Arte Arte y Letras

Un gran bazar plástico en el IVAM

Francisco Iturrino Gonzalez Odalisca 1912 Coleccion Zorilla Lequerica scaled
Francisco Iturrino González / Odalisca, 1912 Colección Zorilla Lequerica

Edward W. Said (1935-2003) fue un pensador y profesor de origen palestino al que muchos españoles conocieron cuando en 2002 recibió, junto al director judío Daniel Barenboim, el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia; con tan insigne galardón se premiaba el esfuerzo de ambos por el entendimiento de las poblaciones de Oriente Próximo a través de la música —fueron los promotores de la West-Eastern Divan Orchestray del arte.

Said era conocido por sus ensayos sobre la manera en la que el mundo occidental ha ido elaborando un corpus de ideas, tópicos y clichés del mundo oriental. Sus escritos han sido el punto de partida de la exposición Orientalismos: La construcción del imaginario de Oriente Próximo y del Norte de África (1800-1956) que se exhibe en el IVAM de Valencia desde el 6 de marzo.

Ha sido comisariada por Sergio Rubira y Rogelio López-Cuenca, a los que se ha sumado Mª Jesús Folch como comisaria adjunta y coordinadora.

El trabajo ha sido ingente y el resultado es extraordinario.

La primera impresión que el visitante recibe es la de haber penetrado en un museo a la antigua: las paredes están repletas de obras, los objetos y las vitrinas se distribuyen ordenadamente por el espacio de las cinco salas que componen un viaje organizado por las miradas de occidente sobre el oriente islámico y, en algunas ocasiones, por sus contrarias, las de oriente sobre occidente.

Se han reunido unas seiscientas sesenta piezas que incluyen tanto pinturas como grabados, libros, fotografías, trajes y telas, marionetas, carteles, neones, proyecciones y banderolas de los más diversos autores. El espacio tiene algo de bazar plástico para los sentidos y hace honor a la riqueza de las producciones y al interés que despertó, a lo largo de dos siglos, ese mundo exótico a la vez cercano y desconocido, tan sugerente.

Se ha obviado a propósito la arquitectura —que aparece como trasfondo en las pinturas y fotografías— porque la muestra se ha centrado en los seres humanos, en los comportamientos y formas sociales que pueden ser recogidos en imágenes de inmediata comprensión y a la medida del hombre.

Todo está organizado: se ha acotado el tiempo —entre la expedición napoleónica en torno al año 1800 por tierras del Nilo hasta 1956, año de la independencia de Marruecos y Túnez—, y el espacio —porque se refiere a la relación entre la cultura cristiana europea y la musulmana del cercano oriente— y se han dejado fuera las relaciones que pudieran existir con el hinduismo, el confucionismo y el budismo, aquello que pertenece al lejano —no solo geográficamente— oriente.

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3 comentarios

  1. ¡Qué buenas y bien armadas reflexiones divulgativas! Y qué desazón causa que nadie deje un comentario. Aunque solo sea para decir que es aburrido o pretencioso. Es el destino de esas buenas cosas que terminarán en el picadero de carne de la realidad sin que nadie les haya prestado demasiada atención.
    «Que haya alguien o algo que prohíba aun
    a los fantasmas de visitar o hacer compañía
    a los objetos encerrados en un fin de semana,
    o tal vez en un par de horas en cualquier lugar,
    y sólo con nuestra atención devolverlos al mundo
    es otro caso más de indiferencia cósmica.
    Cuando mueran sus fieles dueños se sentirán
    aún más solos: una esquela con un pensamiento,
    un libro, un par de gafas, un pañuelo, unas llaves.
    ¿Qué será de ellos? ¿Andarán todavía más perdidos?
    ¿Atiborrarán, como nosotros, los orfanatorios del azar
    sin jamás adaptarse a los nuevos apellidos?»
    Gracias por la lectura.

  2. Que haya alguien o algo que prohíba aun
    a los fantasmas de visitar o hacer compañía
    a las cosas que han quedado solas en un fin
    de semana, o simplemente en un par de horas,
    y sólo con nuestra atención devolverlas al mundo
    es otro caso más de la indiferencia cósmica.
    Cuando mueran sus fieles dueños se sentirán
    aún más solas: una esquela con un pensamiento,
    un libro, un par de gafas, un pañuelo, unas llaves.
    ¿Qué será de ellas? ¿Andarán todavía más desorientadas?
    ¿Atiborrarán, como nosotros, los orfanatorios del azar
    sin jamás adaptarse a los nuevos propietarios?
    Creo que así me explico mejor. Colgaré esta reflexión en cada artículo que no tenga un comentario. 21 de abril 2020, con una primavera inmune al virus, que anda sola por las calles, sin mascarillas y sin guantes, indiferente a la algarabía ausente, a nuestras irrenunciables muestras de cariño y la alegría de estar vivos

    • Laura Mínguez

      ¡Qué preciosa reflexión, Eduardo! Te lo agradezco mucho. Ahora que estamos con nosotros mismos y nuestros pensamientos es hora de hablar con fantasmas sobre lo que ven cuando ya nadie ve. Estamos vivos y eso sí es fantástico. Muchas gracias por estas cariñosas palabras tan poéticas. Un abrazo.

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