Música Cine y TV

In memoriam: Olivia Newton-John

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13 de junio 1978 (Credit Image: ©Paramount Pictures /Entertainment Pictures/ZUMAPRESS.com)

Hemos perdido una de las mejores voces del mundo. Sé que mucha gente identifica a Olivia Newton-John sobre todo con Grease, y no me parece mal, ¡en absoluto! Grease es una maravillosa película y Olivia sería digna de pasar a la Historia solamente por su aparición en ella, así que me alegra que tanta gente sienta adoración por ese largometraje. Pero hay mucho más.

Olivia Newton-John fue, ante todo, una cantante de magnitud extraordinaria ─insisto: extraordinaria─ que quizá permanece bajo el radar de muchos porque grabó unos estilos de música que hace décadas que apenas se escuchan. Fue también, aunque de esto se habla poco, una artista que asumió riesgos cuando estaba en lo más alto, y que lo hizo en una época en la que asumir riesgos podía de verdad cercenar una carrera.

Y fue una de las mayores estrellas del planeta Tierra. Si alguien cree que las estrellas nacen por casualidad, eso no es cierto. O no es cierto siempre. Es posible que existan, y de hecho estoy seguro de que existen, personas que podrían haber sido grandes estrellas y que nunca lo consiguieron por culpa de la mala suerte. Pero quienes sí lo han sido y, además de haberlo sido, permanecen en el Olimpo de la memoria colectiva muchas décadas después de haber alcanzado el cénit, es porque están hechos de un material especial. Satisfacen una necesidad casi religiosa del público: la contemplación de los héroes.

¿Cuál es ese material especial? Supongo que nadie sabe ponerle nombre a la particular aleación que hace que una persona tenga potencial para el estrellato. Es una combinación particular de factores: talento, carisma, imagen; capacidad para conectar, o para atraer, o para despertar simpatías o, en su defecto, fascinación. Hay personas que poseen estas cualidades, sumadas a un instinto que les permite explotarlas hasta que, en el momento álgido de su trayectoria artística, consiguen dominar sin esfuerzo aparente los resortes emocionales de nosotros, los espectadores. Y recalco sin esfuerzo aparente, porque la naturalidad de los artistas es una de las más encantadoras mentiras del mundo del espectáculo. Cada artista que sube a un escenario o se pone ante una cámara y consigue hipnotizar al público, aunque lo haga de manera aparentemente sencilla, está poniendo en práctica todo un sistema de seducción desarrollado tras años de experiencia. No me refiero a la seducción sexual ─aunque ese componente puede formar parte a veces─, sino a la capacidad para captar al espectador con una voz, un movimiento, un gesto.

Muchos artistas aprenden las reglas básicas de esta técnica cuando son casi niños, actuando para personas cercanas. Elvis Presley contaba que ya las primeras veces que cantaba y tocaba de manera espontánea ante un puñado de amigos en un aparcamiento, tomaba nota mental de aquellas cosas que los hacían reaccionar con entusiasmo, y de aquellas cosas que, por el contrario, los dejaban indiferentes. Elvis tenía solamente veintiún años cuando apareció en televisión por primera vez, así que técnicamente hablando era un novato, pero en realidad llevaba ya tiempo seleccionando por su cuenta qué cosas funcionaban a la hora de seducir a la audiencia. ¿Qué además era atractivo? Sí, pero esa no es una parte imprescindible de la seducción del estrellato (aunque, es verdad, ayuda). Chuck Berry, que quizá no era tan guapo pero sí era muy listo, supo siempre que el público no necesariamente quería escucharlo tocar, ni a él ni a nadie. En el nacimiento de la era de la televisión, entendió que al público había que darle algo que ver. Supo que el público quería contemplarlo dándole besos a su guitarra o andando como un pato. Eso no le impidió ser uno de los arquitectos más influyentes en la música del siglo XX.

La televisión es una perfecta puerta para la fama, y si alguien piensa que el darse a conocer en concursos televisivos como Operación Triunfo o American Idol es algo propio de nuestra época, le ayudaremos a cambiar de idea echando un vistazo a las raíces artísticas de una de las estrellas más brillantes que el mundo ha visto. Retrocedamos a la primavera de 1965, cuando el programa australiano Boomeride presentaba a una pizpireta quinceañera llamada Olivia Newton-John, que era dueña de una muy bonita voz que controlaba casi con la precisión de una profesional. Todavía no del todo, pero casi. Sin embargo, el ser buen cantante no basta para ser una estrella, y menos en la televisión. Aquella chiquilla, al igual que Elvis, había actuado ya muchas veces ante familiares, compañeros de colegio, amigos de su barrio y hasta clientes del bar de un pariente. No habían dejado de ser espectadores a los que había que meterse en el bolsillo. Una vez en la televisión, con una adorable mezcla de timidez y desparpajo, la quinceañera se plantaba ante los focos mirando fijamente a las cámaras con ojos abiertos como platos, con el claro propósito de ser ella quien dominase las cámaras y no a la inversa. Ese es uno de los componentes elementales del carisma: saber, aunque sea de manera instintiva y casi infantil, qué hacer en cada momento para transmitir que se tiene las riendas de una actuación. Aquella adolescente se convirtió pronto en una favorita de los televidentes australianos. Llegaba a todo el mundo. Las otras quinceañeras la veían como un referente, los quinceañeros la veían como la novia perfecta, y los adultos la veían como la hija ideal. Todo el mundo quedaba encandilado con sus apariciones en pantalla.

El único que no estaba encandilado era su padre, un galés llamado Brinley Newton-John que había sido agente del servicio secreto británico y, afincado en Australia tras la Segunda Guerra Mundial, se había puesto a trabajar como catedrático. Vamos, que no podríamos considerarlo un asiduo de las bambalinas. Los genes talentosos de Olivia estaban aún más acentuados por parte de su madre, Irene Born, que procedía de una familia de judíos alemanes. Y no cualquier familia: Irene Born era hija del físico Max Born, galardonado con el premio Nobel por su trabajo en física cuántica (Max Born había sido nominado por el mismísimo Albert Einstein). Cuando a Olivia empezaron a lloverle ofertas ese mismo año para participar en distintos programas de televisión, que al principio eran sobre todo musicales para toda la familia o programas infantiles, decidió abandonar los estudios para considerable disgusto de su progenitor. Olivia formó pareja artística con otra cantante adolescente, Pat Carroll, y juntas se hicieron habituales de la televisión australiana primero, y de la británica después, pues se mudaron al Reino Unido para hacerse un nombre allí (Olivia no tardó en ser nombrada mejor vocalista del Reino Unido por una revista) y girar por Europa. Solamente se llevaban dos años, así que el público empezó a verlas como hermanas inseparables. De hecho, Pat se convirtió en la mejor amiga de Olivia y continuó siéndolo durante el resto de su vida. Vean un entrañable video de ambas cuando empezaron a trabajar juntas: Pat tenía diecinueve años y Olivia solamente diecisiete.

Cuando Olivia cumplió la veintena, se hizo evidente que su etapa como animadora musical de programas televisivos se le estaba quedando corta. Cantaba mucho mejor que cinco años antes, hasta el punto de que técnicamente ya no tenía nada que envidiarles a unas cuantas vocalistas mucho más famosas que ella. Uno de los primeros en entender ese potencial fue el productor Don Kirshner, el mismo que había contribuido a fabricar una exitosísima banda pop (The Monkees) a partir de una serie de televisión. Intentó hacer lo mismo formando en torno a Olivia una banda pseudo hippie llamada Toomorrow. Con ellos, Olivia actuó en su primera película, titulada igual que el grupo, Toomorrow. Era francamente un bodrio, aunque aderezado con delirantes escenas con alienígenas y los protagonistas correteando por el interior de una nave especial.

Tras el fallido y un tanto esperpéntico experimento cinematográfico de Toomorrow, sucedió lo que tenía que suceder: Olivia Newton-John se dejó de psicodelia de marca blanca y empezó a grabar álbumes en solitario mucho más adaptados a su voz y sus gustos, combinando baladas y pop suave con sonidos americanos en plan country y folk. Entre 1971 y 1974 publicó sus cuatro álbumes, con los que empezó a abrirse camino gracias canciones como la bonita «If Not For You», «Banks of Ohio» (su primer número uno en Australia), y sobre todo «Let Me Be There», que fue su primer éxito en los Estados Unidos, donde cultivaría buena parte de su fama posterior. La verdad es que todos sus álbumes de los setenta contienen cosas interesantes, y en ellos su voz era siempre perfecta. Su ascenso fue progresivo, pero a partir de 1974 empezó a parecer también imparable. En el lado negativo, aparte de sus problemas legales con los tiburones de la discográfica MCA (problemas en los que ni mucho menos estaba sola), el único «tropiezo» del periodo 1971-1974 fue su participación en Eurovisión como representante del Reino Unido. Obtuvo un digno cuarto puesto, pero no quedó muy feliz con la actuación. No le gustaba la canción que le tocó defender, «Long Live Love», mucho menos interesante de lo que ella acostumbraba a grabar en sus propios álbumes. Al público le gustó su actuación (la canción vendió bien en el Reino Unido y en su propio país, Australia) y además obtuvo una buena puntuación, pero se dio cuenta de que yendo a Eurovisión se había dejado arrastrar a un estilo musical y visual que amenazaba con caducar en breve. Quienes la enviaron al festival decidieron profundizar la aureola de mojigata que mucha gente percibía en torno a Olivia mediante el procedimiento de vestirla como una lámpara. Eso no hubiese importado mucho en 1973, pero en 1974 el problema fue que participaron en Eurovisión unos suecos vestidos como los jóvenes glam-rockers de la época, que tanto en lo visual como en lo musical hicieron que el resto de participantes pareciesen anclados en la década anterior. Olivia no era tonta y se dio cuenta de que, al lado de unos ABBA que habían adelantado a todo el festival por la derecha, su actuación había parecido pacata y apergaminada. Y eso no podía gustarle un pelo, teniendo en cuenta que ella estaba grabando discos que, sí, eran melódicos, pero en ningún caso sonaban anticuados para la primera mitad de los setenta.

En términos profesionales, y pese a los reparos de Olivia, Eurovisión no afectó lo más mínimo a su carrera. Sobre todo porque ya había iniciado un intenso romance con las radios estadounidenses. La explosión de su música en Norteamérica fue descomunal y, varios años antes de Grease, la convirtió en una superestrella internacional. Si a Olivia Newton-John no la coronaron como «la novia de América» como a Dolly Parton o Linda Ronstadt fue porque no era americana, pero estaba ahí, en ese nivel de éxito. Entre 1973 y 1975, cinco de sus canciones entraron una tras otra en el Top Ten estadounidense, incluyendo dos sonados números uno consecutivos con las baladas «I Honestly Love You» y «Have You Never Been Mellow» (el álbum al que daba título esta última se convirtió además  en su primer número uno en el formato de larga duración). «Have You Never Been Mellow» tiene algo que merece resaltar: la actuación de Olivia en el programa The Midnight Special, donde interpretó esa canción en directo. Más arriba la vimos cantando con quince años y sí, lo hacía muy bien para su edad. Pero aquí la vemos diez años más tarde, con veinticinco, y es absolutamente impresionante. La suavidad, elegancia y control con la que canta incluso en las difíciles notas agudas de la canción pone los pelos de punta. Aquí ya ni se molesta en mirar al televidente con los ojos como platos como cuando era una adolescente. Se pasa la canción comunicándose con la audiencia que tiene delante de ella o sencillamente centrada en la música, y solamente al final dirige sus ojos hacia la cámara, como queriendo demostrar que no olvida que la están filmando. Esta es la actuación de una artista que está en el nivel más alto de su profesión, que sabe perfectamente lo que está haciendo, tanto con su voz como con su actitud escénica, en cada preciso momento.

A mediados de los setenta, pues, Olivia Newton-John estaba en la cresta de la ola, conquistando las listas estadounidenses, ganando Grammys, y cantando a un nivel estratosférico. No obstante, su faceta como actriz había quedado en el olvido. De hecho, casi nadie la consideraba una actriz porque casi nadie la había visto actuar. Desde el fiasco de Toomorrow en 1970, no había vuelto a participar en un largometraje. Por eso, cuando se inició el proyecto de adaptar a la pantalla un musical de Broadway llamado Grease, a nadie se le pasaba por la cabeza llamar a Olivia Newton-John, aquella cantante de country y baladas, que, para colmo, hablaba con acento australiano. Ella misma era la primera a quien no se le hubiese acercarse a menos de quinientos metros de un rodaje; su carrera musical iba tan, tan bien, que no veía la necesidad de estropearla si volvía a probar en el cine y, por segunda vez, fracasaba en el intento.

Hubo una persona, sin embargo, que sí pensó en ella. John Travolta, que ya se había asegurado el papel principal masculino, fue quien, de manera completamente inesperada, insistió en que Olivia Newton-John era la candidata perfecta para interpretar el papel principal femenino. La sugerencia pilló a los productores por sorpresa. Obviamente, Olivia no necesitaba demostrar que sabía cantar, pero su única película anterior era muy poco convincente como currículum. Aun así, Travolta insistió con una sentencia lapidaria: «Olivia Newton-John ha de ser Sandy porque Olivia Newton-John es el sueño de todo hombre». El productor Robert Stigwood aceptó, probablemente animado por la idea de que la enorme popularidad de la que gozaba la cantante serviría como publicidad gratuita, en especial añadida a la también enorme popularidad de Travolta.

Olivia apenas pudo creer lo que estaba oyendo cuando la llamaron para tantearla. Respondió que a sus casi veintiocho años no se veía encarnando a una alumna de instituto (Travolta tampoco era un adolescente, pero era varios años más joven que ella, veintitrés). Ante la insistencia de Travolta, Newton-John puso como condición rodar una prueba de cámara junto a él; si no le gustaba cómo se veía, no participaría en la película. Pero la prueba, quizá para sorpresa de todos los involucrados, le gustó. La química personal entre ella y Travolta fue instantánea y, aunque no siempre sucede así, se trasladaba al celuloide. Al final, todos quedaron tan convencidos de que Newton-John era la opción perfecta, que llegaron a cambiar su personaje, Sandy, originalmente una estudiante americana a la que convirtieron en australiana para que Olivia Newton-John no tuviese que molestarse en intentar hablar con un acento distinto al suyo propio.

El resto es historia. Grease se convirtió en la película más taquillera de 1978, y un fenómeno cultural mundial que todavía no se ha extinguido. Es una de las pocas películas que van pasando de generación a generación sin la menor resistencia. Tengo que decir que en general no soy un gran fan de las películas musicales posteriores a los años treinta (exceptuando cosas como Tommy o The Wall, que no son realmente musicales convencionales). Aun así, Grease es una de las películas musicales que más veces he visto en mi vida. Y yo, como todo el mundo, no la concibo sin la pareja protagonista.

Grease cambió la carrera musical de Olivia Newton-John porque cambió la percepción colectiva de que era una mojigata cantante de baladas. Y cambió esa percepción, irónicamente, porque empezaba usando a Olivia Newton-John para interpretar a una mojigata que, ya de paso, cantaba baladas. Algunos recordarán la entrevista en la que Henry Fonda hablaba de su papel en Once A Time In The West, la obra maestra de Sergio Leone. Fonda era famoso por interpretar casi siempre a individuos nobles de moral intachable, y quedó muy sorprendido cuando Leone le ofreció interpretar no ya a un villano, sino a un sádico capaz de sonreír cuando estaba a punto de asesinar a un niño en pantalla. Leone quería a Fonda por el impacto que la secuencia tendría en los espectadores habituados a pensar en ese actor como en el héroe americano por excelencia. El resultado fue, por descontado, una secuencia inenarrable; cuatro de los más impactantes (y mejor dirigidos) minutos en la historia del séptimo arte.

En Grease, salvo que la memoria me falle, no matan a nadie. Pero no subestimen ustedes el impacto que en pleno 1978 tenía ver a Olivia Newton-John ─la cantante inofensiva favorita de las madres─ vestida de negro, con el cabello cardado, fumando y tocándose los dientes con la lengua después de haberse pasado toda la película ejerciendo de la Olivia Newton-John que todo el mundo tenía en mente. Esto, visto desde hoy, puede parecer no gran cosa. Sin embargo, en 1978 y para una cantante que estaba sencillamente en la cumbre, era una jugada muy arriesgada. Una cosa era ser considerada guapa o atractiva, que todo el mundo podía ver que lo era, y otra cosa era presentar una imagen provocativa. Olivia Newton-John nunca había sido percibida como un icono sexual, desde luego no del modo en que por esa misma época podían ser percibidas Lynda Carter o Farrah Fawcett. En otras palabras, una secuencia como la de «You’re The One That I Want» podía cargarse su imagen pública y, por ende, su carrera musical. Hoy pensamos en Grease como un mega éxito cinematográfico, pero antes del estreno nadie podía saber cuál sería su recepción comercial. Al final, eso sí, Newton-John no tuvo que preocuparse mucho de cómo era percibida por el público; la banda sonora de Grease vendió tanto que Olivia comprendió que quizá había encontrado un nuevo tipo de oyente más joven al que no le importaba si se mostraba más provocativa.

Es más, ella misma consideró el cambio de percepción pública casi como una liberación y de inmediato dio un giro a su carrera musical, llegando a publicar canciones como «Make A Move On Me» («Ven a tirarme ficha», incluyendo impagable mirada inicial a la cámara, pero ya no tan inocente como en 1965) o la celebérrima «Physical», cuya letra, que jamás hubiese cantado antes de Grease, habla de una mujer teniendo una cita con una interesante conversación y demás, pero que termina diciendo «No queda nada más que hablar, salvo que sea horizontalmente; deja que sea tu cuerpo el que me hable» (O sea: venga, follemos ya). Y qué decir del videoclip asociado, sencillamente impensable para la Newton-John de 1975, cuando nadie la hubiese imaginado acariciando a tipos musculosos, poniendo caras lascivas ante una cámara, o haciendo guiños nada sutiles a la comunidad gay. Creo de verdad que no se aprecia el carácter revolucionario que todo esto tenía. Hoy parece poca sosa en comparación con lo que vemos en los videoclips y actuaciones de artistas contemporáneos, pero Olivia hacía todo esto en 1981, cuando Madonna estaba todavía grabando maquetas y repartiéndolas por garitos de Nueva York. Y, no lo olvidemos, cuando aún era una gran estrella que no necesitaba asumir estos riesgos.

Su carrera cinematográfica, por el contrario, sí sufrió un golpe con el fracaso de su siguiente película Xanadu, un producto fallido donde, además de la presencia de la propia Olivia, la música era lo único salvable.

Eso sí, su carrera discográfica continuó en buena forma durante los ochenta. En 1992 se produjo la noticia de que estaba padeciendo cáncer; para toda una generación, aquello fue verdaderamente chocante. Olivia aún era joven, cuarenta y cuatro años, y era la clase de figura pública a la que todo el mundo tenía aprecio. Es decir, ¿cómo podía padecer cáncer Olivia Newton-John? ¿Qué clase de broma universal era aquella? Pero ya sabemos que nadie está libre. Lo superó; y lo superó otra vez en 2013. Esta tercera vez no lo ha superado. Pero no olvidemos una cosa: hasta hace muy poco, todavía estaba dando lecciones de clase, elegancia, talento y saber hacer sobre un escenario. Por ejemplo, su actuación en el festival de Viña del Mar del año 2017. Olivia estaba a meses de cumplir setenta años, ¡setenta años!, y lógicamente había perdido voz con respecto a su juventud. A veces la garganta le fallaba un poco (¡solamente un poco!), pero se pasó el concierto supliendo esa menor potencia con un absolutamente increíble despliegue de sabiduría y técnica vocal. Es difícil exagerar el talento que poseía esta mujer. Insisto: nos hemos quedado sin una de las mejores voces del mundo. Como pobre consuelo, nos quedan sus discos, nos quedan sus apabullantes actuaciones filmadas, y nos queda Grease, que supongo todos estamos a punto de ver una vez más. Nos has vuelto a romper el corazón, Olivia, pero a ti te lo perdonamos todo.

 

 

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26 Comentarios

  1. Michelle Szell

    Descanse en paz una de las voces más prescindibles del planeta. A Olivia sólo se le conocía por “Grease” (un dudoso “remake” de los tiempos en que el rock’n’roll significaba algo, orientado a adolescentes y reorientado a sus papás merced a un opresor marketing publicitario) y los posters orientados a los pajilleros de la época. Olivia canta mejor que Travolta, pero es que el loro de mi vecina canta también mejor que Travolta. Un ejemplo más de que la maquinaria publicitaria estadounidense es implacable y tremendamente eficaz. “Grease” es un bodrio. Dos años antes de su lanzamiento Paco de Lucía produjo “Almoraima” (1976), cenit inmortal del compositor y virtuoso flamenco. Musicalmente hablando faltan epítetos para caracterizar una obra tan sublime. Sin embargo, musicalmente hablando no sabes ni qué decir de “Grease” de lo mala que es.
    Lo lamento mucho por la legión de invadidos por la música anglosajona, pero al lado del infravalorado Pepe Cepero, musicalmente hablando Olivia fue apenas nada. Cepero es auténtico, no un producto del marketing. No será el virtuoso de la guitarra que fuera el fiera de Paco, pero ha tenido toda la vida un sentido melódico impecable. Deberíamos hacer homenajes a los musicos auténticos en lugar de a los sucedáneos bien afianzados de la industria cultural estadounidense.

    • Se ha muerto Olivia Newton John, se le hace un panegírico y lo aprovecho para hablar de flamenco. No es que seas un paleto. Es que eres un paleto maleducado.

    • Transeunte

      Probablemente el loro de su vecina también tenga mas luces que vd.
      Sinceramente, no se si tiene vd. algún trauma de juventud con «Grease» o con Olivia Newton John (pasiones no sublimadas? poluciones nocturnas (del tipo que sean), quizás?) pero háganos un favor a todos y vayase a paseo.

    • María López

      No solo eres ignorante (te falta muchísima información de la persona de la que hablas), además eres desagradable y con una nula capacidad de empatizar (de tu mala educación ni me molesto en comentar). Olivia Newton-John era, y será, una persona con un talento inconmensurable (otra cosa es que alguien tan cerrado y fanático como tú tenga la capacidad de apreciarlo). Flaco favor le haces a los cantantes que, supuestamente, admiras mencionándolos aquí, en un momento tan fuera de lugar como éste. Qué mal gusto has demostrado tener. Que tengas suerte en la vida…

    • Tienes que echarte una novia o un novio.
      Te va a venir bien.

    • El problema de nuestro tiempo, que un cretino con conexión a internet se vea en la necesidad de escribir una absurda opinión que a nadie interesa, sobre flamenco, en un lugar fuera de contexto.

    • Que tera que ver unha cousa ca outra! Lo digo en gallego porque tiene más fuerza e ironía. Lo dice alguien que tiene casi todos los discos de Paco de Lucía y todos los discos de Camarón. No tengo Grease, pero la disfruté en mi juventud.

    • Que tendrá que ver Cepero , De Lucía y Almoraima con Olivia Newton Jhon. No entiendo tu innecesario comentario como no sea para provocar. Pero aprovecho para sugerirte que compares ahora a tus idolatrados con Mozart. Dirás que no tienen que ver . Pues igual que tu deposición mental.

      • Michelle Szell

        Me parece perfecta la comparación con Mozart, otro genio de la música.
        No yo, sino un tal «ray victory» quien expresa más abajo qué explotaba esta señorita. Según Gorgot, sin embargo, no era un icono sexual, no, que va. Era un música como Mozart o Paco de Lucía.
        Apaga y vámonos.

  2. Cepero también es Paco, no Pepe. Un comentario el suyo muy oportuno, con el cuerpo de la finada aún caliente. Que pase un buen día.

  3. Hola Emilio
    Yo recuerdo la historia justo de forma opuesta: se había promocionado, muy potente, la imagen de una Olivia «rockera» de negro -la única rockera «auténtica» por aquel entonces era Suzy Quatro- y, cuando por fin vimos la peli, digamos, las papeleras se llenaron de muchos sueños rotos.
    A mi, de siempre, me gustó la Olivia «natural» pero leyendo como describes sus primeros pasos me has recordado a otra «aussie» de la generación siguiente: Kylie Minogue. Incluso con su etapa cancér.
    Mucho tuvo que ver el «rise and fall» de Robert Stigwood (otro aussie) ascendió a Travolta, Bee Gees, Olivia y hundió a Travolta, Bee Gees -Frampton de paso- y Olivia.
    Leyendo los comentarios hay que recordar que en el 74 ganó ABBA, participó Olivia Newton-John y por España fue Peret. Pero no con el «Borriquito como tú…»
    Un saludo, Manuel.

  4. Yo me he quedado en “Hemos perdido una de las mejores voces del mundo”. En el ranking de los 100 mejores cantantes anglosajones (Rolling Stone, 2008) ella no aparece. Lo mismo era la mejor voz 101ª. Será eso. ¿O nos estamos refiriendo a Agnetha Flakstog? Claro que como es sueca, no aparece. Y ¿qué significa que Travolta eligiera una “barbie girl” cuando la que mandaba en las pistas de aquel momento era Donna Summer? ¿Demasiado bronceada para el guión? Hablando del guión de “Grease”, ¿cuál es? Sobre todo a partir de la primera media hora. Que alguien me lo explique. No sé por qué, pero esa película está tan atiborrada de clichés que no he sido capaz de entenderla muy bien.

  5. Que maravilla de perfil. Ayer justamente revisaba Xanadu y esa secuencia de baile que tiene con el gran Gene Kelly es una muestra de lo grandiosa que fue Olivia…

  6. Pero que matraca os lleváis últimamente con cualquier chorrada made in USA.
    Es una chica que cantaba bien. No ha descubierto una pastilla contra el cancer

    • Si quieres leer sobre pastillas contra el cáncer te sugiero que vayas dentro de Jotdown a la sección de Ciencia y Tecnología. Esta es la de Música y TV .

  7. Emilio, muchas gracias por este artículo lleno de respeto y de admiración hacia, como bien afirmas, una de las mejores cantantes que ha existido nunca. Y gracias por dar alguna información que la mayoría de la gente desconoce de su música y de su vida (aunque queda mucho más en el tintero). Olivia era un ser humano excepcional, toda su vida la dedicó a hacer grandes obras para ayudar a muchas personas y para proteger el medio ambiente, era una auténtica leyenda en el mundo de la música (pero de esto serán conscientes muchas personas cuando pase el tiempo…). Gracias, Olivia, por haber podido disfrutar de tu voz, de tu talento y, sobre todo, de tu humanidad.

  8. Me dan un poco de pena las personas que no pueden disfrutar a la vez de Grease y Paco de Lucía. Yo lo hago. Y de Buñuel y Schwarzenegger. Y Zola y Stephen King. Se pierden gran parte de maravillosas películas, discos o libros.

    Y si hablamos de Travolta; Fiebre del Sábado noche – imagino que muy vilipendiada – es otra maravillosa película con mucho más debajo de la música y el baile ( que también disfruto ), es sobre la vida ¿ predestinada ? de los jóvenes de la clase baja-trabajadora y un retrato de una ciudad y una época, al igual que en la también maravillosa y vilipendiada Rocky ( la primera ), donde ese tan vilipendiado Stallone ( que de acuerdo, ha hecho muchos bodrios ) pero con el guion e interpretación de Rocky, ambos nominados al Oscar en una época en que como los Grammy significaban algo ya hubiese pasado a la historia y que esa legión de gafapastas hipster cineastas hubiesen matado por haber escrito o dirigido alguna de las dos.

    • Acertado comentario. A mi Grease me da igual si es una buena o mala película, pero es una película que me hace feliz. Todo en ella me hace sentir bien. Y por encima de todo está Olivia. DEP

  9. Para gustos se hicieron los colores

    Compararla con Elvis o Chuck Berry es desproporcionado. Si no fuera por Grease no la conocerían ni en su casa. Tampoco es que tuviera la voz de Montserrat Caballé, de la Netrebko, Renée Fleming, Diana Damrau o Sondra Radvanovsky. Dicen que más vale tener suerte que talento.

  10. Cuanto hater suelto por acá … un articulo para recordar obra y vida de una gran artista y salen con criticas de cine y flamenco … busquense un vida.

  11. La verdad es que yo no era fan de su faceta artística, pero tengo entendido, como apuntaban más arriba, que era una persona generosa. Con eso me quedo.

    Y tiene su lugar en el imaginario colectivo de la gente, lo cual es bastante más de lo que consigue el 99% de los seres humanos.

    DEP

  12. Qué bien escribes, Emilio.

    Soy bastante fan de los comentarios de Jotdown, a veces por lo buenos y a veces por lo maldad. En este caso por la maldad.

    Los que dicen que Olivia es solo conocidas por Grease supongo que hablan de su ignorancia, como yo no la conocía, no era famosa antes. Y supongo también que será gente rondando los 70 y versados en la cultura anglosajonay hablarán de primera mano.

  13. ray victory

    El número 2 de Sólo para Hombres de Susana Estrada, un Playboy del año 73 (mi padre trabajaba fuera de España) dónde había un especial de «mujeres maduras de muy buen ver», y Grease con ONJ de negro y taconazos, fueron para mi éxtasis sexuales. No sé cuántos años ¿45? después todavía me ponen perro perro perro pero perro perro perrako……..grande ¡Olivia Newton John!. Qepd.

  14. Gracias por esta reseña de una Cantante, Artista y sobretodo una mujer que transmitia mucha alegria.
    Grease en concreto no es tan solo un pelicula para adolescentes con dos sexsymbols y una musica pegadiza. Grease fue para la generacion de preadolescentes, adolescentes y veinteañeros de finales de los 70 una vision bastante grafica de algunos de los problemas por los que pasabamos en aquellos momentos, muy sweet, muy light, pero todo siempre se ha de ver desde la epoca en la que se hizo y se estreno, y sobretodo como era la sociedad entonces, no desde ahora y por mentes de ahora.
    DEP Olivia (Sandy)

  15. Esa cinta oculta bellamente mi sempiterno estado depresivo, al menos durante un buen rato… solo por ello merece un lugar privilegiado en mi particular olimpo. Hasta siempre, Olivia.

  16. Anargothoromotoph

    Siempre pensé que en la Película de Grease la pareja ideal, en vez de Olivia Newton John y John Travolta, habrían sido Paris Hilton y Bud Spencer.

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