Sociedad

Afganistán aún existe

Foto 1 Lorena Verbena Centro Ortho Kabul
Lorena (izquierda) y Verbena (derecha), junto a sus colegas del Centro de Rehabilitación del CICR en Kabul. © Verbena Bottini.

(English version here)

Para Lorena Enebral Pérez, in memoriam.

El tipo realmente importante de libertad implica atención, y conciencia, y disciplina, y esfuerzo, y ser capaz de preocuparse de verdad por otras personas y sacrificarse por ellas, una y otra vez, en una infinidad de pequeñas y nada apetecibles formas, día tras día. (David Foster Wallace, Esto es agua).

Primera parte: las leyes de la guerra

Habían ido allí para matarse los unos a los otros. Más de doscientos mil hombres de parte y parte, pertrechados con sables y fusiles, pistolas de arzón, bayonetas y unos cañones semioxidados que despedían un tufillo acre después de escupir su carga de plomo hacia los confines del cielo. Tras nueve horas de contienda, el balance no resultaba alentador: cinco mil muertos y veintitrés mil heridos se desangraban en el campo de batalla. El escenario era el pueblo italiano de Solferino. Corría el año 1859.

Henry Dunant, en cambio, no tenía intención de matar a nadie. La única razón por la que este suizo patilludo había acudido a Solferino era para tratar de entrevistarse con Napoleón III, quien además de capitanear uno de los ejércitos en liza era una suerte de influencer de la época predigital. (Dunant quería solicitar la ayuda del emperador para obtener concesiones en el norte de África, controlado aún por los franceses).

No tenía intención de matar a nadie, cierto, pero se topó de frente con la muerte. Y en vez de sortearla, se apresuró a movilizar a los ciudadanos de Solferino para atender a los miles de heridos y enterrar dignamente a los muertos. De regreso a su Ginebra natal, Dunant escribió un librito de apenas cincuenta páginas con el que cambió la vida de cientos de millones de personas: Recuerdo de Solferino. En él criticaba duramente la muy extendida costumbre de dejar que los soldados malheridos se pudriesen en el campo de batalla, para regocijo de invertebrados de cuerpo cilíndrico y aves de rapiña de toda clase. Aquel librito hizo furor entre las monarquías e imperios europeos de la época, que se miraron los unos a los otros con una mezcla de remordimiento y vergüenza. Poco después de su publicación, en 1863, se fundó el Comité Internacional de la Cruz Roja, precisamente con el objetivo de proteger y asistir a las víctimas de los conflictos armados. Un año más tarde, en 1864, se firmó el primer Convenio de Ginebra. Su principal disposición era tan sencilla como revolucionaria: los Estados firmantes se comprometían a recoger y cuidar a los heridos del campo de batalla, sea cual fuere su nacionalidad. Nacieron así las leyes de la guerra, conocidas también como Derecho Internacional Humanitario o Ley de los Conflictos Armados.

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8 comentarios

  1. En primer lugar, me quito el sombrero ante esta gente, especialmente ante la fallecida Lorena Enebral.

    En segundo lugar, quiero aportar unos matices críticos a lo que se expone en el tercer punto. La URSS no invadió Afganistán, acudió a apoyar al gobierno legítimo del país tras una petición formal de ayuda. Llegó a haber trece solicitudes de intervención. Brzezinsky explicó claramente cómo el departamento de estado estadounidense se dedicó a armar y organizar a los muyahidines, que desestabilizaron al régimen legítimo afgano, lleno también de sus propios problemas. Es decir, y ahí viene el sarcasmo, en primer lugar fue la desestabilizacion con apoyo americano y también saudí, y después la intervención soviética por petición del gobierno legítimo; no obstante, se habla habitualmente de invasión soviética como origen del conflicto de 40 años aún vivo, cuando habría que hablar de injerencia yanqui.

    • Gracias, Máximo. Tienes toda la razón en que la Operación Ciclón / apoyo de EEUU a los muyahidines comenzó antes de que la URSS «interviniese» en Afganistán. Y dado que el gobierno afgano solicitó dicha intervención, también estoy de acuerdo en que sería más correcto hablar de intervención, y no de invasión. Por otra parte, y aunque hay muchas lagunas al respecto, los historiadores parecen estar de acuerdo en que la URSS asesinó al Presidente Amin al par de días de entrar en Kabul. De modo que se da la paradoja de que la URSS fue al país bajo petición de un gobierno, y acabó asesinando al jefe de dicho gobierno. (Que tampoco llevaba tanto tiempo en su cargo…). En fin, la sección de historia afgana es una grotesca simplificación de cuatro décadas complejas, pero gracias de nuevo por la oportuna precisión.

      • Efectivamente los soviéticos asesinaron a Amin, que había asesinado a su vez en septiembre al anterior presidente Taraki. Para algunos este fue el motivo que desencadenó definitivamente la intervención soviética, pues Amin era un dirigente más voluble y se le acusaba de ser agente americano.

        Gracias a usted por su artículo.

  2. Era necesario este conmovedor artículo porque ya en la prensa no se habla más. Nos hace tener esperanzas en un mundo mejor a través de estas personas generosas. Mi admiración al autor.

  3. Magnífico y muy reconfortante. Como bien se dice, Lorena «aprendió a compartir». Y del mismo modo aprendió a vivir, a perdonar, a disfrutar, y lo más importante, a evolucionar. Se adaptaba. Gestionaba tan bien sus emociones que siempre pensaba que el vaso se puede, y se tiene, que rellenar. Ella tenía un don. Algo inherente a su persona e indudablemente presente en sus genes. Al igual que la gente con un don para la ciencia, o para las letras, o para los deportes, Lorena integraba de forma natural en su personalidad todos aquellos rasgos positivos de las personas que iba conociendo. Absorbía como una esponja todas las cosas buenas y en seguida las regalaba a todo su entorno. Era un flujo constante de energía positiva. Otra parte más del «efecto Lorena», la impronta Lorena. Ha hecho feliz directamente a muchísima gente, pero no es cuantificable la gente que lo es ahora y que lo será indirectamente gracias a Lorena. Entre ellos mis hijos (y todo el que me rodea), que también gozarán de la onda expansiva del efecto Lorena. En este sentido ( y puede que me equivoque) Lorena ahora es una estrella cuya luz seguirá llegándonos mucho después de su desaparición. Siempre en nuestros corazones.

  4. Gracias por escribirlo. Su espíritu era (es) inefable. Conexión, sentido y trascendencia… gracias

  5. Gracias por el artículo, necesario, emocionante y muy bien escrito.

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