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Walt Whitman, Walter White y la ambición del castrado

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Breaking Bad (2008-2013). Imagen: AMC.

«¡Oh, Capitán, mi Capitán!». Estas fueron las palabras con las que muchos descubrimos a Walt Whitman. No lo hicimos en la biblioteca del barrio, leyendo alguna copia de Hojas de hierba, no. Las escuchamos con la voz doblada de Robin Williams en El club de los poetas muertos. Ese profesor Keating nos agarraba en plena adolescencia como agarraba a los adolescentes Ethan Hawke o Robert Sean Leonard y nos sacudía a todos con la poesía de Whitman. Nos daba igual que no supiéramos que se trataba del más grande poeta de los Estados Unidos ni de que el poema en cuestión estuviese dedicado a Abraham Lincoln, ni siquiera que no terminásemos de entender del todo lo que significaban esas palabras. Porque estaban allí, al otro lado de la pantalla, para empujarnos al otro lado de la niñez:

¡Oh, Capitán, mi Capitán! Nuestro azaroso viaje ha terminado;
El barco capeó los temporales, el premio que buscamos se ha ganado;
Cerca está el puerto, ya oigo las campanas, todo el mundo se muestra alborozado,
la firme quilla siguen con sus ojos, el adusto velero tan audaz.

¿Quién demonios sería ese capitán? ¿Cuál era el premio? ¿A santo de qué venia el velero? No teníamos ni idea y nos daba igual. Sabíamos que allí había cariño y admiración. Whitman se lo había escrito a Lincoln y nosotros conocíamos a alguien que era como Lincoln, alguien a quien queríamos y admirábamos. Nos gustaría escribirle un poema o, al menos, que supiese lo que sentíamos. En el fondo, queríamos creer que el tiempo nos iba a convertir en ese capitán.

Veinticinco años más tarde, una generación de nativos digitales más tarde, Walt Whitman volvía a aparecer en un producto audiovisual alejado de las bibliotecas. Fue en el sexto episodio de la tercera temporada de Breaking Bad, y seguramente ya no se escucharía con voz doblada sino con subtítulos en español: «When I heard the learn’d astronomer». Cuando escuché al docto astrónomo.

Cuando escuché al docto astrónomo;
cuando las pruebas, las figuras, se alinearon frente a mí;
cuando me mostraron los mapas celestes y las tablas para sumar; dividir y medir;
cuando, sentado, escuché al astrónomo hablar con gran éxito en el salón de conferencias,
de repente, sin motivo, me sentí cansado y enfermo;
hasta que me levanté y me deslicé hacia la salida, para caminar solo,
en el mismo aire húmedo de la noche,
y de cuando en cuando,
mirar en silencio perfecto a las estrellas.

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14 comentarios

  1. Interesante juego de palabras (Walt Whitman), no sabía que el nombre hacía referencia a ese personaje.

  2. javier penadés suñer

    Hablando de series de TV que hacían referencia a Walt Whitman es preciso recordar que en uno de los primeros episodios de «Doctor en Alaska» se habla mucho de este autor norteamericano. Yo lo descubrí, precisamente, viendo esta magnífica serie televisiva.

  3. Magnifica y sobresaliente Breaking Bad. Hubo dias que vimos hasta 4 episodios seguidos. Ahora estamos con «Better call Saul», precuela de la anterior. Es posterior en el tiempo, pero en la ficción anterior a Breaking Bad. La serie también es de Vince Giligan, ese geniecillo.

    • Maestro Ciruela

      Ahora mismo es, con diferencia, la crème de la crème de lo que se nos está ofertando. En dura competencia con «The Young Pope» de Paolo Sorrentino.

  4. Yo tampoco me había fijado en lo de las iniciales. En cierta forma Withman fue el padre de todos los novelistas posteriores, sobre todo de los de la generación Beat. Recomiendo un articulo divertido sobre el tema http://buxunosecalla.es/no-soy-un-hipster/

  5. Magnífico artículo. Magnífica serie… Todo ello sin abordar el tema de la incertidumbre y el nombre de Heisenberg.

  6. M. Ángeles

    Gran artículo, nunca se habla demasiado del gran Walter, siempre en nuestro corazón! Muchas gracias.

  7. Armin Tanzarian

    Me siento en la obligacion moral de afirmar que tras ver Breaking Bad hubo(y todavía persiste) un vacío que nada más lo ha satisfecho

  8. La historia de Breaking Bad y el personaje de Walter White (y otros personajes), beben de la historia de Walther von Tschirnhaus y la porcelana.

    http://despuesnohaynada.blogspot.com.es/2014/02/el-alquimista-impaciente.html

  9. Pingback: Pasado Mainstream – Análisis de Políticas de Comunicación

  10. Fernando V. Morillo

    Nuestro HEISEMBERG existió porque Walter White leyó Walt Whitman. La humanidad toda debería vivir la vida basada en no vivirla motivada en el miedo (como el fracasado profesor de química) que es lo mismo que «vivir muriendo», sino vivir la vida motivada en el amor a la vida, que es «morir viviendo».

  11. Diego Leonardo Cañete

    Y es 71

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