
Con mayor o menor éxito —dependiendo siempre de la gracia natural del conferenciante— el uso del humor es una práctica habitual en los buenos discursos políticos. Si es así, ¿no debería estar el humor más presente en el discurso político? Sin embargo, ¿qué es lo que les lleva a querer hacer reír a su público? ¿Se trata de un mecanismo para estar más relajados como oradores, o hay algo más tras esta estrategia de comunicación?
El humor relaja, tanto al orador como a su audiencia, permite destensar una situación, algo importante en el éxito de un discurso. Cualquiera que se haya enfrentado alguna vez a dar una charla habrá escuchado aquello de «tener una broma preparada para romper el hielo». En general, hablar en público genera miedo, y es una de las fobias sociales más comunes en adultos. No hay más que observar las caras de los universitarios al decirles que un porcentaje de su nota final dependerá de una presentación oral en clase para comprobar los elevados niveles de estrés que provoca el enfrentarse a hablar delante de otros. Utilizar el humor es un buen recurso para crear un ambiente favorable al éxito del discurso.
Las bromas basadas en el lenguaje son un atributo único de los humanos. Sin embargo, existen evidencias de que los simios ríen también en situaciones cómicas, o que provocan el ridículo de otros. En este sentido, Darwin ya había señalado que es posible hacer reír a los chimpancés haciéndoles cosquillas. Esta risa, tan similar a la nuestra, es mucho más frecuente en el caso de los humanos, y con distintos usos. El humor en los humanos, presente en todas las culturas, requiere del uso del lenguaje, de la empatía y de complejos mecanismos. En la evolución de los homínidos el reírse en grupo remplazó a lo que en otros primates era el acicalarse, como podía ser peinarse mutuamente. Por lo tanto, la función primordial del humor es la de crear vínculos, o reforzar los existentes, ya sea despiojando al otro o explicándole un chiste.
Por lo tanto, la risa se utiliza como un mecanismo de reforzamiento de la unión dentro de un grupo. Pero, ¿cuál es la razón que nos lleva a sentirnos más vinculados a aquellos que se ríen con nosotros, que nos provocan una carcajada, o que se ríen de nuestras bromas? Las endorfinas. Al reírnos segregamos endorfinas, neurotransmisor que juega un papel clave en la creación de vínculos. Algo parecido a lo que sucede durante el orgasmo, con la ventaja adicional de que la risa permite extender este efecto a grupos mayores, ya que varias personas pueden reír a la vez. Por el contrario, actividades de acicalamiento en grupo, como peinarse o sacarse los piojos, tienden a estar restringidas a la creación de un vínculo mutuo.
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Muy buen artículo. Hay un elemento muy positivo en la risa que es lo genuino, lo de verdad. Si te ríes es que te ha hecho gracia de verdad. Eso es impagable en un mundillo tan falso y artificioso como el de los políticos. El que hace reír sabe con certeza que ha sido capaz de trasmitir el mensaje
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Excelente artículo.
En España no sobran los políticos con sentido del humor. No hay más que ver, por ej., a muchos del Pp afirmando que estamos saliendo de la crisis.
He querido decir «no faltan».
Cabeza la mía, oyes.
El humor está muy bien. Lo que está de más son los graciosos, los payasos, los bufones y otros muchos de similares características que sobreabundan en la política, sobreactúan de cara a quienes consideran su público y sólo se toman en serio a si mismos.