
Este artículo está disponible en la revista Jot Down Places.
El sentimiento y fervor mostrado por los aficionados británicos, finlandeses o daneses destaca ante el bipartidismo preponderante en una ciudad marcada por la clara querencia hacia el Real Madrid y, en menor medida, el Fútbol Club Barcelona. Multitud de civilizaciones han pasado por las costas de Málaga. Ciudad abierta al Mediterráneo y con un claro carácter de madrastra para los suyos. Poco amor propio y grandes elogios de foráneos. Desde épocas inmemoriales.
Málaga es ahora una urbe que crece. Para algunos, envuelta por la polémica de la gentrificación, los apartamentos turísticos, los rascacielos inalcanzables para la mayor parte de su clase social trabajadora y el all-in por el sector turístico, y, para otros, en plena transformación y expansión. La Málaga moderna. Las dos caras de la moneda.
Málaga ha sido la ciudad del año para El Mundo. La modernidad absoluta para la revista Vogue o el lugar del mundo más buscado entre los usuarios del portal de viviendas turísticas Airbnb. Por delante de París, Tokio o Nueva York. El lugar donde todos quieren venir, vivir y emprender. Google y las grandes multinacionales como Amazon ponen el foco en la capital de la Costa del Sol. Un destino idóneo en el que desea instalarse cualquier inversor y amante del fútbol, aunque, paradójicamente, en el ámbito del deporte rey, el Málaga C. F. marcha cuesta abajo y sin frenos.
En el deporte, Málaga presenta un estigma casi desde que el balón empezara a rodar, ya desde los Baños del Carmen, en décadas posteriores, con el Club Deportivo Málaga, y hasta ahora, con la actual nomenclatura. El concepto de ser malaguista siendo malagueño. Solo eso. Sin infidelidades o amantes. Casi supone encontrar una aguja en un pajar. La piedra filosofal. Un ser extraño, raro. Un ciudadano que porta, sin quererlo, la etiqueta de vivir en territorio comanche, porque el Málaga es el segundo equipo de la ciudad.
El sueño de las mil y una noches que diseñó con cimientos de arena Al-Thani sigue generando un daño presente en el club. Un Málaga intervenido judicialmente desde hace más de tres años bordea el precipicio del fútbol profesional y una masa social que desciende. El Málaga no es solo una pasión de malagueños. En un reducto de quince mil gargantas fieles y con «limpieza de sangre» o puro malaguismo destaca un pequeño núcleo de seguidores cuyo pasaporte pone Helsinki, Copenhague, Bruselas, Bremen o cualquier localidad a más de mil kilómetros de la céntrica calle Larios.
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Aunque no tenga mucho que ver con el artículo, ¿no se va a realizar más artículos tras los torneos de Grand Slam de tenis?
En Fuengirola hay una colonia finlandesa abundante e incluso tuene peña malaguista
Recomiendo el libro La revolución pasiva de Franco. En él se cuanta como se planificó la emigración ordenada del campo a la ciudad, pero a la ciudad entendida como las dos o tres principales. Explica por qué las regiones interiores y Andalucía nos hemos quedado mirando al cielo, esperando que viniera lo que caía en otras partes y que no llegaría nunca.
Málaga ciudad abierta.
Esa es la clave en mi opinión.
Aquí, la identidad no es un artefacto intelectual de exclusión, con destellos de pureza de raza.
Aquí, la identidad fluye en las relaciones, en lo cotidiano sin necesidad de renunciar a otras por lejos que residan (Finlandia, Dinamarca, Noruega….), incluso son bien venidas ambas. Es la cultura de la convivencia pacífica. Y, la vida
El rollo del futbol es un dato mas