Arte y Letras Lengua

Desgrasiadas, simberguwensas y pinindihos

Imagen: The Bancroft Library, University of California (DP)
Imagen: The Bancroft Library, University of California (DP)

Dicen que en Filipinas, hasta que llegamos los españoles en el siglo XVI, no disponían de una palabra para designar el concepto «problema». Se quiere dar a entender con esto que exportamos ambas cosas: el concepto y su correspondiente palabra para nombrarlo. Es cierto que después de que Miguel de Legazpi y compañía pusieran el pie en el archipiélago, «problema» empezó a formar parte de ese 30% de vocablos de raíz española que se fueron incorporando al léxico del tagalo. Pero los nativos de aquellas islas sí que conocían disgustos y preocupaciones antes de nuestra arribada, y disponían de un vocablo, suliranin, para hablar de ellos. La incorporación del término hispánico, cuando allí contaban ya con uno propio con el mismo significado, puede que tuviera que ver más con nuestra idiosincrasia que con las circunstancias históricas de los habitantes de aquella parte del sudeste asiático. Quizás la palabra suliranin era apenas utilizada entre unas gentes cuyo lema vital ha sido siempre el bahala na —una especie de resignación ante los designios del destino— y «problema» se acabó imponiendo por su pronunciamiento reiterativo por parte de los occidentales, tan proclives a ahogarse en un vaso de agua ante el mínimo contratiempo. Por cada cinco problemas habría un suliranin.

El idioma español penetró en aquellas lenguas indígenas, influyendo en su morfología y en su fonética, de las que, a su vez, también recibió influencias. Se llegó así a un híbrido lingüístico. El exponente más notable es sin duda el chabacano, idioma mayoritario aún hoy en las islas del sur y en el que el 60% del léxico procede del español. Después de 1898, año hasta el que duró la ocupación española, hubo varias etapas en las que el kastiliano tuvo mayor o menor aceptación, oficialidad o, incluso, legalidad en Filipinas. En la actualidad, aunque no ha desaparecido completamente, ya no es idioma oficial, pero kotxe, tinidor, kutsara, simberguwensa, silya, ikonomia, paborito, kapasidad, malisya, nobyembre, okasion, o produkto son algunos ejemplos de las abundantes voces españolas que, con adaptaciones ortográficas y de pronunciación, forman parte del vocabulario del tagalo, idioma hoy, junto con el inglés, mayoritario en el país asiático.

Remontémonos en el tiempo a aquellos años en los que la tarea de empezar a comunicarse entre advenedizos y locales tuvo que ser tan ardua. No solo por la dificultad que conlleva aprender y enseñar un idioma totalmente desconocido, sino por lo complicado que resultaría conceptualizar una nueva realidad que aparecía, sobre todo para los anfitriones —anfitriones por obligación— de manera sorpresiva. Permitámonos sacar ciertas conclusiones a partir de algunas de las expresiones derivadas del castellano que acabaron siendo incorporadas al idioma de los filipinos. A través de este ejercicio, carente de toda pretensión científica, psicológica o sociocultural, podríamos elucubrar sobre las personalidades del prestamista y del prestatario y, asombrosamente, colegir que el español y el filipino de hoy somos en muchos aspectos el español y el filipino de los siglos XVI al XIX.

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20 comentarios

  1. Magnífico articulo. Muy interesante, y nada chabacano!

  2. Endevé cómo es esta indiosingrasia de maja y de buena. ¡Igualito que la española! Me he divertido mucho con el artículo y me ha resultado de la más instructivo -claro que yo era de los que pensaban que Manila era un pueblo cerca de Teruel-. No suelo comentar mucho por aquí pero como veo que es el primer artículo que escribes -reconozco que piqué con las ganas de leer alguna otra cosa tuya- en así que te doy mi más sincera, y chabacana, enhorabuena. ¡Buen comienzo!

  3. Muy divertido e interesante ! Viajo de vez en cuando a Filipinas y tengo algunos amigos filipinos. Pondré en práctica esas palabras con ellos…

  4. Fabuloso artículo! No suelo comentar pero ha sido una lectura muy amena, con contenido muy interesante. Como referencia para ver cómo era la relación entre colonizadores españoles y nativos, recomiendo la lectura de Noli Me Tangere, del autor clave de la literatura filipina José Rizal (en español en el original).

  5. Pingback: Desgrasiadas, simberguwensas y pinindihos | Notas de navegación

  6. Conciliador

    Ya sé que no son filipinos pero a rebufo del tema de lengua que nos ocupa y sus diferentes sentidos, ¿no podría alguien advertir en su país a los mexicanos que visitan España que no pueden ir llamando «maricón» a todo el que interpelan? Un día van a tener ustedes un serio disgusto, «weyes»…

  7. Genial el articulo! Me viene al pelo: escribo desde Dumaguete, estoy viajando unas semanas por aqui y las conversaciones con la gente local (increiblemente amables por cierto) siempre pasan por ahi. Me rio mucho con las palabras que usan, aunque por las Visayas de tagalo poquito, aqui incluso usan los numeros y los dias de la semana en castellano. Muy extraño. Hace poco asistí en Síquijor a una conversación de barrio : «problema» y «solucion» eran pronunciadas frecuentemente de forma perfecta. Vaya conceptos les transmitimos. Totalmente de acuerdo con lo del carácter filipino, enhorabuena al autor.

  8. Hace unos años explotó una bomba en un autobús de Manila. Murieron varias personas y hubo muchos heridos. El conductor salió ileso. Su nombre: Máximo Peligro.

  9. Al norte de Venezuela se encuentran las islas preciosas de Curaçao, Aruba y Bonaire donde reina el idioma «Papiamento» con un gran número de palabras de orígen español. Algunos ejemplos:
    Macaco (mono), cachó (perro/cachorro), candela (fuego) y miles más.
    https://lasindias.com/indianopedia/curso-de-papiamento

  10. Carmenchu Oria

    Si no me equivoco, el muy socorrido «bahala na» tiene su origen en Allah (Alá). Por eso justamente tiene que ver con resignarse ante los designios de (un) Dios o un destino. Saludos de una filipina radicada en los confines del mundo (Chile).

  11. Carmenchu Oria

    Tuve la gran dicha de estar en mi patria en dic.-enero y pude constatar por enésima vez, la imbatible resiliencia y alegría de vivir de mis compatriotas. A pesar de una pobreza abyecta, corrupción a todo nivel, los tifones y terremotos destructivos, llevan la sonrisa, el canto y el baile a flor de piel. Bien podrían otros pueblos aprender de ellos. Mabuhay ang Pilipinas!!!

    • ¡Son ustedes el pueblo perfecto para vivir sometido mientras cantan y ríen! ¡Ja, ja, ja, ja…! ¡¡Venga alegría… señores, venga alegría..!!

      • Carmenchu Oria

        Estimada Imelda: todos los pueblos han sido sometidos de una manera u otra, en algún momento u otro. Y prefiero poder recurrir a la resiliencia (en la forma que ésta se dé) que vivir – aparte de sometido – también amargado. Saludos.

  12. Carmenchu Oria

    Eso de duplicar palabras tal vez provenga del lado malayo del Tagalog. En Bahasa Melayu, se utiliza para señalar lo plural. Ejemplo: orang (hombre/persona)….orang orang (hombres/personas).

  13. Raymundo Addun

    ¨Bahala na¨ proviene del Bathala na. Bathala era el dios prehispanico de los filipinos. Tiene origines hindues.

  14. Pingback: Desgrasiadas, simberguwensas y pinindihos

  15. César González Alén

    Muy interesante el artículo. Es interesante descubrir la impronta cultural de la España colonial, en forma de vocabulario. Aunque, según relatas con tono divertido, haya habido bastantes confusiones semánticas. Me parece un trabajo paleográfico, lo es en realidad. Has sabido ver en la anécdota de expresiones llamativas, precisamente por sus equívocos, un reflejo del intercambio cultural, o en todo caso, como el español dejó su legado lingüístico como superestrato.

  16. ¿Tiene redes sociales? Me gustaría seguirle y leerle con mas frecuencia

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