Arte Entrevistas

Ramón Sanmiquel: «Democratizar el arte me parece una gilipollez»

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Ramón Sanmiquel vive y pinta en Segovia donde, según nos cuenta,  ha ido a parar un tanto por designios de la casualidad y otro tanto por haber hallado en el singular barrio de judería su sitio, el buscado para parir sus criaturas. Acuarelas, grabados y dibujos que surgen de su mano con precisión quirúrgica.  Reconoce que suele despertar curiosidad su pasado como médico, profesión que abandonó para dedicarse a su verdadera vocación, y se percibe la impronta de su pericia anatómica.  Nos acoge poco antes de inaugurar exposición en Madrid para enseñarnos sus bocetos, sus obras, sus planchas de  grabado y su universo de retratos que nos rodea mientras hablamos.

¿Tu metamorfosis profesional la provocó la aversión a la medicina o el amor al arte?
Siempre he pintado y la medicina la dejé en cuanto pude.  Es algo que si puedo no hacerlo no lo hago, sólo en caso de extrema necesidad o ser un mercenario. Supongo que eso no habla muy bien de mi vocación. Pero realmente no hubo tal metamorfosis. O quizá sí, de manera progresiva. Cuando dispuse de tiempo para dedicarme a la pintura lo hice;  fue una progresión bastante natural.

Eres autodidacta, ¿cuál ha sido tu método de aprendizaje?
¡Fijarme!

¿Investigas técnicas nuevas?
Sí, muchas veces por azar. El proceso de aprendizaje al ser autodidacta es mucho más lento,  en ocasiones te obliga a descubrir.

¿De quién has tenido mayor influencia?
No tengo un referente claro. Cualquier pintor que considere bueno, lo observo. Observando aprendo. Me gusta  el románico, el expresionismo alemán… pero eso no quiere decir yo haga expresionismo, simplemente me gusta verlo.

Pero para hablar de algo es imprescindible nombrarlo ¿qué etiqueta te pondrías?
Las famosas etiquetas. No sé, estoy dentro de la figuración pero no podría etiquetarme. Soy un coetáneo, ahora mismo estoy vivo…

¿Renacentista contemporáneo?
Está bonito, está bonito. Me gusta. Yo no lo he dicho, pero me gusta.

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En algunas de tus obras tratas dos temas, la religión y el sexo, en los que permites entrever tu perspectiva íntima. ¿Hay en ello honestidad o deseo de transgresión?
Honestidad siempre. A veces la transgresión viene después. Escandalizar por escandalizar funciona una o dos veces, pero ésa no es la máxima. Aún así, puede pasar: cuando Blathus pintó su famoso cuadro La lección de guitarra lo hizo por escandalizar y funcionó. Escandalizar puede ser útil, pero el poso que deja se diluye rápidamente, la masa lo absorbe de tal forma que no afecta en nada, no hay un antes y un después de un «liarla parda». Esa es mi manera de verlo, por mucha apología que haga en contra de la religión y que defienda que el hombre sea libre de una vez por todas.

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