
¿Se imaginan un Hollywood en el que no reinen las franquicias con sus secuelas, precuelas, remakes, reboots, spin-offs y derivados? ¿Con unas listas de las películas más taquilleras en las que vuelve a predominar el contenido original? ¿Imaginan que mirar la cartelera de un cine no fuese como contemplar el muestrario de una tienda de juguetes? Sí, hoy parece impensable, pero podría suceder. Esto es un desiderátum, por supuesto, pero creo que hay motivos para plantear la posibilidad de que el paradigma cambie.
Los grandes estudios del Hollywood actual se han vuelto tan dependientes de las franquicias cinematográficas que han empezado a tropezar todos en las mismas piedras, sin aprender de los errores de los otros. Como cabe siempre recordar, esos estudios están hoy plagados de ejecutivos que casi nunca proceden del propio gremio del cine, sino de escuelas de administración de empresas. Forman comités que piensan con la lógica de los números y cuyas ideas no se basan en los modelos tradicionales de la industria cinematográfica —entendiendo como «tradicionales» los que imperaban en el cambio de siglo—, sino en las expectativas creadas por modelos económicos abstractos. Hollywood siempre ha sido un negocio, de acuerdo, pero ya no trata de cómo vender un producto que ha sido fabricado bajo criterios artísticos, sino de cómo fabricar un producto que se ajuste a las estrategias de venta predeterminadas de antemano. Salvando las distancias, los grandes estudios han empezado a comportarse como Cannon Films, donde decían a sus clientes: «Voy a vender esta película», y luego la hacían.
Los grandes estudios están vendiendo las franquicias de antemano. No buscan sorprender al público; todo lo contrario, buscan que el público espere un producto determinado. Jugar con la anticipación del público es una reducción al vinagre del viejo concepto empresarial, muy usado en otros ámbitos comerciales, del reconocimiento de la marca. Remakes, secuelas, precuelas, reboots y spin-offs son maneras de ahorrar inversión en publicidad (o de incrementar la eficacia de la inversión) apelando a la sencilla noción de que la gente sentirá mayor atracción hacia una película si esta pertenece a franquicias que el espectador ya conoce.
No es que las franquicias sean un fenómeno cultural nuevo. Los Evangelios eran remakes de otros Evangelios. El Quijote inspiró una falsa secuela que cabreó mucho a Cervantes, quien escribió una secuela verdadera. La leyenda del rey Arturo conoció varios reboots literarios: desde Godofredo De Monmouth y Chrétien de Troyes en la Edad Media hasta Alfred Tennyson en el siglo XIX, pasando por Richard Blackmore, aquel simpático médico británico que se oponía con burguesa fiereza a la apertura de una farmacia benéfica para los pobres del Londres del siglo XVII. Su actitud, además, inspiró un spin-off pseudoartúrico titulado El dispensario en el que otro médico y poeta de la época, Samuel Garth, ponía a caer de un burro a un Blackmore convenientemente caracterizado como un bardo. Todo esto fue un extraño antecedente literario de este otro Blackmore caracterizado como un bardo para que la gente también lo pusiera a caer de un burro. Pero bueno, que me disperso: el fenómeno no es nuevo. Ni siquiera en el cine, donde hubo remakes y secuelas desde los mismos inicios, cuando las películas duraban cinco minutos.
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Al problema de la burbuja de las franquicias, que algún día estallará (yo así lo deseo), se le debe sumar el hecho de que junto con ellas Hollywood ha pensado que la mejor idea del mundo es hacer que sus películas (al menos las pensadas para «triunfar») sean cada vez más y más caras. Invertir 200 millones de dólares en una película (más promoción) es una locura. Básicamente porque para que empiece a ser rentable debe recaudar a partir de 400 o 500 millones. Y si quiere realmente ganar dinero (que es el objetivo de los estudios) hablaríamos de 700, 1.000 millones…
¿Cómo se intenta que el riesgo económico sea menor? Pues tirando de (valga la redundancia) riesgo 0 a la hora de la creación de las películas (ideas y fórmulas que «se cree» que van a funcionar, porque en algún momento lo han hecho). Y, para más inri, obsesionándose por la opinión del supuesto fan de la franquicia de turno. Y así estamos, aguantando franquicias carísimas hechas a partir de fórmulas con riesgo 0. El resultado artístico es el que es, un desastre.
Un ejemplo paradigmático es la nueva trilogía de Star Wars. O lo que es lo mismo, cómo ir dando palos de ciego por culpa de ese «qué dirán» los fans. Si la primera tuvo críticas por ser calcada a la película original, hacemos una segunda que «innove» (o pretenda hacerlo), y como esta tiene muchas más críticas que la anterior hacemos una tercera que vuelve al Fan Service más bestia. Y todo sin ningún plan previo ni intento de coherencia interna entre las tres películas. Pues muy bien.
Seguro que al escribir este buen artículo, ya contaba con que alguien saltaría de la silla cuando leyera lo de que Blade Runner es aburrida. Es cierto que cuando se estrenó no tuvo éxito, porque la gente estaba acostumbrada a que la ciencia ficción fuera más de rayos láser y viajes a la velocidad de la luz que a una experiencia personal en un entorno que en su día se antojaba extraño y que con el tiempo, por el contrario, ha confirmado como muy real. Pero bueno, la palabra aburrida no creo que sea acertada, porque precisamente solo se aburren los aburridos, y desde luego, quien no sepa ver la potencia visual de BR, su poesía, su música, es que, simplemente, no está preparado para que una película le haga pensar-sentir, y esté más cómodo viendo Peppa Pig.
Blade Runner aburría hasta al más motivado. Es un rollo de película, quizá una de las más sobrevaloradas del cine «reciente». Eso sí, para ciertos estetas y gentes con aires guays e intelectualmente elitistas, es el súmmum de la profundidad cinematográfica, puro simbolismo poético, percepción enriquecida con las múltiples versiones – que en realidad se editaron para ver si se le podía sacar algo más de rédito a la película de marras. No compro la supuesta genialidad de esta peli porque hace aguas en todos los aspectos menos en el visual… como ¿Molin Rouge? pues más o menos. (Vale, no, Molin Rouge es totalmente infumable :D)
Me pregunto qué pasaría si los que dicen aburrirse con Blade Runner vieran alguna película de Tarkowsky. Conjeturo que entrarían en coma profundo. A mí me resultó sumamente entretenida. Y profunda, que no es lo mismo que aburrida.
Lo siento señor Emilio, pero está usted muy equivocado. Las precuelas, aún con sus cosillas “Lucasianas” intentaban contar una historia que era relativamente coherente, sin refritos ni nostalgias.
Lo que ha hecho Disney con los Episodios VII, VIII y IX es de vergüenza ajena. Parece increíble que la misma empresa haya podido crear todo el MCU y luego en Star Wars la coherencia en los guiones y en la trilogía brille tanto por su ausencia.
El Episodio VII era nostalgia pura y copia descarada.
El Episodio VIII era el mayor despropósito a nivel de guión y coherencia con el universo que he visto jamás. Valiente? Puede ser, pero fatalmente ejecutado y con mensajes contradictorios. La peor sin dudarlo.
El Episodio IX es la constatación de que han ido improvisando sobre la marcha, de que Abrams vuelve a tirar de nostalgia reviviendo el mismo puñetero personaje del Emperador y de que cada vez echamos más de menos a nuestro tan odiado George Lucas al frente de la saga.
The Mandalorian es una nadería, coincido con usted, aunque al menos intenta contar una historia y entretener, al mismo tiempo que respeta la saga y las propias normas que se establecieron hace años. A día de hoy es lo único bueno que ha hecho Disney con Star Wars.
Un saludo.
En una cosa lleva razón, las secuelas son infinitamente peores que las precuelas, que ya es decir. La única peli nueva de Star Wars que se salva es Rogue One. Todas las demás son absolutamente obviables.
Durante todo el artículo, el autor parece bastante realista y en contacto con la realidad, hasta que lee la frase «que nadie espera que Brie Larson acepte rebajarse el sueldo»
¿Cómo? Brie Larson no es nadie ni tiene ningún halo de estrella, remótamente parecido al que puede tener Johansson o Downey Jr. De hecho, es tan producto manufacturado como las franquicias de las que habla, y han tenido que arrancar una máquina política alrededor como la de Black Panther para vender su personaje.
Brie Larson hará lo que los estudios le digan que haga básicamente porque no es nadie.
Muy interesante el tema. Felicidades
Ok Boomer
Emilio, hijo mío, ¡cuantísimo ha ido usted aprendiendo a lo largo de estos últimos años! De todos modos, empieza a saturarme ya, el hecho de leer juntos su nombre y Star wars.
«Déjelo ya, ¿quiere…?» (Gene Hackman en «Testigo accidental»-1990).
¡Madre mía! ¡Han tenido que pasar casi 11 meses para darme cuenta de que el artículo estaba firmado por E. J. Rodríguez y no por Emilio de Gorgot, al que interpelo con desparpajo insensato! ¡Y la culpa es de usted, de Gorgot, por escribir siempre sobre Star Wars como un poseso, porque yo, estoy de la cabeza lo que se dice sensacional, como nunca! Ahora he de dejarles que unos señores como armarios me han puesto una camisa sin mangas y se me quieren llevar de casa sí o sí. ¡¡¡Socorro!!! ¡Déjenme ya, conyooooo!
Hola me llamo Antonio, tengo 41 años y nunca he visto ninguna película de Star Wars ni de Star Trek, antiguas o modernas. Debo preocuparme?
En absoluto. ¡¡Estás como nunca, Antonio!!
Todo parecía en orden (más o menos) hasta que he leído lo de que Mandalorian es una nadería… En fin. Mandalorian es lo que tendría que ser Star Wars, muy por encima de las precuelas y las secuelas. Mandalorian es, a día de hoy, la única movida que nos está reconciliando a muchxs con la saga: una historia sin grandes pretensiones en su argumento, muy bien realizada y dirigida y con elementos claves que te conectan al universo Star Wars, ni muchos ni pocos, los justos pero acertados (huelga mencionar a Baby Yoda). Lo siguiente será decir que The Witcher es buenísima.
Que cansinos sois…
Lúcido artículo.
Ahí va mi profecía: las franquicias también acabarán llegando más pronto que tarde al mundo de la música. Habiendo grupos que no son más que un perfecto engranaje de generar dinero (Metallica, por ejemplo), quién no estaría interesado en que la máquina de fabricar billetes no parase nunca, haciendo que LA MARCA perdure más allá de los integrantes originales… Cuando Hetfield, o Bruce Dickinson, o cualquier estrella del panteón musical dejen de mantener el nivel, unos Metallica, Maiden o Stones mk2 ocuparán su lugar, y seguirán vendiendo la experiencia ajustándose al canon de LA MARCA, componiendo nueva música que cuadre con la antigua, y cobrando centenares de euros por el privilegio de ver LA EXPERIENCIA OFICIAL en un mundo donde las bandas tributo son prácticamente la única manera de vivir de la música para los que no están en un grupo grande.
Ya está pasando, gente que va a los conciertos de Metallica, o Maiden, que gozan ahora de más éxito que nunca gracias a fans que no han escuchado más que los hits de la banda, y que pagan cantidades ridículas de dinero por ver un grupo que a penas conocen, porque MOLA PRESUMIR DE QUE HE IDO AL CONCIERTO DE METALLICA.
Así está el mundo.
Totalmente acertado lo que comenta el autor sobre el tema de la última película de «las Cazafantasmas». Pasa algo similar en el fútbol femenino: muchas opiniones, apoyo e indignación comparativa por twitter y demás medios, pero despues, los campos vacíos. En los dos casos se demuestran estas dos verdades: Primera, la gente nunca hace lo que predica y segunda, cuando algo es infumable, pues eso, es infumable.
“Esa nadería llamada The Mandalorian”. Está claro que si no te puedes afinar el bigote y fumar de la pipa mientras cuentas que lo has visto, no es apto para el buen cultureta de Jot down. Os pierde la vanidad.