de todos los vecinos de mi barrio y uno era catalán, el otro gallego, otro siciliano… solo uno tenía un abuelo argentino y, de críos, no le creíamos. Nos lo aseguraba y le decíamos: «Nooo, mentira» [risas]. Porque era una cosa extrañísima.
También había árabes, judíos… Nosotros compartíamos todo con una familia judía que vivía al lado de mi casa. Nos invitaban a sus fiestas y nosotros éramos católicos, más de forma rutinaria que otra cosa, pero lo éramos. Los árabes también nos llevaban a su casa cuando celebraban sus fiestas, pero era algo natural. No lo veíamos como un suceso excepcional. Era nuestra convivencia diaria. Me acuerdo de un español que iba muy encorvado porque en la Guerra Civil le habían pegado un tiro en la columna. Él nos contaba cosas de España.
En resumen, para mí, el significado de la palabra extranjero solo lo sentí cuando vine a España. Cuando tenías una discusión de tráfico y te decían: «¡Vete a tu país, indio!». Era extraño, porque este era el país de mi familia. Creo que tuve una educación muy sana, porque un entorno como en el que me crie en Argentina te quita la idiotez del nacionalismo. Esa tontería de considerar que tienes más derechos en tu país que un extranjero, lo cual es estúpido.
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Maravilloso artículo, por el periodista y por el personaje tan especial. Un hombre de fútbol en el sentido estricto de la palabra. De los que «juegan al fútbol», no de los que «trabajan el fútbol».
Había oido mencionar a don Angel Cappa, pero no conocía todos esos detalles de su vida como hombre sencillo, jugador de equipo de barrio, luego de equipo chico, de equipo grande y sus grandes conceptos y resultados como técnico.
Gracias por permitirnos conocerlo tan de cerca.
https://m.eldiario.es/contrapoder/Venezuela-petroleo-oligarquia_6_366123395.html
Entrenadores, padres de familia… todos deben educar desde la imperfección…
https://dametresminutos.wordpress.com/2017/11/19/educar-desde-la-imperfeccion/
Una entrevista realmente buena, enhorabuena al entrevistado y al entrevistador.
Excelente, un tio para sacarle jugo.
Estupenda historia del fútbol a través de un solo personaje.
Con la grandeza de ánimo y de amor por el fútbol de este señor, pasa a segundo plano la mortificación de que se tenga que jugar el clásico fuera de la Argentina. Emocionantes recuerdos, en especial modo aquel de la pelota de cuero, que si aún engrasada, cuando llovía pesaba, y cómo dolía si eras arquero…
Sobre el cielo del área había un solo planeta: la de cuero y por debajo un entrevero de ganas y sudor opuestos a cara e’perro; y ya caía ese objeto del deseo dominguero indiferente al barro y al dolor de las rodillas, y, sin embargo, ahí, nuestras pobres vidas no eran otra cosa que un picado en cancha con arcos de dos palos y rayas convenidas, uno de ida con decisión y rabia en el ataque, y el de vuelta a tapar agujeros y gritar a rajagola para aguantar la montonera con ganas de revancha, y si salía bien ser los nuevos super héroes del barrio. No teníamos edad ni futuro, pero estábamos seguros de que todo cambiaría después de amansarla con el pecho y con la derecha del corazón reventarla y tirarla lejos, sobre el área más o menos chica del contrario esperando luego del revuelo, polvareda y gritos aquellas palabras mágicas: golgolgolgolgoooool. Y a empezar de nuevo desde el centro imaginario del potrero desparejo con táctica de bar o de vereda. Sudar y poner la gamba con ese instinto primordial que se nos pega cuando nacemos; puños crispados, el rostro fiero y un corazón tan grande que daba miedo que se nos reventara si nos daban una patada mientras escapábamos en busca del pase al centro para peinar el sueño de cuero resbaloso que se burlaba de vos otra vez, como la vida, pues rebota, lame el palo, se va afuera, o el arquero se luce dejándote con las ganas y sin aliento, a boca abierta, rezongando y diciendo que te faltó poco, un pelito de esa suerte esquiva que hoy no quiso regalarle un gol a tu equipo y a la eterna barra futbolera seguidora y fija. Gracias por la excelente lectura.
La fotos de Begoña Rivas son extraordinarias …. El articulo acompaña muy bien a las fotografías y no al contrario .
La entrevista es magnífica.
Comparto de la A a la Z. Me gusta enormemente la belleza. Y soy más de derechas que de izquierdas. No etiquete tanto Sr. Capa que no es así.
Ángel Cappa tiene una visión bastante «burguesa» del fútbol, cosa extraña si consideramos sus supuestas inclinaciones ideológicas.
No, Ángel, los entrenadores también tienen miedo porque, si el equipo pierde, los echan a la calle, y se quedan sin ingresar dinero. No todos los entrenadores cobran millonadas que les permitan mantenerse si se van al paro y nadie los contrata, ni todos pueden dedicarse a escribir en medios de comunicación o a comentar partidos por la radio.
La belleza nunca importó a los trabajadores, nunca; eso es cosa de gente si no burguesa, sí más o menos ociosa, que tiene la vida resuelta y puede dedicarla a la búsqueda de lo bello. Al trabajador le importa únicamente cumplir los objetivos para que no lo despidan. Y ciertas formas de jugar al fútbol entrañan más riesgos, en especial si no dispones de grandes jugadores; conque la mayoría de entrenadores opta por las tácticas menos arriesgadas: quieren cumplir los objetivos, y la belleza les importa un pimiento. Nada de jugar con las líneas demasiado adelantadas; nada de triangular demasiado ni de demorar la llegada al área: juego a la inglesa; muchos medios defensivos para ocupar bien los espacios en campo propio; delanteros que cabeceen para hacer un juego directo, etcétera.
Ángel, no conoces la realidad de la gente trabajadora. Hablarles de belleza es algo desconsiderado.
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