«Years and Years»: una distopía para toda la familia

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Years and Years. Imagen: HBO.

Recuerdo leer en antiguos ejemplares de la revista comunista La calle reseñas escépticas sobre películas como las de la trilogía de La guerra de las galaxias. Se quejaba el crítico de que el género de ciencia ficción derivase hacia el entretenimiento y el escapismo, cuando tiene un potencial inherente para la crítica social e incomodar a las audiencias. La serie británica Years and Years de la BBC, emitida por HBO en España, habría sido de su agrado.

Su argumento es tan sencillo como ambicioso: tratar de anticipar cómo serán los próximos treinta años. No se trata de una crítica naif por un escenario apocalíptico tres siglos más tarde, sino que sitúa sus hipótesis a partir de dos años nada más y solo hasta 2030. En el resultado abundan hallazgos tan certeros sobre nuestro presente, expresados en el futuro que proyectarán, que el espectador los recibirá a carcajada limpia. Sin embargo, a medida que avance la miniserie, va cobrando más relieve la faceta de thriller familiar con protagonistas estupendos y la obra se torna más convencional. Tener, tiene un pase.

(Atención, SPOILERS a partir de aquí)

No siga leyendo si no quiere verse sorprendido por un destripe. Entre los grandes aciertos hay que citar sin duda alguna la brecha generacional. Es un hecho que todas las generaciones se creen el eje de la historia, ya lo dijo el sabio, como es un hecho también que todas están destinadas al adanismo al principio y el conservadurismo al final. Es una rueda sin fin que nunca dejará de girar. Por mucho que uno se proponga ser guay toda su vida, solo logrará acabar siendo un ridículo.

En este sentido, hay una escena impagable cuando unos padres hablan con su hija sobre ciertos problemas de personalidad que está experimentando al crecer. Los progenitores ya tienen la lección muy aprendida y solo quieren mostrarle su más fuerte apoyo si no se siente a gusto con su género o tiene algo que decir sobre su sexualidad, pero no van por ahí los tiros. El problema de la niña es que no se siente humana. Quiere ser una máquina, o menos que eso, código, hacerse uno con los infinitos datos de los que está hecha la red de redes. Su sueño es morirse. Sus papás son progres y modernos, pero por lo que sea no lo pillan. Surge la incomprensión. Los lazos familiares se quiebran. Drama.

Los personajes más mayores no presentan novedades tan interesantes, pero sus vidas están marcadas por la evolución del capitalismo. Cada vez hay menos empleos estables, como ahora, pero de forma más cruda, y más eufemismos para referirse a los trabajos esclavos. Uno de los miembros de la familia, tras arruinarse porque el banco en el que tenía sus ahorros se ha ido a la bancarrota, se hace rider. En el curro le corrigen cuando se refiere a sí mismo como repartidor, es un «mejorador de la vida».

Alexa o cacharros semejantes pasan a ser el centro del hogar. Controlan todas las llamadas, agendas y electrodomésticos. Los terroristas también evolucionan. Hace su aparición la bomba sucia. Artefactos explosivos que dejan una nube tóxica o radioactiva que envenena a todos los que están alrededor en ese momento. Indetectables e implacables.

El mayor problema político-social que se refleja es el de los refugiados y los migrantes. Todos los países de Europa van pasándose a la extrema derecha y recrudeciendo sus políticas con los extranjeros hasta llegar al más puro y genuino fascismo.

En este aspecto, es interesante ver la visión o el prejuicio que tienen de España los autores británicos. Se habla de «socialist Spain», donde imperan políticas garantistas. Refugiados y sin papeles pueden sentirse seguros en nuestro país. El giro distópico es que se produce una revolución de extrema izquierda, acaba con todo eso y vuelven las persecuciones a extranjeros porque «los extremos se tocan».

Un fenómeno absolutamente contemporáneo en el que se abunda es el de los políticos populistas. El personaje interpretado por Emma Thompson es una candidata que a base de decir tacos y boutades va ganando celebridad hasta que al final, para sorpresa de todo el mundo, llega a la presidencia. En este punto, no hay sorpresa ninguna en la distopía. Ese fenómeno lo llevamos viendo desde hace más de diez años con mayor o menor intensidad. Por otro lado, que su personaje sea un títere manejado por oscuros poderes tiene más de brochazo que de salida imaginativa e inteligente.

Sin embargo, aunque sea tópico, encaja en el sentido global de la serie, que viene a ser un qué pasará si todo sigue como hasta ahora. Si se sigue destruyendo empleo, si las políticas de extranjería son más restrictivas, si un mensaje político chusco y sin matices se impone en el debate, etcétera. Operando a diez años vista, la degradación de nuestra vida es mucho más palpable y es ahí donde se siente el vértigo que tanto ha reconocido el público y la crítica.

Sin duda, el mayor acierto de sus seis capítulos es el conflicto bélico. Trump, al final de su mandato, lanza un misil nuclear contra una isla china donde viven decenas de miles de personas. El incidente es de una gravedad extrema, miles de muertes, contaminación, todo lo que eso supone en el tablero geopolítico, etc., pero hay un detalle que lo clava: a la gente le da igual.

Hay un gran susto, conmoción, por un momento la gente se ve en Threads o The Day After, pero como los chinos achantan el mirlo y pasar, no pasa nada, a la gente no le importa, se indigna un poco y sigue con su vida. Lógicamente, no sabemos qué ocurriría en esas circunstancias, pero la crítica a la apatía general de hoy, no de mañana, es una carga de profundidad importante.

La pena es la deriva hacia el thriller y que los protagonistas sean una familia estupenda. Está el gay, el refugiado que han acogido, la activista ecologista anarquista lesbiana, la mujer negra, la minusválida, la abuela y el cishetero patriarcal que, vaya, es el malo. Es tremendamente complaciente. Las series, al menos en España, para poder reunir una audiencia rentable, tenían que presentar personajes de todas las edades con diferentes tramas y subtramas a la vez para todo tipo de público. Tenía que haber una familia, abuelos adorables, hombre sex symbol con tableta, la guapa, secundarios varios al peso y niños. Quizá eso que ha hecho que tanta producción audiovisual española pecase de convencional y previsible, sea ahora, con ligeros matices, la forma de dirigirse al público joven. Una suerte de Los oprimidos superamigos de Parchís 5G. El colega Shane Meadows, con su aclamada The Virtues, tampoco andaba lejos de este principio.

Con todo, acentuar los defectos actuales de la sociedad, sus aspectos contradictorios y derivas más preocupantes, es un recurso perfecto para una crítica que permita cierta reflexión.  Obviamente, en Reino Unido, un país que a todas luces parece que está dando decididos pasos hacia su desaparición, la preocupación es muy urgente.

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4 comentarios

  1. daniaaaa

    Completamente de acuerdo. La serie se va desinflando con el paso de los capitulos. Lo que no se ha comentado por ahi es el tremendo parecido (futuro cercano, crisis economica, una familia teniendo que adaptarse a la nueva realidad, etc…) que tiene con «Los Mandible, Una familia: 2029-2047» la novela de Lionel Shriver. De hecho, parece que una vez que se quedan sin ideas de la novela y tienen que volar solos, es cuando se les cae la calidad de la serie. Un saludo.

  2. Pues yo tengo una interpretacion totalmente distinta al transhumanismo de la niña. No se trata de que los padres no comprendan el futuro, la interpretacion es que a veces el progreso por el progreso es una gilipollez y los que se oponen no es porque sean unos carcas que no lo entienden, a veces las gilipolleces son en efecto gilipolleces. Vease por ejemplo cuando se implanta el telefono en la mano y tiene que seguir haciendo el gestito de hablar por telefono. Muy impresionante, si, pero la chiquilla se ha quedado sin manos libres porque tiene que seguir haciendo el monguer con la mano y además perdiendo la posibilidad de utilizar auriculares. Todo un gran éxito.

    El capítulo 3 demuestra que efectivamente, no solo era una gilipollez si no que era una gilipollez peligrosa.

  3. asdfgh

    La serie es propaganda.
    No entiendo por qué se identifica control de fronteras con fascismo. Tampoco que estar en contra de una institución oligárquica y completamente corrupta como la UE se identifique con el fascismo.
    Las obras de entretenimiento tienen su mensaje político patrocinado; pero por más que se imagine el fin del Mundo éste nunca llega. Desde el milenarismo, pasando por la catástrofe maltusiana o el apocalipsis nuclear hasta el cambio climático, ningún agorero acierta.

  4. Cachopo

    La serie tiene muchas virtudes, la principal de las cuales es advertirnos de lo que puede pasar de continuar la deriva actual mundial. Es una especulación, y como tal hay que cogerla con pinzas, pero resulta al menos parcialmente congruente con el momento actual.

    La familia protagonista es un poco monger, y demasiado diversa como para que sea verosímil. Esto le resta puntos al conjunto y, aunque algunos momentos resultes brutales, otros son los típicos what the fuck! Esta mezcla de dramón familiar y Black Mirror está lejos de ser una serie redonda pero sus aciertos son muy buenos y perduran más en la memoria que sus fallos.

    Lo único seguro es que Emma Thompson se lo pasó teta interpretando a su personaje.

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