
El fin del mundo como obra de arte (a partir de un libro de Rafael Argullol) es la exposición colectiva organizada por Isidro Hernández Gutiérrez, comisario y conservador del Tenerife Espacio de las Artes. Los fondos de este centro, combinados con obra cedida por coleccionistas, los ha organizado en una muestra donde participan veinticuatro creadores de renombre local e internacional, aportando piezas que van desde los años veinte hasta la actualidad. Presentada con éxito en el TEA el pasado mes de abril, la muestra vive ahora la segunda etapa de su circulación en la Comunidad Canaria, en Las Palmas, en el Centro de Arte La Regenta. Se podrá visitar hasta el 13 de enero.
Una escritura en suspenso
Breve y terminal, El fin del mundo como obra de arte: Un relato occidental es uno de los libros donde las vocaciones literaria y filosófica del escritor barcelonés cuajan de manera más lograda, construyendo una narración tragicómica, crepuscular, funambular. Si el autor se ha presentado, en otro de sus textos, como un cazador de instantes, aquí encontramos el momento del Acabamiento. La caza de la clausura. Una escritura de la suspensión que se adentra en el tema del Fin a partir de una perspectiva mitocrítica, evitando les aproximaciones que, en el momento en que se publicó, en el año noventa, eran las más habituales: la paranoia apocalíptica por el hongo atómico —«el gran tótem de nuestra civilización», lo llamó Argullol, su «forma sin forma»— y el aviso para navegantes en procelosas aguas contaminadas. No sorprende, pues, que su perspectiva, una decantación de los estudios precedentes sobre la estética de lo sublime, haya suscitado tanto interés como para que a la primera edición, que inauguró la influyente colección Ensayos/Destino, le siguiera otra y después una tercera, en Acantilado, en 2007. Como tampoco es infrecuente que el carácter transversal del texto haya inspirado a artistas transmediales, así el zaragozano Enrique Radigales, quien —antes de la muestra que comentamos— desarrolló una instalación site-specific, donde reprodujo a gran escala, en barro pintado sobre tela, el fondo de escritorio del ordenador del autor.

Sensualidad de la destrucción
En el montaje, que se despliega en dos pisos enteros de La Regenta, el comisario ha preferido también, a su vez, renunciar a les opciones de display más previsibles, como hubieran sido —además de las temáticas atómica y ecológica— la puesta en sala literal de obras semejantes a las que el libro analiza, o el énfasis en el fundamento filosófico. Fundamento lo hay, y es sólido, pero no consiste en un equívoco distingo entre pensamiento y obra, entre Idea y pigmento, sino en una concomitancia necesaria entre los imaginarios heredados de la antiguedad y las sombras actualísimas que proyectan sobre las vivencias de hoy.
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Es un artículo muy interesante. Me pone en el camino de seguir investigando .