Destinos Ocio y Vicio

Boston

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La mayoría de bostonianos no conocen de nada a Dennis Lehane y por tanto no saben que ahora mismo es el mejor embajador de la ciudad en la literatura norteamericana. Lehane (Dorchester, 1966) se ha especializado en historias que transcurren en un Boston de barrios sin red. Lo hizo con Mystic River, llevada al cine por Clint Eastwood en aquella borrachera de memoria y dolor. Y repitió con Cualquier otro día, relatando varias historias que van imbricándose en la segunda década del siglo XX, en el North End, tumba y cenáculo de la inmigración italiana. Cuando el North End era golpeado por sucesivas tundas de hostias (la gripe española, el terrorismo anarquista, el hambre…) al mismo tiempo que la supremacía irlandesa de Beacon Hill, en el epicentro de la ciudad, acostumbrada a subyugar a la población negra, iniciaba su decadencia.

Noventa años después, quedan pocos rescoldos de aquello. Boston, donde vive Lehane, tiene menos población que entonces y se ajusta más a la imagen de ciudad utilitaria que han proyectado algunas series como Ally McBeal o Boston Legal. Sin lo peor de las grandes capitales, pero con varias de sus mejores virtudes. Si en Nueva York el mar embiste con violencia, en Boston (a 300 km de la Gran Manzana) las olas rompen cadenciosamente y la vida se antoja más sencilla. Tanto en Boston como en Nueva York empieza a ser muy evidente la dualidad entre deportistas fibrados y obesos mórbidos. Consecuencias del primermundismo.

El antiguo North End sindicalista y miserable, lindado por la bahía atlántica y el Downtown, ha mutado en un lugar apacible a espaldas del TD Garden. Los fines de semana se forman colas de turistas en torno a la Old North Churh, la iglesia madre de la revolución contra los ingleses. El barrio, inmerso en pleno proceso de gentrificación, está siendo progresivamente ocupado por la clase alta. Pero conserva todavía pedigrí de Little Italy gracias a la ristra de negocios bautizados como Gaetano, Davide, Damiano, Matteo o Ernesto. Ernesto’s Pizza, por ejemplo, es el salón destartalado donde quizás se sirven las mejores pizzas de Massachussets.

Articulada como una malla, la ciudad descose septentrionalmente sus costuras a través de la Blue Line, que conduce a núcleos donde el español es el idioma cooficial y Messi compite en presencia con Mitt Romney (ex gobernador de Massachussets y precandidato presidencial a las elecciones de 2012). Los venezolanos antichavistas están llegando fluidamente y han pasado a llamar a Boston, Bostonzuela. Una noche, mientras esperaba en el último apeadero de la Blue Line, un venezolano me dijo: “yo no vuelvo; en Venezuela ya no creen en la vida”.

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3 comentarios

  1. Hablar de Dennis Lehane es hablar de Boston y cuando lees sus libros ocurre también eso de no poder salir de ellos. Dan ganas de pasar allí una temproada.

    http://planetamancha.blogspot.com.es/search/label/Dennis%20Lehane

  2. Hola, enhorabuena por su interesante artículo.

    Voy a Boston la semana que viene, y me preguntaba si podría recomendarme algún restaurante. Algo auténtico, nada de turisteo por favor.

    Gracias.

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