
En el relato Muzhiks (Campesinos), Antón Chéjov narra el regreso a su aldea natal, por enfermedad, de un mozo de hotel moscovita, acompañado de su mujer y su hija Sasha, una niña. Los viajeros llegan a la isba familiar, estrecha, negra de grasa y hollín, llena de moscas, dominada por una gran estufa.
Ninguno de los mayores estaba en casa, todos habían ido a segar. Sobre la estufa se hallaba sentada una niña de unos ocho años, de pelo claro, sucia y con aire ausente. Ni siquiera miró a los recién llegados. Abajo un gato blanco se frotaba contra el atizador.
—¡Tsss! ¡Tsss! —lo llamó Sasha.
—No oye —dijo la niña—. Se ha quedado sordo.
—¿De qué?
—De una paliza.1
La maestría de Chéjov se hace patente en este conciso diálogo, no necesita más palabras para hacernos comprender que los retornados se han topado con la admonición de Dante, «Lasciate ogni speranza, voi ch’entrate»… Los campesinos de Chéjov son gente miserable, en todas las acepciones que registra el diccionario para este adjetivo: son ruines, son tacaños, son extremadamente pobres, son insignificantes —carecen de la menor importancia dentro del orden jerárquico y social del Imperio ruso—, son desdichados y crueles, cabe añadir, brutos, violentos, ignorantes, todo eso son, y Chéjov los retrata tal y como los ve, se resiste a idealizarlos, por lo que incurre en la desaprobación de su maestro León Tolstói, quien desde su anarquismo evangélico condena como «pecaminoso ante el pueblo» el relato de Chéjov, y en la de los revolucionarios clandestinos de La Voluntad del Pueblo, que ven en el oprimido y puro campesino ruso al abanderado de la revolución; por su parte, la extrema derecha aplaude que Chéjov ponga de manifiesto que el campesino es el peor enemigo de sí mismo (y por tanto necesita una mano firme y autoritaria que lo controle y dirija) y los marxistas se muestran satisfechos por la forma en que muestra la degradación del campesinado por el capitalismo.
El relato no dejó a nadie contento y desató una gran polémica, y eso, pienso, es lo que debe hacer o a lo máximo que puede aspirar la buena literatura: a incomodar, a poner el dedo en la llaga, a plantear preguntas.
La intelligentsia rusa reprochaba a Chéjov su tibieza, su ambigüedad, su incapacidad de tomar partido; le acusaban de ser un «pequeñoburgués», de no censurar a sus personajes cuando obraban mal, de no moralizar… Así se defendía Chéjov de esas acusaciones, con motivo de las críticas que recibió tras la publicación de su cuento Luces:
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Buen artículo. Gracias
«Es mas fácil engañar a una multitud que a un hombre solo» o algo así decía Heródoto…
Estos escritores rusos que nos han emocionado contribuyen al sueño de ver a la Rusia como otro estado componente de la Unión Europea.
Los escritores. Rusos como León Tolstói,Antón Chéjov y. Fedor Dostoievski,antes dejado onda huella en mi vida a grueso modo indicaré. Varias Obras como:La Guerra y la Paz,Crimen y Castigo,El Idiota,Cuentos Cortos,Ana Karenina en fin muchos más!!!
Grandísimo artículo de la mejor chejoviana actual.
Enhorabuena.
Magnífico artículo . Gracias .