
En el principio fue el barro, el jodido barro: el barro enmierdado por las bostas de los caballos y los meados de los buscadores de oro, el barro fermentado con la sangre de los animales degollados para el abasto público y la de los hombres desollados para la fruición privada de un gatillo histérico o de las ganas demoradas del desquite maquinado con calmosa parsimonia, el barro podrido y ácido en el que se descomponen los vómitos de los borrachos. Esa inmundicia fangosa es la materia que se solidificará en Deadwood. Y por eso el relato de la fundación de aquella ciudad del Far West que hizo David Milch para la HBO elige el albañal cenagoso como primera imagen de la cabecera de la serie. El espectador queda avisado de que se dispone a asistir a la génesis de un mundo que no va a conocer el paraíso, ni siquiera el tópico paraíso mancillado por los colonos de tantos wésterns: en el principio era el barro y el barro era con Deadwood y el barro era Deadwood. En esa lama pestífera hozan y se revuelcan los osados que ignoran la guerra con los sioux y enfrentan el desconcierto de un poblado sin otro orden que el caos, ni otra autoridad como no sea la que hace valer el más fuerte, ni más derechos que los que se arroga el que ha llegado primero. Son los pioneros, los prófugos del pasado que no tienen nada que perder o los ambiciosos del futuro que apuestan por ganarlo todo. Acuden a la llamada del oro los mineros y, también, los que esperan hacer negocio a costa de sus primeras y más urgentes necesidades; les suministran cedazo, pico y pala, coños donde calentar los cojones helados después de horas cerniendo la arena del río y un destilado infame llamado whisky que abrasa la garganta con la misma y simultánea eficacia que caldea el ánimo. La leyenda dice que eran antiguos soldados y pistoleros, ladrones y un reverendo, traficantes y mercachifles, putas y proxenetas, desahuciados con las pústulas de la sífilis o de la viruela y un médico. A algunos de ellos la historia les pone nombre y apellidos: Al Swearengen, Seth Bullock, Sol Star, Wild Bill Hickok, Calamity Jane, Charlie Utter, Dan Doherty, E. B. Farnum, H. W. Smith. Este es el hatajo de fucking cocksuckers que protagoniza la serie de televisión. Entre todos y como todos, igualmente enfangado hasta las cejas, aparece A. W. Merrick.
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Toynbee