He fracasado una y otra vez en mi vida y eso es por lo que tengo éxito.
Michael Jordan (campaña para Nike, 1997)
Nueva etapa en mi vida personal y profesional. Camino a Los Angeles.
Ricky Rubio (a través de su Twitter, ayer)
Aún recuerdo con resignación una de las pruebas más fehacientes de que el fútbol lo fagocita todo en este país (España): en 2007, Ricky Rubio y Bojan Krkic, eran los finalistas al Premio As del Deporte, en la categoría de jóvenes promesas. El primero venía de hacer historia repetidas veces en la ACB; el otro… de jugar en el Barça. De fútbol. Se lo dieron a Bojan, claro. Unos meses más tarde, Ricky jugaba la final de los Juegos Olímpicos de Pekín ante uno de los mejores combinados de la historia del baloncesto. Bojan, poco tiempo antes, había renunciado a ser convocado para jugar la Eurocopa, porque era demasiada presión para alguien tan joven como él. Ricky se pasaba el balón por la espalda delante de Jason Kidd y Chris Paul, mientras Bojan veía en la tele tanto la Eurocopa como los JJ.OO.

Durante mucho tiempo a Raúl González se le colgó la etiqueta de que era muy joven. No sé cuánto tiempo tuvo 17 años: tal vez lustros; creo que ha pasado la mitad de su vida teniendo esa edad. En baloncesto ha sido paradigmática la figura de la eterna promesa, aquella que se enquistaba con el papel de jugador con gran potencial que finalmente se quedaba en nada. A cualquiera que le guste el deporte de la pelota gorda se le llenará la cabeza el nombre de Cargol, Pep Cargol, el tan manido tres alto que parece el santo grial del baloncesto, cuando este deporte a veces es tan sencillo como tener un cinco alto y cuatro jugadores que defiendan fuerte y se la sepan dar en ataque. Cargol, decíamos, parecería tener cincuenta o sesenta años, pero si ni siquiera los tienen Epi e Iturriaga (andan ambos por los 52), qué decir de él, que era el que les llevaba las toallas en los tiempos muertos. Cuarenta y tres añitos solamente y muchos jurarían que jugó en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles. Y es que en este caso como en muchos otros, el problema ha sido la sobreexposición mediática, someter a la lupa de analistas ociosos los más mínimos gestos de, al fin y al cabo, poco más que adolescentes.
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Hola Arturo, acabo de conocer tu blog y estoy revisando tus muy acertados artículos, solo hacerte un inciso, pues en el último párrafo del artículo menciones como si fueran dos partidos, lo que fue el mismo, la final cadete del campeonato europeo, de los 51 puntos, 24 rebotes, 13 asistencias y 7 recuperaciones es el mismo partido en el que empató en el último segundo con un tiro desde el centro del campo.
Por lo demás excelente artículo sobre el increible Ricky!
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