
No sé si a ustedes les habrá sucedido, pero yo ándome perplejo ante un fenómeno que me priva de los felices dormires de antaño: varias personas de mi entorno han caído en las seductoras redes de un culebrón turco titulado Mujer. Durante la emisión en vivo del susodicho, estas personas renuncian a toda actividad social o amorosa, como si solamente de ese maléfico programa pudiesen obtener el bienestar espiritual.
Intrigado, efectué torpes intentos de acercamiento; me senté durante los directos para ver algún episodio al vuelo, intentando comulgar con la sacrosanta experiencia. Fue en vano. No siendo yo un iniciado, me sentía perdido ante la incomprensible danza de personajes con nombres indistinguibles, sumidos en un laberíntico drama ambientado en horrendos apartamentos para pobres que son la última cosa que uno necesita ver en televisión. Créanme, yo mismo conozco bien esos apartamentos para pobres desde que mi familia me desposeyó de títulos y haciendas por afirmar, copa en mano durante una infausta cena de Nochebuena, que la experiencia de leer a Laín Entralgo equivalía a que me estuviesen arrancando una muela. Hay cosas que, en ciertas casas, no se perdonan. En fin, que todo en Mujer era extraño y confuso. Acudí al auxilio de mis personas allegadas, pero sus condescendientes intentos de explicación no me sirvieron.
Y lo peor: la serie no respondía a mis expectativas. En mis tiempos, cuando hablábamos de ficción ambientada en Turquía pensábamos en sensualidad y goce de los sentidos, en las alegrías de la carne: las delicias turcas, La pasión turca, los baños turcos, El expreso de medianoche. Nada de ello había en Mujer, un desangelado desfile de caras largas. Era como cualquier episodio de Cuéntame rodado con el reparto entero padeciendo la abstinencia de sus habituales dosis de antidepresivos. Pero, no importa cuán terrible fuese mi primera impresión del programa, almas cercanas a la mía continuaban arrebatadas por el culebrón, así que hice lo único que un explorador de la civilización puede hacer: me dispuse a entender Mujer en la raíz, viendo el primer episodio.
Entonces lo descubrí. Entonces lo supe. Ante mis atónitos ojos, Mujer se desplegó en todo su esplendor cual suntuoso retablo, abrumándome con una genialidad narrativa detrás de otra. Como Laín Entralgo, pero al revés. El primer episodio resultó ser un cuidadísimo trabajo de orfebrería en el que cada escena —qué digo cada escena, ¡cada plano!— inocula el drama en varios registros simultáneos. Cada imagen está planeada para que nuestro cerebro, sin que nosotros mismos nos percatemos, absorba información vital. La primera media hora del episodio, que es lo que aquí vamos a desentrañar, no tiene parangón en la industria audiovisual planetaria. Ni HBO, ni Chernobyl, ni Entralgos en vinagre: el primer episodio de Mujer sí es la auténtica Obra Maestra de la televisión de nuestro tiempo. Si no me creen, acompáñenme en este recorrido fotograma a fotograma, comprendan, y conviértanse a La Verdad.
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Obra maestra.
No creo que alcance, ni por asomo, las apabullantes cotas del «Dancin’ Days» de Sônia Braga…
Cuando joven fui adicto a los cineclubes y cinematecas…pecados de juventud. Todo se vino abajo cuando vi el primer episodio de Dancin’ Days (hace 40 años?)…quedé enganchado…oh aquellos días!
Cualquier tele/radio/novela/novelón, seguida por multitudes tiene apariencia de obra maestra, Gombrowitz se disfrazó de otro para Los Hechizados…..y…vale, le echaré un vistazo
La verdad es que yo tampoco he sido de culebrones y también pensaba que eran de segunda categoría. Incluso al nivel de los realities y programas del corazón.
Sin embargo esta serie me ha sorprendido positivamente, rompiendo los mitos sobre este género.
En cuanto a lo de los estereotipos hay que tener en cuenta que es una serie turca y que es un país conservador, aunque muy abierto para ser musulmán.
De todas formas más adelante aparece un personaje femenino que tiene bastante protagonismo y que rompe con todos los estereotipos siendo una mujer independiente y con estudios.
También hay otro personaje femenino que rompe con el estereotipo de hippie o bohemia conflictiva, a pesar de que en la serie se ven prejuicios contra l@s artistas.
Hola, me ha encantado el artículo, esta bien reírse de vez en cuando de uno mismo. Yo soy de los que siguen este culebrón, y no soy dado a culebrones, ni siquiera a los de ficción, pero con este se me ocurrió hacer una excepción, con todo éxito. Se da la circunstancia de que me perdí el primer capítulo, así que gracias por la narración. Una puntualización, la foto del último minuto no es de la futura segunda familia del prota, pues esa futura familia consta de mujer y dos niños gemelos, y en la foto se ve mujer y un solo hijo. De hecho, creo que esa foto es del prota, la prota (Bahar) y la niña mayor de ambos. ¿Por qué pusieron esa secuencia? Yo que sé, como que estoy yo como para entender a los guionistas.
Esa es la serie que empezó engancha pero a ratos aburre.La mujer de ahora es distinta es un problema de drogas en cacerolas y un desfile de personajes nuevos un sin sentido aburrido .Se murieron los protagonistas y ahora las drogas e interminables diálogos con muertos.No saben cómo poner fin a ese batiburrillo.
Es un producto (en combinación con la emisión de otro que se llama Mi hija o algo así) que merecería que a ATRESMEDIA le quitaran la concesión de espacio radioléctrico que pueda tener, por emitirlos cuatro día por semana, y que a Turquía le impusiera sanciones la ONU por exportarlos.
De todos modos el karma funciona. Hace 30 años Venezuela exportaba Cristal y cosas parecidas y mira como están ahora.
Bueno, bueno, es lo que tiene estar enganchado a un culebrón, que uno lo quiere saber todo, especialmente si se ha perdido un primer capítulo. Al grano, aclarado lo de la foto del escaparate, no era una tontería de los guionistas. Veréis… espera, esto es spoiler, vale, pero supongo que en el caso de culebrones esto no aplica. Bien, la foto del escaparate es efectivamente la foto de la prota, del prota y de su hija, y el tema es que después aparece la pelandrusca más pelandrusca del mundo, la hermana por parte de madre de la prota, y descubre al ver la foto que el fallecido marido de su hermana es al que se ha querido ligar y al que como no lo ha conseguido se lo ha medio cargado… bueno, ella cree que cargado del todo. Vale, así contado no se entiende mucho, pero es así, os lo prometo.
Dioh que buen rato he pasado leyéndote, que mejor forma para empezar la semana que unas buenas risas, olé y muchas gracias maestro
La serie es muy buena, como El Quijote tiene de todo, humor, tragedia, digresiones, costumbrismo, melodrama, hasta secuestros, persecuciones y muertes. La trama y los valores de producción no tienen nada que ver con la típica telenovela, sorprende en relación a la condescendencia de la TV en general. El tono del artículo tiene altos y bajos pero queda desparejo. No sé que versión les están dando en España, pero en Argentina el marido perdido de Bahar (Primavera en turco) es Sarp Cesmeli. El que vea la serie nunca olvidará a Ceyda, Arif y otros personajes memorables por su riqueza y momentos
Por favor, que alguien me diga que este artículo es irónico porque yo soy muy sensible y veo todo lo que huele a obra maestra. Llevo varios días leyendo el titular y no me lo creía. Como me ponga a verlo y sea la mierda que me imagino cuando mi madre me dice que lo vea, arrrrrastro a quien sea!
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