
El 21 de noviembre de 1983, la revista Newsweek sacaba en portada una TV-Movie de la cadena estadounidense ABC. El titular decía «TV’s Nuclear Nightmare». Recogía el impacto que había tenido la emisión de la película The Day After sobre un ataque nuclear en Estados Unidos. Fue la película con más audiencia de la historia de la televisión, más de cien millones de personas la vieron en directo, y el semanario se preguntaba si la cadena había realizado un servicio público o emitido propaganda. ¿Cómo afectará a los niños? rezaba el subtitulo.
A un niño español que la vio por la tele a finales de los ochenta en España, como fue mi caso, le impactó bastante. No como para ponerse a llorar o no poder dormir, pero sí para quedarse de piedra y tomar conciencia de que una guerra nuclear, como se decía entonces, no la gana nadie. Sin embargo, la URSS desapareció, así como los regímenes comunistas europeos, llegó la globalización, la interconexión, etc… y nos olvidamos del riesgo de guerra nuclear.
Ese miedo había existido durante décadas. La información sobre Hiroshima y Nagasaki era suficiente para asustar a la población. Tal y como recoge el documental The Atomic Café en 1982, desde los cincuenta se filmaron numerosas películas y vídeos informativos para preparar a la gente para una conflagración de estas características y, al mismo tiempo, normalizar el riesgo. En los noticiarios sobre las pruebas nucleares se minimizaban los efectos, quienes advertían de que las consecuencias eran más graves, eran tachados de locos y borrachos, o de algo peor, de comunistas. En el mismo documental aparecía Lyndon B. Johnson diciendo sobre la bomba: «Hay que acostumbrarse a tenerla y vivir en un mundo donde el enemigo de la libertad también la tiene».
Durante los sesenta y setenta hubo un periodo de distensión, pero en el ocaso del gobierno de Brezhnev se recrudeció el enfrentamiento. En contra de esta dinámica, siempre hubo activismo en contra de las armas nucleares, pero más que sus manifestaciones, a principios de los ochenta unos artículos de la superestrella científica Carl Sagan tuvieron un gran impacto en la opinión pública. El divulgador advertía de que una guerra de estas características llevaría al invierno nuclear, que podría causar la extinción de la especie humana. Los obispos católicos y el resto de autoridades cristianas del país se posicionaron en contra de las políticas de Reagan de proliferación de armas nucleares. En 1982, las encuestas nacionales mostraban que ocho de cada diez personas estaba a favor de congelar la fabricación de este tipo de armas. En junio de ese año, cientos de miles de personas se manifestaron en Nueva York a favor del desarme.
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The Day After (1983) hizo mucho para tomar consciencia del efecto inmediato de una guerra nuclear. Son mejores reflejando las consecuencias de un conflicto así Testament (Testamento final) (1983), Threads (1984) y When the Wind Blows (Cuando el viento sopla) (1986). Son duras, vemos que los afortunados serían no los que hubieran sobrevivido sino los que hubieran muerto en el primer momento. Como La tumba de las luciérnagas (1988), deberían ser obligatorias verlas durante la adolescencia.
Cartas de un hombre muerto (1986) probablemente es mejor artísticamente, pero debido a su componente de ciencia ficción, dificulta el acercarnos a comprender la desgracia de los sobrevivientes de la misma forma que las otras.
«El Día Después» la ví de pequeño y es de esas películas que no se te borran de la memoria. No se me olvidará la escena de los misiles saliendo de los silos ni el final, transportados a una especie de Edad Media infernal.
Al final parece que la advertencia tuvo alguna influencia….
Y todas esas lluvias trajeron estos lodos, desembocando en cosas como «28 días después», «The walking dead», «Black summer», etc, etc…
Hola, Alvaro, tocayo, te tranquilizo sobre tus miedos (y míos) treinta años más tarde pero bueno.
Que las dos potencias nucleares pudieran destruir veinte veces al enemigo no fue irracionalidad. Fue la aplicación de la teoría de juegos.
Según la teoría de juegos, si a dos presos se les propone delatar al otro y reducir casi del todo la pena, o cooperar y compartir una pena menor (bueno, ya conoces todas las cláusulas: los presos no se pueden comunicar, etc) la teoría e juegos indica que al principio siempre TRAICIONAN. y por tanto no puedes fiarte. Solo después de varias tiradas se empezaba a cooperar y no a traicionar. Por eso, las potencias nucleares no negociaban. Daban a entender bien claro que jugaban a TRAICIONAR, a ir con todo, porque en la guerra nuclear no hay segunda tirada. Y por ese uso inteligente de la teoría de juegos no nos destruimos.
Ya hay más actores con poderío nuclear, y menos fiables, no solo Corea del norte tiene botón, la India y Pakistán también y estos se odian mutuamente, si estos tipos les diera por freírse a base de plutonio, con que solo se detonarán simultáneamente el mismo día 20 cebollazos nucleares tácticos ( medidos en kilotones) en sus territorios, ya nos joderían al resto del planeta, por qué el polvo de las explosiones llega a las capas altas de la atmósfera, bloqueando la luz solar lo suficiente para arruinar algunas plantaciones, eso sin contar la radiactividad, imaginaros 2000 cabezas nucleares, tácticas y estratégicas (megatones). A mí The Day After a día de hoy, a pesar de inexactitudes y que no ha envejecido demasiado bien, todavía me acojona y fascina…no se, es hipnótico un escenario tan devastador, mejor morir enseguida, lo que vendrá después será peor.
Hay un antecedente español, nada influyente, pero creo que mucho más deprimente y loco, y en forma de serial, además: ‘La solitaria vida de Soledad Sola’. Una serie de sobremesa sobre una última superviviente en un búnker antinuclear, encerrada y condenada a vivir el resto de su vida en él, que pasa los días en un monólogo imposible con una colección de maniquíes que representan las personas que vivían en ese búnker y que fueron murieron mientras la niña Soledad Sola crecía. Deprimente la historia, la puesta en escena, los diálogos, todo.La pasaron el año 1975 y la veía entre fascinado y horrorizado. Fue unánimemente consideradala peor serie del año por el público y crítica.
Si continuamos a mandar a los parlamentos machos cabríos, inventores de fronteras, banderas y dogmas esta pesadilla continuará.
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