
Cuida tu ano. ¡Cuida tu ano! De todo el saber universal, este es el único consejo que merece la pena darle a un hijo. Uno puede romperse una cadera, padecer del estómago, no ver bien, tener dolor de huesos: hay muchos pesares aguardando al que envejece, pero todas las decisiones que se tomen en la vida deben ir encaminadas a que ese sufrimiento nunca venga de la flor sagrada.
Durante el siglo XX, millones de hombres se arrojaron en brazos de la enfermedad rectal ignorantes de los riesgos que corrían. Daba igual si se trataba de hombres calvos con bigote franquista o barbudos progres con gafas; ambos universos irreconciliables se encerraban de igual manera en el baño a hacer de vientre sin salir hasta que no hubiesen completado el crucigrama. Sí, el crucigrama o el autodefinido, ese arcano indescifrable para un chaval actual doctorado en cualquier carrera de Humanidades.
En la literatura científica, quien además de dilatar el intestino dilata también el tiempo y se está dos horas en el baño leyendo tiene un nombre: toilet reader (TC). No es muy original, pero sí lo son las investigaciones sobre su hábito. La última de la que se tiene noticia apareció en la apasionante revista científica Neurogastroenterology & Motility en 2009. Sus resultados arrojaban unas cifras que confirmaban las advertencias del saber popular.
Los toilet readers o lectores de váter perciben que están menos estreñidos que los que no leen ahí dentro: el 8 % frente al 13 %. La diferencia, apuntaba el estudio, se podría deber al efecto relajante sobre las tripas de un buen libro, lo que facilitaría el desalojo, frente al que se encuentra a solas con la existencia en tan íntimo momento, y podría ser —esto ya es una hipótesis— que las consecuencias derivadas del ateísmo y la pérdida de valores tradicionales en las sociedades occidentales modernas le acongojen ante el vértigo de un infinito sinsentido y, por lo tanto, cague con más dificultad.
Sin embargo, en cuanto a las hemorroides, el toilet reader las sufría en un 23,6 %; el cagador iletrado, en un 18,2 %. Para este viaje no hacían falta tantas alforjas. Esto se ha sabido siempre: si te estás sentado en el trono hasta que te acabes el capítulo, te salen almorranas. Lo han advertido nueve de cada diez madres y quien tuviese oídos desistía del hobby maloliente. Siempre se ha dicho que para dominar la obra de Balzac, Zola o Tolstoi hay que realizar un sacrificio, pero acabar sangrando por el culo tal vez sea un precio demasiado oneroso.
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Muy divertido. Empecé a leerlo cuando estaba cagando y lo termine después de lavarme las manos.
Pues yo, como soy un «antiguo» no voy al inodoro con el teléfono, sino con un comic.
En serio necesitábamos un científico para saber que leer en el retrete es una cerdada?
Genio!
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