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El hombre que diseñó el mundo

diseño el mundo
Raymond Loewy, 1936. Fotografía: Bettman/ Corbis

A Andy Warhol se lo conoce por crear iconos, pero fue Raymond Loewy quien edificó verdaderos monumentos. (Philippe Tretiak, escritor)

Está en todas partes. Literalmente. Es posible que muchos de ustedes no conozcan su nombre ni su rostro, pero han crecido y viven disfrutando a diario del fruto de su trabajo. Frutos que han visto miles de veces, a su alrededor y también en infinidad de referencias culturales imprescindibles. Piensen por ejemplo en sus películas favoritas de Hollywood; allí aparece constantemente la firma de nuestro protagonista, en la secuencia más inesperada. Ustedes probablemente habrán visto muchas de estas películas sosteniendo una botella de Coca-Cola o Fanta, tal vez mordisqueando unas galletas Lu y algunos incluso teniendo un paquete de Lucky Strike descansando sobre la mesita del salón. Todo eso también lleva su firma. Pero hay todavía más: en sus propias casas, la mayoría de aparatos y muebles que utilizan son también hijos de nuestro protagonista, ya sea de manera directa o indirecta. Ustedes y yo vivimos en una civilización donde muchas cosas tienen el aspecto que tienen porque hubo un hombre, nuestro hombre, que les confirió ese preciso aspecto. Y es el aspecto de las cosas lo que se recordará de esta nuestra civilización dentro de milenios, cuando los arqueólogos del futuro encuentren utensilios enterrados en alguna ruina y nos identifiquen con ellos así como nosotros identificamos a los antiguos egipcios con sus jeroglíficos o al Imperio romano con sus esculturas y su cerámica. Es muy posible que, en ese futuro, uno de aquellos arqueólogos observe esos restos y decida bautizar nuestra civilización como la «cultura Loewy». ¿Creen que exagero? Continúen leyendo, porque vamos a hablar de Raymond Loewy, uno de los genios creadores que ha marcado nuestras vidas de una manera más directa.

Uno difícilmente puede abrir una cerveza o un refresco, pedir el almuerzo, subirse a un avión, poner gasolina, enviar una carta o comprar un electrodoméstico sin encontrarse con una creación de Loewy. (Susan Heller, articulista del New York Times)

¿Qué es un genio? Habría muchas formas de definirlo, pero podría decirse que un genio es aquel que toma los elementos de cierto arte, de cierta disciplina, y puede combinarlos de manera diferente a como los combinan los demás, creando algo completamente nuevo. Un genio es también aquel que observa los elementos de la realidad, ya sean sonidos, notas musicales, palabras, números, leyes físicas o como en este caso, objetos de uso cotidiano, y es capaz de encontrar entre esos elementos relaciones nuevas que otros no captan, pero que el genio, con esa facilidad aparentemente innata, descubre y después enumera en forma de leyes y principios para que los demás aprendamos a verlas también. Así, genios fueron Bach, Newton, Wagner, Einstein, Picasso, Charlie Parker o Stanley Kubrick. También un genio fue, y no crean que de menor cuantía, el protagonista de nuestro relato. Incluso aunque obviásemos la magnitud de su abrumadora influencia sobre el decorado de nuestras vidas, merecería ese calificativo por lo profundo y revolucionario de la revolución estética que produjo su trabajo. Raymond Loewy fue un genio del diseño industrial, el padre del diseño moderno y, como decía un viejo artículo de la prensa estadounidense, el hombre que le dio a los siglos XX y XXI el aspecto que han tenido y tienen. 

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4 comentarios

  1. La importancia de Loewy radica no solo en que brillara en tantísimas disciplinas del diseño industrial, sino en la relación con otras mentes brillantes del diseño y las influencias de ida y vuelta. En este artículo este punto forma parte de una elípsis, absolutamente entendible para abreviar. Pero que lleva a reducciones simplistas en algunos de los argumentos.

    Loewy no fue un visionario incomprendido en el mundo del automóvil, sino un actor imprescindible, en el que siendo un campo donde ya había una serie de figuras relevantes, bebió de influencias y brilló influenciando a otros.

    Los automóviles comprendían una serie de excesos, en parte debidos a facilitar una obsolescencia programada brutal. Harley Earl, piedra angular del diseño de automóviles americano, sentó cátedra sobre la ornamentación y sobre las tendencias imperantes en el diseño automotriz. Donde General Motors -su empresa- iba, el resto del mundo le seguía.

    Sin embargo, la siguiente gran revolución sí fue gestada por Loewy de la mano del diseñador Virgil Exner, Jr. Las proporciones que imprimía mediante parrillas y efectos cromáticos a la gama Studebaker de los 40 (longer, lower, wider) serían claves al ser adaptadas para la gama de posguerra «New Look» Studebaker 1947, con guardabarros integrados en la carrocería. Esta gama fue un éxito de ventas, en parte por adelantarse a los tres grandes (Ford, GM y Chrysler). Estos siguieron durante dos años más apegados a sus modelos de preguerra. Debido a la economía de guerra, mientras que ellos no podían trabajar en diseños de vehículos no militares, Studebaker sí, pues Loewy estaba subcontratado y legalmente no formaba parte de la empresa-.

    El siguiente gran cambió le pilló a contrapié a Studebaker. Los diseños minimalistas y de reducida ornamentación funcionaron hasta 1955-1957, años donde la GM de Earl presentó sus nuevos modelos, incluyendo intrincadas superficies cromadas y formas muy expresivas, con aletas, tomas de aire y paneles «tensos», creando un automóvil icónico, ligado irremediablemente a dia de hoy al concepto de «sueño americano» de los 50. Esta confrontación, alejándose de los principios de diseño minimalistas enfrentó a Loewy con Earl, llegando a tildar los diseños de Earl de «gramolas con ruedas».

    Finalmente, la última y más importante revolución en el diseño de automóviles fue la transición entre la línea de Earl y la de su sucesor, Bill Mitchell. Se mantenían las formas estridentes, cromo y ornamentación, pero con proporciones mucho más estilizadas y elementos mucho más expresivos como aletas enormes y pilares muy finos. Esta revolución vino a su vez debida al terremoto que crearon los diseños «Forward Look», o diseño de futuro, de los Chrysler de 1955. De proporciones impensables, forzaron diseñar de cero la nueva gama de General Motors cuando los prototipos espía llegaron a ojos de algunos de los diseñadores. Estos Chrysler, a su vez, venían diseñados por Exner, ex-GM y ex-Studebaker donde trabajó mano a mano con Loewy, y se irían depurando y despojando de ornamentación con los años.

    Toda esta evolución, a su vez, no deja de ser cíclica, y regada de influencias. Para despojarse de la ornamentación, existían muchas más influencias que Loewy, como los carroceros italianos – con el flamante Cisitalia C202 de Pinin Farina como punta de lanza – o los coches utilitarios europeos, como el Volkswagen o el Citroën 2CV. Estos, a su vez, bebían de los diseños aerodinámicos «Streamline Moderne» de los años 30, como el Chrysler Airflow, Tatra T77, o las locomotoras aerodinámicas diseñadas por gente como Henry Dreyfuss o el propio Loewy. Posiblemente, la diferencia fundamental que distanció a Loewy de marcar tendencia de manera más acusada en el diseño automóvil no fueron tanto debidas a ir a contracorriente de la tendencia imperante, sino más bien a ser un consultor externo, nunca disponiendo de la capacidad de influencia que sí tenían GM y Ford.

  2. Buenísimo.

  3. Sí pues con el diseño del Isseta, el guevo, se lucio el tío.

  4. Eduardo Roberto

    Qué buen artículo! Y los comentarios. Gracias

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