Deportes

Eddie Howe, del fango a la élite

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Eddie Howe, entrenador del Bournemouth, 2016.  Foto: Cordon.

La Premier 2016/17 puede ser testigo de la mayor concentración de talento en los banquillos de la historia reciente del fútbol. Los mejores entrenadores del planeta coinciden al mismo tiempo en la liga más mediática, y no son pocas las voces que lamentan que estas figuras —Antonio Conte, Arsène Wenger, Mauricio Pochettino, Pep Guardiola, etc.— están restando presencia al entrenador inglés.

Esta teoría, sostenida principalmente por representantes de la vieja guardia de los técnicos de las islas británicas, se ve comprometida por la aparición en los últimos dos años de Eddie Howe. Por debajo de la cuarentena, aún con aspecto de jugador, el entrenador del Bournemouth dignifica la figura del entrenador inglés situándose en las antípodas de clásicos como Sam Allardyce o Harry Redknapp. Eddie Howe no se mete en batallas de cuotas de técnicos nacionales contra técnicos extranjeros, sino que se dedica desde el silencio y la discreción a hacer progresar a un Bournemouth que de su mano sabe lo que es formar parte por derecho propio de la élite absoluta del fútbol británico.

La vida de Eddie Howe ha estado ligada al Bournemouth desde niño. Dos décadas atrás era el capitán del filial cherry cuando fue convocado por primera vez para un partido del primer equipo. El rival era el Hull y el escenario la poco glamurosa Division Two, tercer escalafón entonces del fútbol inglés. La cita lo tenía todo para ser un partido anodino más en el sur de Inglaterra, pero para el joven Eddie, que apenas había cumplido dieciocho años, era un sueño hecho realidad. El técnico en aquella época, Mel Machin, lo incluyó en una convocatoria que Howe creyó que sería la única, por lo que afrontó semejante regalo como un premio que debía aprovechar al máximo. Aún sin un contrato profesional, Howe no tenía grandes expectativas en aquel partido. Ni siquiera esperaba pasar el corte que le hiciera ganar una plaza en el banquillo. Machin no desveló el equipo titular hasta una hora antes del encuentro, y el apellido Howe fue el segundo que nombró, lo que suponía que no jugaría de central, su posición habitual, sino que sería el lateral derecho del Bournemouth.

A Eddie se le encogió el estómago. Le costaba asimilar que en una hora jugaría un partido de fútbol profesional. Aún hoy tiene grabada aquella impresión en la memoria. Con el partido en juego, recuperó sus dos primeros balones y empezó a percibir gestos de aprobación desde la grada. Comenzaba entonces una historia de amor que va ya por su segunda década sin avistar fin en el horizonte. Fue nombrado mejor jugador del partido mientras su madre lloraba en las gradas, henchida de orgullo, y su entrenador aseguraba a la prensa local que «Eddie tiene un brillante futuro por delante».

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2 comentarios

  1. Pingback: Eddie Howe, del fango a la élite – Jot Down Cultural Magazine | METAMORFASE

  2. ¡Gracias!

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