Ciencias

Trastorno bipolar: luces y sombras de la mente

Edvard Munch Ashes 1895
Ashes (1895). Edvard Munch

Elma no sabe cómo ha llegado hasta aquí, fantaseando con la fantasía de desaparecer. Quería desvanecerse desde el canalón más alto y que la condujera hacia el abismo más profundo. Parecía que todo estaba mejorando, pero no. Ya hacía mucho tiempo desde la última vez que se sentía sin fuerzas, apática, triste, sin experimentar placer por nada. Su mente preclara, ordenada, pulcra e inmaculada ahora parecía un remolino imparable de caos, anarquía y confusión. Últimamente se sentía fuerte, sana, indestructible, con más energía que nunca. ¡Pero si apenas necesitaba ya casi dormir! ¿Qué importaba que la hubiesen despedido? ¿qué importaba que hubiera discutido con su mejor amiga? Nada en absoluto. Ninguno de ellos estaba preparado para escuchar la verdad. Sin embargo, en estos momentos, sola en la habitación, cuando la noche se torna más larga y fría que nunca, ella solo piensa en desaparecer, en liberarse del ciclón que la está arrasando, y acabar con todo.

Mucho antes de que llegase a este mundo, el lenguaje ya había intentado delinear su silueta dentro de la jerga psiquiátrica. Ya, en la segunda mitad del siglo VIII a.C., Homero escribió acerca del velo de misterio y encantamiento que rodeaba la vida mental. Elma se parecía a Ulises, cuando este es hechizado por el dulce y aterciopelado canto de las sirenas. Sus pensamientos y sus actos no podían atribuirse a causas orgánicas o psicológicas, sino que eran fruto del flujo maligno; de ese que envían los furibundos dioses para castigar o simplemente para mofarse. O tal vez no era eso lo que le sucedía, pues habría que esperar varios cientos de años para que las ciencias cognitivas modernas sistematizaran el orden y el caos, las luces y las sombras de la mente.

En 1952, se hizo un primer esfuerzo por categorizar y estandarizar las enfermedades mentales de la mano del Diagnostic and Statistical Manual of mental disorders (DSM). La fragua psiquiátrica forjó un nombre como respuesta a lo que Elma había estado esperando. La denominación de trastorno maniacodepresivo brindaba un nuevo orden a las cosas, y describía una suerte de cambios de humor extremos (manía), o de una tristeza profunda (depresión) o un caleidoscopio de ambas (tipo mixto), como si de un todo o nada se tratara.

Sin embargo, tuvieron que pasar más de 60 años para que la quinta versión del DSM la llevara al mítico viaje hacia el futuro, trasportándola a la presente era. Una era que nos ha permitido saber que, detrás de este carrusel emocional, se esconde el trastorno bipolar, denominado de este modo por su característica sintomatología en la que aparecen periodos de abrumadora euforia, seguidos de periodos de desesperanza y apatía, como si de los polos superiores e inferiores de un iceberg que viaja a la deriva en la inmensidad del océano se tratara. Este trastorno es mucho más que simplemente «altibajos», es un trayecto complejo a través de los extremos de la experiencia humana.

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