Vero Boquete: «El fútbol es el reflejo de la sociedad y una sociedad machista no cambia de golpe, hay que cambiar la mentalidad de generaciones»

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Fotografía: Gao Yu / Zac

Al sur de Pekín, a pocos metros del Templo del Cielo, el edificio más representativo de la capital china para sus habitantes, se encuentra el estadio de Xiannongtan. A las 3 de la tarde de un miércoles de octubre, el equipo local, el Beijing BG Phoenix, disputa el partido de ida por el tercer y cuarto puesto de la competición copera. En semifinales, el Beijing BG, tras una eliminatoria muy igualada, perdió con el todopoderoso Dalian Quanjian, ganador de las dos últimas ediciones de la Superliga Femenina China (conocida como CWSL, por sus siglas en inglés). El Xiannongtan tiene capacidad para treinta mil personas, aunque hoy ocupan sus gradas no más de mil espectadores.

En la tribuna del estadio se yergue un ṕoster de cuatro metros de altura de Vero Boquete. La futbolista gallega, que llegó a Pekín en febrero de este año, se convirtió al firmar por el Beijing BG en el fichaje estrella de la CWSL y en la primera jugadora española en participar en esta competición. De nuevo, Vero abriendo caminos. Lo lleva haciendo desde que con dieciocho años dejó su Compostela natal y viajó en tren a Zaragoza para iniciar su carrera profesional en el Transportes Alcaine. Comienza allí la fulgurante trayectoria de la que es hoy la jugadora española más laureada de la historia y una de las futbolistas más reconocidas a nivel mundial.

En la grada me siento junto a Sun Yunpeng, compañera y mejor amiga de Vero Boquete aquí, que juega de central y hoy se pierde el partido por lesión. Vero enseguida se erige en protagonista del encuentro: como ha hecho siempre, pide la pelota, se la dan, mueve el equipo a su antojo, marca el ritmo de juego y, cuando no tiene el balón, da instrucciones, anima, corrige y dirige. Sé que ha empezado a estudiar chino, pero me cuesta creer que esas disertaciones que se marca con sus compañeras cuando está el partido parado las haga en mandarín. Y la mayoría de las chinas tampoco dominan el inglés. El entrenador, el sueco Kim Bjorkegren, utiliza un traductor para impartir directrices desde el banquillo. Pregunto a Sun Yunpeng (o a Álex, que es como la llaman Vero y la otra jugadora extranjera del equipo, Mary, de Suiza, además del cuerpo técnico, que es sueco) si se enteran de toda la película cuando Vero habla: «La entendemos; ella sabe cómo hacerse entender», dice.

El partido acaba 2-2. Bajo con Álex al césped y felicito a Vero, porque me parece que ha hecho un buen partido. Ella no está contenta del todo. «Más, tenemos que dar mucho más». Estamos a final de temporada y me sorprende la frescura con la que ha llegado a los últimos minutos del encuentro. Vero, que juega aquí de medio centro, ha corrido mucho durante todo el partido, y en el minuto 90 seguía pidiendo el balón, sorteando contrarias y llegando al área rival.

Pero si uno disfruta viendo a Vero Boquete jugando al fútbol, hablar de fútbol con Vero Boquete no es tampoco poco privilegio. Ella se entusiasma departiendo y reflexionado sobre este deporte casi tanto como practicándolo. Ni dentro ni fuera del campo le quema el balón en los pies, e igual que asume el peso de un equipo sobre el terreno de juego, nunca ha evitado mojarse en sus declaraciones y en sus reivindicaciones para dar la cara por un colectivo, el de las mujeres futbolistas, inmerso en tantas necesarias batallas sociales. Aunque es sobre todo futbolista, Vero Boquete es mucho más que una futbolista.

¿Agota tener que estar alzando tantas veces la voz para reivindicar el fútbol femenino?

Es una circunstancia que no se escoge. Dependes del momento que te ha tocado vivir y, en función de tu carácter y de tu forma de ver el mundo, te expresas. Pienso que cada uno, dentro de su ámbito de influencia, debe hacer lo posible por que las cosas mejoren. Y yo no soy la primera, ni seré, con todo el camino que queda por recorrer en el fútbol femenino, la última, que ha alzado la voz. En este sentido, me siento una privilegiada por estar en una situación en la que, a veces más, a veces menos, se me escucha. Si tengo la suerte de estar en una situación en la que se me puede escuchar, sería injusto que me quedara callada, porque hay ciertas cosas que te afectan no solo a ti, sino a mucha gente, es más, yo diría que a toda la sociedad. Porque cuestiones como la discriminación del fútbol femenino hay que englobarlas dentro de un problema que nos afecta a todos, que es el de la discriminación de la mujer a todos los niveles. Y, aunque en ocasiones tener voz en un cierto ámbito pueda conllevar una responsabilidad extra, no cambiaría esta situación por otra que sé que en algunos momentos me podría haber dado más tranquilidad a nivel profesional. Creo que con eso lo digo todo. 

En realidad, Vero lleva reivindicando la situación de la mujer en el mundo del fútbol desde antes de que supiera que lo estaba haciendo, cuando, apenas siendo más grande que la pelota, ya peleaba por que la dejasen participar en los partidos en los campos de fútbol de As Cancelas, Conxo, Colexiata de Sar o los Maristas, alentada por su padre, que era entrenador, y por su hermano Adrián, del que habla con una admiración que va más allá de lo fraternal.

¿Es tu hermano uno de tus primeros referentes futbolísticos, puesto que cuando tú empezaste a jugar al fútbol no había modelos femeninos en los que fijarse?

¡Sin duda! Él es el gran «culpable» de que yo sea futbolista. Quería hacer lo mismo que él, jugar a lo mismo, ir a los mismos sitios, porque me hacía sentir muy a gusto. Mi padre jugaba con nosotros al fútbol, nos enseñaba las mismas cosas, hacíamos los mismos ejercicios. Siempre estuve muy cerca de Adri, en el patio del colegio, en la pista de fútbol, en el club, en los campos viendo sus partidos. Cuando fichó por el Compos fue la primera vez que supe lo que era sentir verdadero orgullo por alguien. Era bueno, ¡muy bueno! Su carrera no fue como la mía, por diversas circunstancias no llegó a profesional, pero sin él yo tampoco habría llegado. 

En aquellos momentos, cuando jugabas al fútbol y llamabas la atención tanto por tu calidad como por el hecho singular de ser niña y dar patadas a un balón, ¿solo pensabas en divertirte o se te pasaba ya por la cabeza que algún día podías llegar a ser futbolista profesional?

Jugaba porque era lo que más me gustaba, pero no podía pasárseme nada por la cabeza porque no era ni consciente de lo que era posible o dejaba de serlo. Desconocía que hubiese selecciones, que se jugasen Mundiales o Eurocopas, que hubiese ligas en otros países, que ser profesional era una opción. Apenas había información, las oportunidades ni existían.

Es con quince años, al ir por primera vez convocada con la selección española sub-19, cuando me doy cuenta de que hay competiciones nacionales e internacionales, y de que, efectivamente, existen jugadoras de fútbol profesionales. Desde que lo supe empecé, primero, a preguntarme ¿por qué no?, y al poco tiempo se me metió en la cabeza conseguirlo, y no paré hasta lograrlo. Pero esa obsesión nunca me impidió seguir disfrutando del fútbol, aunque fuera a nivel no profesional. 

De Zaragoza a China, pasando antes por Barcelona [Vero jugó en el Español y, de hecho, se declara del Español y del Compostela], Estados Unidos, Rusia, Suecia, Alemania y Francia. ¿Te da pena que tu trayectoria en España no haya sido más larga? Resulta triste que, mientras en nuestra liga masculina siempre hemos tenido a los mejores futbolistas del mundo, de varios países, una de las mejores jugadoras que ha dado este deporte, siendo española, tenga que buscarse las habichuelas en seis países diferentes.

Claro que me da pena, y rabia, el no haber disfrutado de mi deporte y de mi profesión en mi país durante más tiempo, pero hasta hace poco no había posibilidad para una mujer de practicarlo en España sin dedicarse a su vez a otra cosa. Y no solo me fui por la complicación para ser profesional, sino que, además, las condiciones no eran las adecuadas para tomarte el fútbol en serio y seguir progresando. Ver que ahora la situación ha cambiado me hace sonreír, sobre todo pensando en el futuro, ya que esto parece que va a mejor. Viendo cómo han evolucionado las cosas, tengo claro que me gustaría terminar mi carrera en España.

¿En qué equipo disfrutaste más y qué fue lo mejor que sacaste de cada uno?

En Suecia, el Tyresö fue un equipo especial. Allí pude jugar con algunas de las mejores jugadoras del mundo, con el mejor entrenador que he tenido en mi carrera, y juntos, muy unidos, creamos un equipo fantástico, con un estilo y una forma de jugar en la que todos creíamos.

Pero cada equipo y, sobre todo, cada país (con su estilo y su idiosincrasia) me ha aportado mucho, me ha complementado y me ha hecho mejor jugadora. He tenido que adaptarme para poder tener impacto en el juego, para ser efectiva, porque, aunque seas fiel a una manera de entender el fútbol, si no amoldas tu estilo a los diferentes lugares —sea el juego directo y poco elaborado en Alemania, las transiciones frenéticas y desorganizadas en Estados Unidos, la exigencia a nivel físico en Francia, o la dureza en Rusia—  no pintas nada allí. Y a mí me gusta tener siempre influencia en el juego.

Primera española en jugar en la Liga de Fútbol Profesional Femenino de Estados Unidos (NWSL, por sus siglas en inglés), primera española en jugar una final de Champions, primera en ganarla… ¿Le das valor a ser la primera en conseguir tantas cosas o lo consideras algo circunstancial?

Ser el primero está sobrevalorado, alguien ha de serlo, y a veces que seas tú es una simple coincidencia. He tenido la fortuna de llegar en un momento en que ciertas cosas eran posibles, y eso facilitó, por una serie de coincidencias espaciotemporales, que fuera la primera en muchas cosas. A otras cosas he llegado tarde o demasiado pronto. A veces pienso: «¡Ojalá hubiera nacido ahora!». Pero, en fin, no me ocupa demasiado tiempo ni espacio en la cabeza si fui la primera, la segunda o la última en conseguir algo. También reconozco que es bonito que a uno se le recuerde y se le nombre, y ser primero, aunque sea algo anecdótico, ayuda. Se conoce mejor a Armstrong que a los otros astronautas que fueron a la Luna por el hecho de ser el primero en pisarla, ¿no?

Tengo la suerte de estar viviendo mis sueños, cumpliendo mis objetivos. Y creo que el hecho de que mi carrera tenga notoriedad y de que se me nombre (sea por ser la primera en tal o cual cosa o por haber marcado tal o cual gol) ayuda a que más niñas, sobre todo las de ciertos entornos a los que puedo estar más vinculada, jueguen al fútbol, se ilusionen y se motiven con este deporte, y a que más gente, padres, madres, entrenadores, tomen cierta conciencia sobre varios aspectos del fútbol femenino. Esas cosas para mí sí que tienen mucho valor.

En Suecia coincidiste con la brasileña Marta, cinco veces ganadora del Balón de Oro. ¿Tan buena era como para monopolizar el premio?

Sí, sí, era tan buena, ¡y lo sigue siendo! Para mí Marta es la mejor jugadora de la historia, sin ninguna duda. Una jugadora que marca diferencias, que es capaz de ganar partidos sola. Estaba por encima del resto. Está claro que el tiempo pasa, y ahora, que aún juega, y muy bien, en el Orlando Pride de Estados Unidos, ya no es la de antes. Y quizá, aunque lo fuera, su superioridad no sería tan abrumadora hoy, porque el salto de calidad del fútbol femenino ha sido muy grande a todos los niveles y hay muy buenas jugadoras, como la alemana Marozsán, con la que tuve la suerte de coincidir en Frankfurt y que ahora juega en el Lyon, o Pernille Harder, danesa, que pertenece al Wolfsburgo. Aun así, Marta seguiría siendo sin duda la mejor.

Después de ganar la Champions con el Frankfurt FFC fichas por el Bayern de Múnich, quizás el club más prestigioso al que has pertenecido. ¿Hace honor el tratamiento del equipo femenino a esa buena reputación?

Sí. Te das cuenta de que estás en un club grande e histórico desde el primer momento en el que pisas la ciudad deportiva, allí se respira un aire diferente. El club, la ciudad, los aficionados, las costumbres.. Una vez que has estado en el Bayern de Múnich, hay algo que se queda dentro y llevas siempre. La sección femenina estaba muy cuidada y cada vez lo está más. Es un lujo haber ganado la Bundesliga con el Bayern de Múnich. Uno de los mejores recuerdos que tengo en mi trayectoria.

En Múnich coincidiste con Guardiola. Con lo que os gusta hablar de fútbol a ambos, esas conversaciones podían durar días enteros. ¿Quién hablaba más de los dos?

Yo solo escuchaba, ¡con Guardiola solo debes escuchar! Y hacer preguntas, muchas preguntas para sacarle todo lo que puedas. Lo que pasa es que él es muy listo y también te hace muchas preguntas, se interesa por todo, y supongo que por eso sabe tanto y es tan bueno. 

Después de jugar una nueva final de Champions, esta vez con el PSG, llegas a China, quizás, de todos los países en los que has estado, el más alejado culturalmente de nosotros. ¿Se refleja esa distancia en el modo de jugar y de ver el fútbol? ¿Notó esto Vero o fue un proceso parecido al de adaptarse a cualquier otro país desconocido?

Sin duda, China ha sido mi mayor reto porque es lo más diferente a todo. 

El choque cultural es brutal. ¡Las dos o tres primeras semanas las pasé medio en shock! Y claro que eso se refleja en el modo de jugar y de entender el fútbol. Aunque el proceso de adaptación es el mismo, tienes que buscar la manera de rendir, de tener un impacto en el juego y de hacerlo rápido, ya que es lo que esperan de ti, como en todos los equipos en los que he estado antes. 

Sabes adónde vienes (aunque, de verdad, hasta que estás aquí no te das cuenta de todo lo que supone) y que hay unos condicionantes tanto en lo deportivo, en tu propio equipo, como en tus rutinas diarias fuera del fútbol que tienes que afrontar (idioma, hábitos, rutinas..) y que no pueden valer, en principio, como excusa. Pero yo no culparía a nadie que se excusase recurriendo a esos condicionantes, porque son barreras a tener muy en cuenta, de verdad. 

Muchos jugadores extranjeros que han pasado por China hablan, por ejemplo, de los hábitos alimenticios. Un futbolista español me contaba que siempre se comía a la una, hasta en los días de partido, se disputase este a las cuatro o a las ocho. Unas veces le costaba correr porque tenía el estómago lleno y otras empezaba el calentamiento ya con un hambre atroz. ¿Cómo es la experiencia de Vero en este sentido?

Sí, en la alimentación y en otros aspectos no limitados a lo que ocurre en el terreno de juego, que parecen que ya están asumidos de manera amplia en el mundo del fútbol como factores claves para el rendimiento, tienen mucho que mejorar. En China todavía están en un proceso de «educación deportiva», tienen mucho peso cosas que se hacían en el pasado, y que ya no se «llevan» en Europa u otros países con más cultura futbolística. Lo bueno es que quieren progresar, asumen que tienen ciertas carencias, y por ello traen técnicos y jugadores extranjeros. Los que venimos de otras culturas futbolísticas y, sobre todo, los que tenemos cierta experiencia, asumimos que tenemos una doble misión aquí: jugar y mostrar una nueva forma de trabajar y de ser profesional. 

Se ha visto en algún partido a Vero pidiendo calma a sus compañeras cuando el equipo va ganando y también, con resultado adverso, teniendo que incentivar a sus compañeras para que, por ejemplo, saquen rápido de banda. ¿Es cierta la idea generalizada de que en el fútbol chino se juega siempre al mismo ritmo, vayas ganando o perdiendo?

Se juega al mismo ritmo porque, generalmente, les cuesta entender el juego. Falta mucho en lo táctico, y también tienen mucho que mejorar en lo relativo a la gestión y comprensión del juego. Hay decisiones individuales, determinadas acciones (o inacciones), que te dejan a cuadros, no les encuentras explicación. Y las futbolistas de aquí, además, para lo bueno y lo malo, son extremadamente disciplinadas: hacen las cosas como se les dice, lo cual no tiene por qué ser en principio un defecto. Pero si quien lo dice no sabe mucho, o sabe mal, pues las cosas se ejecutarán mal. A lo mejor una acción de juego que tú no entiendes la están realizando así porque en su momento tuvieron un entrenador que se lo explicó de esa manera. Y hasta que alguien se lo «desenseña» la siguen ejecutando igual. La parte positiva es que hay un gran margen de mejora y China tiene recursos y los está empleando, por ejemplo, trayendo gente de fuera muy experimentada. Es encomiable la implicación de las instituciones, y de la sociedad, respecto al fútbol. Otros países han de sentir envidia de esta implicación y de la voluntad de profesionalizar al 100% las competiciones y dotarlas de infraestructuras. Ahora, está claro: si parte de esos recursos los destinan a traer gente de fuera con experiencia, han de creer en sus métodos y formas de trabajar, aunque a veces choquen con los que ellos han conocido. Y creo que aún les falta mentalizarse totalmente en este sentido.

¿Qué ha aprendido Vero Boquete del fútbol chino y qué ha aportado Vero Boquete al fútbol chino?

Aquí he vuelto a sentir la esencia de este deporte, esas sensaciones que suscita el fútbol cuando eres amateur, en tus inicios, y que no te das cuenta de que añoras hasta que las vuelves a vivir. Cuando estás en la élite te envuelve la presión, las prisas, las exigencias. El fútbol chino me ha dado paciencia y me ha ayudado a entender la importancia del aprendizaje organizado, la metodología y la planificación en el fútbol son muy importantes. He sido más consciente de lo importante que es saber enseñar.

Yo he aportado mi experiencia, mi juego y mi carácter, dentro y fuera del campo. Creo que he ayudado a mi equipo a ser mejor, a crecer deportivamente y a tomarse esto de manera más profesional. 

La temporada ha finalizado y el Beijing BG ha sido quinto en una liga de ocho equipos y ha estado a un paso de meterse en la final de Copa. ¿Se han cumplido las expectativas? 

No y sí. No se han cumplido las expectativas fijadas desde la directiva al inicio, que al poco de empezar la competición uno se da cuenta de que eran demasiado optimistas, por no decir fantasiosas. Si somos realistas, hay que concluir que se ha llegado al límite de nuestras posibilidades. El Beijing BG es un club todavía en formación, esta temporada ha servido para poner la base y mejorar lo pasado, y sobre todo para hacerse una idea de qué se necesita realmente para competir por títulos. No estamos tan lejos, los resultados ajustados y el juego contra los tres primeros así lo indican. Estos tres primeros equipos contienen el grueso de jugadoras de la selección china, y eso, en una competición en la que solo puede haber dos extranjeras al mismo tiempo en el campo por equipo (aunque puede haber tres por plantilla), es un factor determinante. Ahora es cuestión del club determinar si realmente se quiere mejorar y hacer avanzar este proyecto. 

¿Seguirás en Pekín?

Todavía no lo sé. Sé que la directiva, el cuerpo técnico y mis compañeras quieren que me quede y eso siempre te hace sentir bien. La verdad es que me gustaría seguir aquí una temporada más, ya que, salvo en Rusia (donde estuve de paso y lo sabía en el momento de firmar), mis etapas en los diferentes países han sido de al menos dos años y creo que eso le da más valor a la experiencia, la exprimes mucho más. Pero también es cierto que, por mucho que pueda valorar la esencia de una competición menos exigente, pronto se echa de menos el máximo nivel competitivo, los partidos de competiciones como la Champions (aquí no hay una competición equivalente) o duelos contra rivales top europeos. 

¿Notas un mejor trato en el fútbol femenino respecto al masculino aquí?

No, creo que la apuesta de China es por este deporte en general. Como en el resto del mundo, el fútbol masculino está por encima, más apoyado, mejor tratado, más respetado. Y eso que China ha sido una potencia a nivel femenino. Las mujeres han jugado más Mundiales y Juegos Olímpicos y han tenido más incidencia que los hombres.

Termina la temporada en China, pero la temporada futbolística para Vero no. Ahora te vas al Mundial sub-17 de Uruguay como ‘FIFA Legend’. ¿Qué vas a hacer allí?

En los últimos tiempos la FIFA sigue una línea de educación ética y formación de los más jóvenes. A Uruguay iré a colaborar en unos «talleres éticos» (además de a disfrutar de todos los partidos posibles), donde trataremos y hablaremos de temas como el racismo, el acoso sexual, la igualdad de género, el soborno y la corrupción, y tendremos un Q&A donde los asistentes plantearán todas sus preguntas o curiosidades sobre mi carrera o mi experiencias. 

Y, centrándonos en España, ¿están las diferentes instituciones implicadas realmente en la labor de mejorar las condiciones del fútbol femenino?

Sí, en estos momentos creo realmente que sí. No sé si por compromiso y confianza real, por «presión social» o cualquier otra razón, pero estamos en el mejor momento para el fútbol femenino y por fin todas las partes (Federación, Consejo Superior de Deportes, la Liga, clubes, medios de comunicación, patrocinadores, jugadoras…) parece que reman en la misma dirección. 

Mucho se ha tenido que pelear para que se vayan dando pasos. Como decíamos al principio, tú has sido de las jugadoras que han puesto sobre la mesa diversos temas candentes y puede que haya tenido consecuencias a nivel deportivo. Por ejemplo, es difícil de creer que en tu ausencia de la selección española, habiendo sido capitana y rindiendo a un buen nivel hasta el momento de tu exclusión para la Eurocopa de 2017, no influyera tu rol reivindicativo y que hubieras llevado la voz cantante en diferentes controversias.

Si esos son los motivos reales por los que parece que nunca más vestiré la camiseta de la selección, los acepto con gusto. Solo podemos controlar lo que depende de nosotros, nuestras acciones, nuestras palabras. Como te dije, me ha tocado vivir un momento y tener un rol que no ha sido fácil, pero por encima de todo está el compromiso con mi deporte y con la búsqueda de las mejoras y el trato que merece. Antes que yo otras pelearon para tener lo que yo tengo hoy, ahora me toca a mí y a las que formamos parte del panorama futbolístico actual seguir abriendo puertas. Asumiendo y aceptado las consecuencias, algunas positivas y otras negativas, como pasa a todos los niveles y a toda la gente en su vida. 

No te voy a preguntar si hay machismo en el fútbol, porque sé que hay machismo en el fútbol. ¿Se avanza en la buena dirección?

Sí, se está avanzando. Nos gustaría ir mucho más rápido, pero al menos se ve intención de ir en la buena dirección. Hay que ser consciente de que el fútbol es el reflejo de la sociedad, y una sociedad machista, educada de forma patriarcal donde el hombre y la mujer no son iguales, no puede cambiar de un día para otro; se trata de cambiar la mentalidad de varias generaciones. La base es la educación, educar en igualdad para que los adultos del futuro sean realmente iguales, y así el fútbol sea para todos. Y, por supuesto, en todos los ámbitos, no solo en el fútbol.

Te veo jugando al fútbol varios años y vinculada a este deporte cuando dejes los terrenos de juego. ¿Has pensado en ello o no es el momento todavía?

Sí he pensando, sí. Creo que supe que quería ser entrenadora casi al mismo tiempo que supe que quería ser jugadora, ¡ja ja ja! Me fascina este deporte, el juego en sí, los conceptos, la metodología, las relaciones/uniones personales, la suma de jugador y persona. Quizás por eso también me he movido tanto, no solo me hace mejor jugadora ahora, sino que siento que todas estas experiencias me han nutrido para el futuro. 

Eso sí, quiero alargar mi carrera todo lo que pueda, me gusta tanto jugar que todavía no me puedo imaginar al otro lado de la raya. A día de hoy, todo es posible. Quiero ver el proyecto real del Beijing BG y también valorar todas las opciones que tenga. No será una decisión fácil, pero lo que es seguro es que seguiré jugando y disfrutando.  

Y ya para terminar, algo a lo que no paro de darle vueltas: ¿es cierto lo que dice Álex? ¿Entienden tus compañeras chinas tus charlas sobre el terreno de juego?

Mmmm… Como buena gallega te diría que depende, pero como futbolista tengo que recurrir al tópico de que el lenguaje del fútbol es universal, y creo que sí, que hasta en China, en la que he vivido tantas diferencias culturales, también lo es, y que por eso consigo hacerme entender.

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10 comentarios

  1. AlfredoRelano

    Normalemente en la revista las entrevistas son mas largas.
    Quiero la segunda parte!!!!!
    O es que se me ha hecho muy corta. Menuda figura, que alegría leerla!

  2. Alain

    Hola, Vero, por mi parte, creo que el futuro del hombre es la mujer.
    Un hombre solo está…como un bebé sin su mamá.
    Vosotras, mujeres, valéis miles y miles de hombres acobardizados por vuestra valentía, vuestra propensión en quedarse detrás del ser que queréis, por vuestra “hyper actividad” y sentido del sacrificio.
    Creo que el futuro de la humanidad ha de pasar por vosotras ( mujeres) y que el machismo que denuncias tiene las horas contadas.
    ¡ Mujer, te quiero!

  3. ¡Fuerza, chicas! En ustedes veo la reivindicación de aquellas pibas detrás de la raya y que no dejábamos jugar, una porque eran mujeres y otra porque perdíamos de seguro. Y cuán solícitas que eran en devolvernos la pelota para que siguiera el picado, mirando con ganas locas de entrar y correr detrás de la de cuero. Y ahora, jugadoras profesionales. Quién lo hubiera pensado. Enhorabuena.

  4. Ayer tuve la fortuna de ver a las chicas de la selección española jugar contra la selección polaca (3-1). ¡Enhorabuena!
    A la cabeza del fútbol femenino están los valores y, entre estos, el “fair play”.
    Las necesitamos más que comer. Para que sean referentes relevantes.
    Como, p. ej. estos chicos:
    El ejemplo de un líder: https://dametresminutos.wordpress.com/2018/10/29/el-ejemplo-de-un-lider/

  5. Miguel Guerrero

    ¿JotDown también subido al carro del feminismo de la cuarta ola? Qué decepción. El fútbol masculino tiene más éxito no por machismo (de hecho más de un 30% de los aficionados son mujeres) sino porque es más espectacular que el femenino. Y, por tanto, mueve más dinero. Igual pasa con el baloncesto: ¿o acaso la NBA es machista porque la sigue más gente que al baloncesto femenino? Las neomonjas feministas ven machismo allí donde las monjas de antaño veían a Dios: en todas partes.

    • Jorge

      Decir que el fútbol femenino tiene menos éxito pq el masculino es más expectacular es, con todos los respetos, una de las mayores simplificaciones que he escuchado en mucho tiempo.
      No tiene más éxito por innumerables factores, pero lo de la espectacularidad no es para nada clave.

  6. No sé si JD se sube o no al carro del feminismo de la cuarta ola (creo que más que carro sería una “lunga marcha”, de a pie). Lo que sé con certeza es que permite todo tipo de opiniones como la suya, siempre entre los límites del respeto y la tolerancia. Y me permita decirle que comparto sus deducciones respecto al dinero y a los fanatismos de algunas mujeres.

  7. Por cierto, hace sólo unos días de ha aprobado que el estadio del compostela (San lázaro) pase a llamarse estadio municipal vero boquete. Un gran reconocimiento

  8. Señorx

    El fútbol femenino no tiene más éxito porque la gente paga por ver espesctáculo, pagas por ver hacer cosas que nadie parecía poder hacerlas, Messi, Cristiano, Lebron, Tom Brady… un jugador de tercera división no gana lo que un jugador de primera porque no genera ese dinero porque no sabe hacer esas cosas y la gente no va a verlo tanto, no es machismo, es sentido común. No pueden pedir ganar lo mismo que un jugador de primera si no son capaces de ganar a un equipo cadete masculino de cantera (esto es verídico), antes lo debería solicitar ese jugador, ya que es mejor, ahora me toca recibir palos pero que me llamen machista no hará que ganen a un equipo de tercera, NI CERCA.

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