
(Viene de la primera parte)
El 4 de enero de 1642, Carlos I de Inglaterra, acompañado por cuatrocientos soldados, irrumpe en el Parlamento inglés para disolverlo, como hace siempre que las propuestas de la cámara no le agradan. Esta vez, sin embargo, los parlamentarios se niegan a someterse. Tienen motivos para resistir, pues aún se extienden los rumores sobre un posible golpe militar encabezado por el rey. Además, ha estallado la guerra en Irlanda y continúa la insurrección escocesa. La posición del monarca en Londres está derrumbándose. Pronto se oye el afilar de espadas cuando el ejército, como la propia Inglaterra, se divide en dos. Las tropas repartidas por todo el país quedarán, dependiendo del lugar, al mando de partidarios del rey o al mando de partidarios del Parlamento. En las ciudades, dominadas por los burgueses y los puritanos, los militares apoyan al bando parlamentario. Lo mismo sucede con la marina. En las zonas rurales, controladas por los aristócratas y la iglesia anglicana oficial, las guarniciones se decantan por el bando realista. Trazando una línea imaginaria, el norte de Inglaterra queda en manos de Carlos I y el sur en manos del Parlamento. Es la primera guerra civil inglesa. De ella emergerá una figura destinada a cambiarlo todo.
Cromwell aparece en escena
Oliver Cromwell tenía cuarenta y tres años cuando estalló la guerra. Su experiencia bélica era nula; sabía montar a caballo y manejar una espada porque, al igual que muchos otros burgueses ingleses de su tiempo, había recibido una instrucción armamentística muy rudimentaria que se impartía ante la posible necesidad de convocar milicias temporales con las que resolver situaciones de emergencia a nivel regional. Pero nunca había combatido y tampoco había recibido formación táctica o estratégica. Como decíamos en la primera parte, ni siquiera había dado muestras de poseer una especial capacidad de liderazgo. Había pasado su vida administrando granjas y yendo a la iglesia, poco más. Sin embargo, como en su reciente etapa parlamentaria se había mostrado más activo que en la de su juventud, y como sus colegas del partido puritano apreciaban su fervor religioso y su compromiso con la causa, le dieron algunas responsabilidades en la preparación de tropas. Cromwell volvió a su región natal, el condado de Cambridgeshire, para hacerse cargo del reclutamiento de soldados. Fue en esa tarea cuando, de repente, el hasta entonces irrelevante Oliver Cromwell empezó a dar señales de una inesperada eficacia. Su primera hazaña fue casi propia de una película de aventuras: los partidarios de Carlos I en Cambridge habían preparado un cargamento de plata para ayudar a financiar al bando realista, pero Cromwell interceptó la caravana al poco de que esta hubiese abandonado la ciudad. Después utilizó todo ese dinero para reclutar un regimiento de jinetes con el que obtuvo su bautismo de fuego durante varias escaramuzas en las que, quizá para sorpresa de sus conocidos, puso a prueba con éxito su valor.
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Menudo cliffhanger, ya te vale.
Muy buena serie de artículos. ¡Enhorabuena! Habrá que seguir atentos a lo que falte.
Bueno y fiel al estilo de las grandes series. Grande.
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¡Gracias!