Desde que tiene uso de razón, Edelmiro se hace llamar Elgrel. A casi todos sus conocidos el nombre les evoca a un poderoso hechicero o a un rey Elfo. A otros le suena a título de Orco, pero la alternativa es mucho peor. Edelmiro es nombre de chupatintas, de subsecretario de hacienda, de funcionario de correos de hace medio siglo, cuando la gente aún bautizaba a sus hijos como si quisiera vengarse de ellos. Aunque en realidad nadie llama a Elgrel por su nombre, ni verdadero ni adoptado, todo el mundo le conoce por su mote, el negro. Elgrel se gana la vida redactando biografías de actores, cantantes, deportistas y folclóricas, cuando no escribiendo novelas que luego firman empresarios, periodistas, famosos de variado pelaje e incluso políticos, ya que en el país se ha puesto de moda ser autor y todo el mundo quiere escribir un libro.
Un día, Elgrel decide vender su alma al diablo a cambio de que le sea dado parir una novela definitiva, que refleje con exacta precisión el país en el que vive y las gentes que lo habitan.
No es la primera vez, naturalmente, que un escritor recurre a Satanás para engendrar la obra última. Es muy posible que el Dr. Fausto de Goethe tuviera mucho más de experiencia autobiográfica de lo que suponemos, pero el caso de Borges no admite duda. Tal y como se demuestra en Babel revisitada, el maestro argentino tuvo que recurrir a los poderes de Mefistófeles para escribir su ópera magna, La biblioteca de Babel.
Elgrel, pues, se aplica a realizar los ritos que invocan a Belcebú. Dibuja el pentágono, en cuyos vértices enciende las correspondientes velas, le corta el pescuezo a un pollo (lo de cortar pescuezos va a tener sus repercusiones más adelante), traza los símbolos demoníacos en el suelo de la habitación, se fuma un porro y aguarda. El príncipe del mal no tarda en aparecer. O para ser más exactos aparece un emisario, quién le informa ser el representante de los negocios del Averno en la tierra. Se trata de un señor moreno, de nariz afilada y bigote un poco pasado de moda. Su atuendo recuerda el de un profesor universitario, su acento y maneras refinadas delatan una exquisita educación sajona. Elgrel se pregunta cómo darle la ritual bienvenida. Se ha preparado varias invocaciones satánicas, pero ninguna parece muy apropiada. Así que opta por una fórmula más convencional.
Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.







«un político de centro llamado Esteban González Pons»
El artículo destilaba equidistancia tibia hasta que se revela en todo su esplendor la militancia de su autor, Gómez Cadenas.
De centro. Chúpate ésa. Dónde habrá que estar para soltar semejante disparate.