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Latinoamérica redonda: Barras bravas, el negocio del sentimiento

A Boca Juniors' fan holds a flare during their Argentine First Division soccer match against River Plate in Buenos Aires May 5, 2013. REUTERS/Marcos Brindicci (ARGENTINA - Tags: SPORT SOCCER)CODE: X90087
Fotografía: Cordon Press.

Todo comenzó con un ruido seco y ahogado, reconocible a la primera para quien vive en una gran ciudad latinoamericana: un disparo. A ese le siguió otro, y otro, y después un crash de botellas rotas. Y entonces vimos entrar por un portalón a una marabunta al galope.

—¡Corran, la concha de su madre!

Pero nadie movió un pelo.

Acabábamos de llegar al campo de fútbol del histórico club San Telmo de Buenos Aires, en la Isla Maciel, un barrio marginal a escasos quince minutos del centro de la capital argentina. Envuelta por el Riachuelo, una lengua de aguas pestilentes que desemboca en el Río de la Plata, la Isla no es tal, pero a ella se sigue accediendo por balsa desde el vecino barrio de La Boca. Sus casas, de chapa y madera, podrían ser una postal turística, como Caminito, pero están sin pintar, y abrigan historias de desigualdad y decadencia. Siempre ha sido un lugar temido para los hinchas visitantes. Pero aquella tarde hirviente de febrero de 2006 empezó demasiado fuerte, entre los humos de la hamburguesa y el choripán, la garrapiñada y la marihuana, olores clásicos de las canchas argentinas. En menos de una hora se iban a enfrentar San Telmo y Talleres de Remedios de Escalada, de Primera B Metropolitana, equivalente a Segunda B. El robo de unas pancartas en un partido previo provocó que la hinchada local recibiese con una emboscada a los valientes que iban a acompañar a su equipo en tierra hostil. Primero fueron unos tiros al aire, luego varios cócteles molotov (uno de los cuales le quemó medio cuerpo a un aficionado rival) y, finalmente, carreras sin fin. Eso es lo que escuchamos del otro lado del campo de fútbol —dos gradas, una tercera de apenas tres tablones y un cuarto lado, tras la portería, convertido en aparcamiento—. Se nos decía que corriéramos, no sabíamos si para involucrarnos en las peleas o para escapar, pero allí nadie hacía ademán de nada, como si hubiera que esperar algo más.

Ante el recibimiento de los de San Telmo, los de Talleres de Escalada respondieron como mandan los cánones de la batalla: contragolpeando. Una turba entró por una esquina, a empellones, al aparcamiento donde habíamos dejado el coche. Sin poder hacer nada, vimos como destrozaban en dos minutos la mayoría de coches con varas y trancas, saltaban encima de ellos, lanzaban patadas voladoras a los retrovisores, abollaban los capós. La jauría hambrienta intentó entonces romper la reja que los separaba de la hinchada local. Y estos respondieron enzarzándose a puñetazos, patadas y palazos. A simple vista parecía un sálvese quien pueda. Pero para nuestros colegas, cincuentones imperturbables de ceja caída, parecía ser un domingo más.

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12 comentarios

  1. Pingback: Latinoamérica redonda: Barras bravas, el negocio del sentimiento

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  3. Impresionante artículo e impresionante la indignación que provoca lo que cuenta.

  4. Para quién no lo haya visto:
    https://www.youtube.com/watch?v=kjg-wNrljs0

  5. Estando en Buenos Aires fuí a ver a Boca en la famosa bombonera y todo lo negocié con el encargado del hostel, puedes ir a ver cualquier partido de la primera en capital o provincia. Por comodidad lo hice así de primeras.

    Vienen en un bus o auto dependiendo a cuantos turistas recojan en tú zona y te acercan al estadio con una parada técnica en un bar de barras bravas cerca del campo, allí recalan todos los turistas de la ciudad que después ubicarán en un sector determinado del campo. Por supuesto te puedes proveer de cualquier cosa en ese bar, merchandising, comida, bebida y otras cosas….. Lo tienen todo organizadísimo y obviamente con la permisividad de quién corresponda.

    En los siguientes partidos que fuí ya me aventuré en solitario, Independiente, San Lorenzo, River….y la verdad sin problemas. En el nuevo gasómetro saqué entrada para la popular y ponerme cerca de los barras, tienen el control de los puestos de comida y bebida así que te venden cualquier cosa del equipo (falsificada) dentro del propio estadio.

    Se vé que está muy arraigado, los de abajo quieren su parte del pastel por las ‘bravas’.

    • En 2004 asistí a un Boca-Estudiantes. Fui a las taquillas, pensando en sacar una entrada de popular (20 AR$, al cambio 4€) aunque un abuelo con su nieto me aconsejaron ir a otra ubicación. Al final saqué la entrada más cara del estadio(100 AR$, 20€ al cambio en aquel entonces) en la bandeja lateral central del estadio y vi el partido cómodamente sentado.

      Un par de años después un conocido se ufanaba de haber ido a La Bombonera con la 12. Había pagado ¡alrededor de 150€! (un verdadero dineral para una entrada de apenas 5€)

      • No estuve con la doce, estuve en el fondo de enfrente, obviamente pagas más en el tour pero recién acababa de llegar y no conocía a nadie.

        Ni de coña pagué 150, eso debe de ser si vas donde la famosa doce, ni siquiera la mitad en 2010.

  6. Hace unos días salió a la luz una conversación telefónica en la que el Rafa Di Zeo (uno de los barras de Boca más famosos) le aseguraba a su interlocutor que Angelici, el actual presidente de Boca, lo «bancaba a muerte» a él y a Mauro Martín (otro barra que está aliado al Rafa). También, hace unos días, el presidente de Temperley tuvo que renunciar por amenazas de los barrasbravas de ese club. Los barras son la fuerza de choque no sólo de las dirigencias de los clubes, sino también de la política. Hasta las agrupaciones universitarias usan sus «servicios». Hay muchos barras que son empleados públicos en varios municipios del conurbano.. como dice el artículo, hace algunos años mostraban trapos en contra de Clarín, y al mismo tiempo el gobierno armaba la ridiculez de «Hinchadas Unidas Argentinas», que sirvió para que estos tipos puedan viajar al Mundial de Sudáfrica. A su vez, Cristina Kirchner en un discurso del 2011 o 2012 dijo que respetaba mucho a «aquellos que alientan sin mirar el partido». Una verguenza.. las barras nunca van a ser eliminadas mientras sigan siendo fomentadas por el Estado. Ya lo intentaron en Independiente: su ex presidente Cantero los echó del club con el apoyo de los socios, pero nunca lo apoyaron desde la AFA y mucho menos desde el gobierno, y todos los demás clubes se hicieron los boludos con el tema. Justo Independiente estaba pasando por una crisis terrible, se fue a la B y Cantero al tiempo se tuvo que ir. Los barras volvieron al día siguiente, y hoy manejan ese club a la par de la dirigencia (Moyano, el sindicalista de camioneros; hay algo más parecido a una barrabrava que un sindicato peronista?). Otra cosa preocupante es que los barras se adjudican la fiesta, el folklore y demás. El mencionado Di Zeo justificaba el choreo de las barras diciendo que ellos eran parte del espectáculo ya que entretenían las tribunas, y que por eso merecían una parte de las ganancias. Ellos son los que inventan las canciones que se cantan en la cancha, y cuando a la gente (el hincha común) le gustan y las canta, creen que eso los está legitimando. Es una cagada, porque barras como «organizadores del aliento» va a haber siempre y no está mal, pero lamentablemente con eso se alimenta la violencia y los negociados que hay atrás. Algo interesante, para los lectores de Borges, que esta página siempre veo que hay muchos, es que posiblemente el barra promedio actual sea el «matón» de esta época, el que Borges buscaba recrear en los cuentos sobre cuchilleros para evocar a los guapos del 900, a los compadritos y orilleros anteriores a las oleadas inmigratorias.

  7. Sebastián Mateus

    Yo agregaría algo más: Mauricio Macri, exdirigente de Boca, hoy es presidente de la Argentina.
    Cada uno saque sus conclusiones.

  8. Excelente la nota. Saludos desde Buenos Aires.

  9. EXCELENT articulo.
    El hincha en serio debería boicotear »TODOS» los partidos.
    Pero…¿Quien no sabe de esto?
    Estadios vacíos por decision de pueblo quizás, solo quizás, podría generar un cambio.
    Pero OJO…F.I.F.A. no permite que se inmiscuyan los gobiernos.
    Agua y ajo….
    Joderse y tomar quina…

  10. Como estudiante de antropologia crei que conocia a todos los colegas suecos que habian vivido en Buenos Aires los ultimos años pero evidentemente se me escapo el autor de esta nota y la de Messi.

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