Arte y Letras Literatura

Flotar en la gran orgía americana

itflot
Bill Skarsgård en It, 2017. Fotografía: Warner Bros.

«Tengo una idea», dijo Beverly. 

Y así fue como, en torno a la página mil de la novela, Stephen King anunció que iba de morros hacia el escándalo. El personaje de Beverly tiene once años y está atrapada con sus seis amigos en las cloacas de Derry. Ante una muerte inminente, tiene una especie de revelación. La idea para salvarlos a todos: que, uno por uno, pierdan su virginidad con ella, por turnos, sobre el cemento pútrido de los túneles. 

Niños, alcantarilla, orgía. 

No había permutación posible que no derivara en polémica. El material era nitroglicerina narrativa. Siete páginas detallando cómo el Club de los Perdedores se deja guiar por la única chica del grupo —«Tienes que poner tu cosa dentro de mí»— en una atribulada escena de sexo explícito entre niños que alternan el placer y el desconcierto. 

Y eso que, hasta ese punto de la novela, créanme, ha pasado ya de todo, y casi nada bonito. Padres que violan a sus hijas, hijos que degüellan a sus padres, bebés asfixiados por sus hermanos, asesinatos de homosexuales, masacres racistas, felaciones infantiles: pederastia, incesto, homofobia, violencia machista. Un poco del festín habitual del Kingverso en el que pocos adultos y absolutamente ningún niño están (jamás) a salvo.

Cuando It se publicó en 1986, King llevaba décadas de diligente entrega a una dieta de drogas y alcohol —«borbotones de Listerine y pastillas», suavizaba su editor Chuck Verill— bajo la que había parido veintiún libros. Como confesó después en Mientras escribo, ni siquiera era consciente de haber escrito muchos de ellos, y otros los tecleó con algodones en la nariz para cortar la hemorragia de la cocaína. No tiene mucho sentido afirmar eso de que estaba «en la cima del éxito» cuando la realidad es que lleva cincuenta años ahí encaramado, pero baste con señalar que recibió tres millones de dólares de adelanto por escribir It. La idea le había brotado durante un paseo por un entorno inhóspito que combinaba el clásico cuento noruego Las tres cabras macho Gruff con el brumoso recuerdo de una biblioteca de su infancia. Dedicó cuatro años al empeño. 

Cuando acabó, sucedieron dos cosas: que fue la novela más vendida en Estados Unidos y que a nadie pareció importarle demasiado aquella orgía del final: ni a los que les gustó, ni a los que la detestaron, ni siquiera a los críticos literarios. Nadie la mencionaba. La hemeroteca conserva alabanzas como la de Los Angeles Herald («Es el Moby Dick de las novelas de terror»), o reseñas más tibias, como las del New York Times, pero cero comentarios encendidos por la evidente problemática de la escena. O se los tragó la tierra, o los que vieron herida su sensibilidad optaron por santiguarse en la intimidad. Ni rastro de escándalo… de momento. 

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10 comentarios

  1. Precioso artículo. Solo señalar que de esos niños, uno se suicida ya de adulto cuando descubre que It sigue vivo y que la niña crece para ser una mujer maltratada por su marido, una figura paterna de autoridad arquetípica.

    Cuidado con el It que llevamos metido dentro, no sé en que parte.. pero que sale hábilmente camuflado en lo que hacemos y expresamos, ya sea con toda la buena intención del mundo o con un cinismo que roza lo repulsivo.

  2. Maestro Ciruela

    También podría ser que el motivo de que nadie o casi nadie se refiriera a esa escena, fuera el de que dejaron de leer, cerrando el libro para no abrirlo más, como me pasó a mí hace 34 años. Con «It», empezó para mí el hartazgo de King al que seguía bastante desde «La hora del vampiro», y es que la historia se me atragantó conforme avanzaba, quizá había demasiados niños dando la vara, no sé… De esa escena no tenía ni idea, la verdad. Tampoco llegué a ver ninguna de sus plasmaciones fílmicas, así que…

    • Podría ser cualquier cosa, pero…..
      No, el libro fue leído completo por millones de lectores en todo el mundo y pasearon sin problema por encima de esa parte de la historia sin aspavientos. Su hartazgo de este o otro escritor cualquiera es un dato sin importancia que solo nos da una idea sobre usted, pero nada que ver con el fantástico artículo ni con la cruda realidad que transcurre ahora mismo sobre la sensibilidad epidérmica de una sociedad en continua deriva hacia el oscurantismo y obsesión de lo correcto.

  3. A mí el libro me impresionó. Y lo disfruté muchísimo. Ha sido lo más terrorífico que he leído, o que creo recordar haber leído. En cuanto a la escena de la orgía, he de confesar que ya entomces me chirrió. No le encontré el sentido. Pensé que unbeso de tornillo ya habría bastado. Al menos a mí me habría bastado cuando tenía 13 años como lo más parecido a iniciarme como adolescente

  4. Es curioso… Cuando yo leí el libro por primera vez (tendría los 13 o 14 años en aquel momento) la escena me pareció una salida adecuada y nada perturbadora a la pérdida de cohesión en el seno del grupo…

    Yo empezaba a interesarme por el sexo (pasarían todavía un par de años antes de que probara la carne), y la narración de King, la valentía de Beverly, la torpeza y encanto de unos y otros (especialmente del chico que estaba enamorado de ella… aunque todos lo estaban, en realidad), no me parecieron sórdidos o escandalosos, sino más bien una reafirmación de lo que mis padres me enseñaron de pequeño: que el sexo necesita del amor para ser completo, y que cuando se dan los elementos precisos, es una experiencia singular que une a las personas en unos niveles que trascienden del placer meramente físico.

    Por supuesto, entiendo que escenas así no puedan ser incluidas en películas, y que en ahora la gente se escandalice en la época de lo políticamente correcto donde, o sigues la corriente general, o eres crucificado y vapuleado por unos y por otros, y que la única salida es permanecer callado para evitar el acoso.

    Y sí, al igual que King, ciertamente veo más depravación en el hecho de que un padre maltrate a su hija que en la escena de amor que esa misma chica protagonizó en la novela.

    • Mas que vivir «en la época de lo políticamente correcto» creo que vivimos en la época donde cualquier discurso debe revisarse para no ofender a colectivos específicos. Y tampoco creo que eso, no insultar a personas de otras razas, no reírse de ellos utilizando dinámicas racistas, no normalizar el lenguaje racista, etc… no creo que sea tan malo, la verdad. Como todo, y como siempre, hay variadades de tonos en esos acercamientos. Si algo a logrado lo interné, es la polarización y la radicalización de las personas. Porqué, entre otras cosas, en miedo aquí no es intangible, el miedo aquí tiene formas y nombres concretos. Que se lo pregunten a Marina Amores, Eva Cid o Marta Trivi por poner ejemplos muy específicos y concretos, pero también ejemplos que ponen de manifiesto el día a día de muchas personas.

  5. uf, leí el libro con unos 20 años. aunque lo leí de un tirón, no conseguí colgarme de él (no cono «la danza de la muerte», que he releído trillones de veces al menos a retazos). como siempre, lo que más me gustó fue el desarrollo de los personajes y su día a día… pero lo de la tortuga…

    pasé mucho miedo, pero nunca he podido quitarme de la cabeza la imagen de la patética Tortuga D’Artagnan como adversario de It, y ¿qué quieren que les diga? de repente se me desinfló el libro.

    y, sí, el articulista acierta, no recordaba la escena para nada, ni me chocó especialmente el tema.

    j

  6. En parte, quizás, Bárbara Ayuso aquí práctica (en parte) lo mismo que se le crítica (me temo, no tengo ni idea en realidad) a lo posmo, la descontextualización. Quiero decir, igual casos como los de Gabriel Matzneff (en 1990 salía por la tele explicando como ligaba con chicos y chicas de 15 años) o el caso de Jimmy Savile esclarecen, quizás un poco, esas décadas. Años donde se «normalizó» (a veces en voz alta, otras callando) las relaciones entre adultos y menores. La ficción llevaba cierto tiempo ahí. «Lolita» de Nabokov fue un escándalo. Kubrick dirigió la adaptación por el ’62, con una actriz, Sue Lyon, de 14 años, que quizás, en parte, ayudó a cierta «normalización» de ese tipo de relaciones.
    Evidentemente, todo eso también es una simplificación.
    Por otro lado, sí me gustaría creer que una adaptación (mas o menos) literal es posible. Eso sí, tiene que hacerse bien. Dejar que las fundaciones que trabajan en esas problemáticas ayuden durante la escrita del guion (no como práctica de censura, sí como ayuda a los escritores para saber como encarar las escenas y las consecuencias de ellas); se pueden hacer documentales en paralelo a la película dando voz a casos concretos, etc… (vamos, lo mismo que se hace con cualquier peli de la Segunda Guerra Mundial. Siempre hay un making-off dando voz a los veteranos). No creo que sea un tiempo de censura, la verdad. Pero sí es un tiempo de aceptar que las palabras y las acciones tienen consecuencias. Que puedes herir a gente, incluso sin quererlo. Y que dar voz a sectores minorizados, siempre es mejor que no hacerlo.
    Aunque todo eso implique contradicciones internas (hola TERFS), creo que vamos a mejor.
    Entre otras muchas cosas, porqué quizás lo posmo a dejado con el culo al aire a muchos nazis-machistas. Y bueno, hacer llorar a nazis está bien.

    • Muy bien pero en la escena de la orgía no hay sexo entre adultos y niños, sino únicamente entre niños. Como bien dice el artículo, hasta ese momento el libro muestra el sexo sólo en términos de violencia y miedo, incluyendo la relación entre Beverly y su padre. Por lo tanto, el autor retrata de forma clara las relaciones sexuales entre niños y adultos como lo que son, una agresión.

      Tampoco creo que pensar en Lolita como un blanqueamiento de la pederastia sea una lectura correcta del libro. Como dijo el propio Nabokov, “fuera de la mirada maníaca de Mr. Humbert no hay nínfula. Lolita, la nínfula, solo existe a través de la obsesión que destruye a Humbert. Este es un aspecto esencial de un libro singular que ha sido falseado por una popularidad artificiosa”. A mi entender, cualquier persona que vea en Humbert un modelo de conducta tiene un problema muy gordo en la cabeza.

      • Maestro Ciruela

        Pues mire, no es que yo vea en Humbert un modelo de conducta, pero sí que he de admitir que es un ser que en su patetismo, me da muchísima pena, más todavía que la que me dan Lolita y su madre. Recuerdo la escena en que localiza a la chica, ya madre de un bebé y a su marido, malviviendo en esa mediocridad sin horizontes y cómo, en un intento desesperado trata de abrirle los ojos para que se vaya con él y abandone ese, según Humbert, horror que le espera. Es una de las secuencias del mundo del cine, más desgarradoras que recuerdo y me es imposible evitar humedecer los ojos hasta formar un conato de lágrima. Por el que cuesta sentir piedad es por Clare Quilty/ Doctor Zempf, aunque por supuesto, también es digno de ella como todos los humanos.

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