
Siempre hay una fatalidad. Un pliegue en el curso de la vida que nos lleva forzados a otro lugar cuando ya habíamos tomado todas las decisiones que tanto nos costaba tomar. La venganza de los relojes: si no lo haces a tiempo, no lo podrás hacer. Las puertas de la realidad se cierran y se abren bajo nuestros pies trampillas tramposas en el último segundo. Y es el último de verdad. «Hay un tiempo para todo», decía el Eclesiastés. Y hay un tiempo que ya no es.
Le pasa a Romeo que no consigue regresar en el momento justo. Cuando todavía es posible el antídoto y la salvación. La tragedia se construye en torno a la casualidad más cabrona de la historia de la literatura. No son los Montesco ni los Capuleto los que separan a los amantes. No es la ley de Verona. Ni las puñaladas que han acabado con la muerte de un buen hombre y con la de un macarra. No son las convenciones, ni las habladurías. Es un mensajero que no entrega su misiva a tiempo. El pliegue maldito lo frustra todo. Una brújula mal calibrada. Mientras, el reloj no para de contar y no juega a favor de Romeo. Julieta se muere de ausencia hasta pretender que la muerte se la ha llevado. Y a Romeo ya solo le quedará la posibilidad de desaparecer.
Acto cuarto. Escena primera. Romeo ha marchado al exilio. El calendario dicta que el siguiente jueves Julieta ha de casarse con el noble Paris. Ni puede confesar que ya es esposa de Romeo, ni puede negarse al matrimonio preparado por su familia. Pero fray Lorenzo tiene un plan. Una pócima simulará que Julieta se ha quitado la vida. Pasará cuarenta y ocho horas en su estado de letargo y al volver de entre los falsos muertos Romeo victorioso confesará que es su esposo y el amor triunfará. Pero el amor no está para triunfar. El amor está para tropezarse en un camino y echarlo todo a perder. «Entre tanto, y antes de que te despiertes, Romeo conocerá, por carta, nuestros planes, y se apresurará a venir; él y yo mismo vigilaremos hasta tu despertar. Romeo te llevará hasta Mantua».
Lo que el buen fraile no espera es que el rumor de la muerte de Julieta llegue a Mantua antes que el mensaje en el que se explica el ardid. El mensajero que tenía que llevar la carta ni siquiera saldrá de Verona. El destino le ha dejado atrapado en la casa de un apestado, encerrado por las autoridades por temor a que se propague la enfermedad. Romeo regresará a Verona en el momento que no es. Y sin saber. Solo una tumba le espera ya. Una de verdad. Para los dos.
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Muchísimas gracias por las horas de reflexión que ha provocado su artículo en mí. Estoy de acuerdo en que hay un tiempo para todo, pero cuál es?.
Si Romeo debía llegar a tiempo para salvar a Julieta, este llego, tarde.
Pero si para que nosotros viviéramos como maravilloso y único cada instante que estamos junto a la persona amada, el debía llegar tarde, entonces Romeo llego a tiempo.
Un escultor se fue del lado de su amada un día, en busca de las aventuras que darían tema a sus obras . Volvió veinte años después, convertido en un ex mercenario y pintor. Su amor ya lo había visto en sueños flotar muerto en un rio, y lo enterró. Si él tenía que volver por ella, llego tarde. Pero si debía llegar tarde al reencuentro con su amada, para comprender que aquellas mil guerras ajenas no eran el tema de sus obras, sino que este estaba en lo que sintió aquella tarde hace veinte años atrás, en una habitación de hotel en la plaza del Pino, junto a ella, entonces llego a tiempo.
Es imposible determinar el tiempo de cada cosa, si no conocemos antes el guion, y la vida no lo tiene.
Muchas gracias otra vez por su artículo.
Excelente articulo
Bellísimo el texto (y triste como si hablásemos todos a solas con nuestro fantasma más amado) y hermosísima la música. Una pasá de gracias. Todas.
Maravilloso artículo. Si uno comparte suficientes momentos con la persona amada, es posible crear una realidad alterna sin tiempo, aunque no siempre pueda vivir en ella. La persona amada y el amor como un fondo de retiro, el cual le permite al alma vivir más allá de la sentencia del ciclópeo.
Todos han estado esperando a un tal Prentice, capitán del SOE, la organización secreta Special Operation Executive («esos malditos miserables hacen uso del tiempo a su antojo»…
«El amor está para tropezarse en un camino y echarlo todo a perder.»
hermoso.