Arte y Letras Historia

Quiero ser marquesa

Marquesas grande okpo
Imágenes: Cordon Press.

Me encanta Ágatha Ruiz de la Prada: está en todos los medios de comunicación, habla de su vida y de sus sentimientos íntimos a un objetivo circular, tras el que hay miles de ojos, como si estuviera delante de la celosía de un confesonario. No utiliza palabras soeces para poner verde a su ex, es amable, simpática, muy educada y, sobre todo, muy alegre. Tiene clase y, a la gente con clase desde la cuna se le nota mucho. Es ella. Sea lo que sea lo que haga, siempre es ella. Admiro esa conquista del yo.

Me gusta que a Mercedes Milá le importe un pimiento tener la piel surcada de arrugas y que no se las quiera rellenar de ácido hialurónico. O que haya ido perdiendo pudor de programa en programa: ya mostraba muy poco en el Buenas noches (1982-84) de TVE cuando miraba fijamente a los ojos a los entrevistados y mostró menos todavía cuando se puso al frente del Gran Hermano, donde tuvo mando en plaza sin amilanarse —valga el juego de palabras—. No tuvo reparos en vestirse con modelos imposibles o directamente inclasificables. Ella lo valía.

Me da mucha pena que se haya acallado la voz de una pariente suya, Pilar Vila-San Juan, periodista de primera vocación y religiosa de la orden que regenta un colegio para niñas pobres en Lahore (Pakistán). Relató con mucha seguridad, en algunas televisiones que la contactaron, el desastre que supuso en esa zona el terremoto de 2005, y dejó a Carlos Herrera sin palabras —ya es difícil— cuando le contó, en directo, que a Bin Laden lo conocía allí todo el mundo porque iba a un hospital cercano a tratarse su problema de riñón; desmontaba el costoso operativo secreto de las potencias capitalistas con el desparpajo propio de los bien criados miembros de la burguesía catalana. Y utilizando un castellano académico sin tachas.

Admiro a Natalia Figueroa, que se casó en 1972 con Raphael, cinco años menor que ella, de otra escala social y, a pesar de sus grandes triunfos como cantante, un hombre sobre el que planeaba, en aquellos años de bisoñez extrema, la sombra del armario. «Digan lo que digan», han transmitido amor y estabilidad y él no se cansa de contar que sin ella no habría sido nada.

Creo que a Isabel Preysler habría que estudiarla en las facultades de Sociología porque revolucionó el concepto de familia en España mientras se aprobaba la Ley del Divorcio de 1981. Se atrevió a hacer lo que era más propio de los hombres y de mujeres extranjeras: tener varios maridos sucesivos y tener hijos con todos ellos. Una familia poliédrica en la que cada miembro tiene, a su vez, hermanos de otros progenitores, un caleidoscopio de apellidos que podrían llenar, ellos solos, un salón de celebraciones o una sala de cine de las de ahora. Eso lo hacían, hasta ese momento, los pobres y las gentes sin prejuicios ni educación en valores (de la época). Desde la elegancia de la revista del corazón más chic, fue transformando la mentalidad de los españoles sin perder la compostura y ejerciendo una fascinación tal que se convirtió en un modelo al que seguían las consumidoras de aquellas páginas satinadas; un personaje que ha servido para protagonizar un roman à clef de cierto éxito comercial firmado por Carmen Posadas. 

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18 comentarios

  1. Primero las cosas buenas: Interesante y didáctico el recorrido histórico sobre la nobleza.
    Y dicho esto, aquí terminó mi suscripción a Jotdown. Cthulhu sabe que el problema no es la ideología, he sido tolerante antes con artículos de este medio que expresaban opiniones contrarias a la mía. Pero una cosa es digerir eso y otra muy distinta que se rían en mi cara de mí y de mi clase (la clase obrera). Porque ahora, según el artículo, resulta que estas privilegiadas (sí, yo sí voy a usar esa palabra) son heroínas del feminismo. Lo que hay que leer en estos tiempos oscuros.
    Y ya el párrafo dedicado de Cayetana Álvarez de Toledo es delirante, manteniendo una equidistancia entre una persona que llamó terrorista a alguien y otra que simplemente se limitó a subrayar el título de Cayetana (y por tanto, tácitamente, sus privilegios como aristócrata, que los tiene, legales Y de facto, y no está de más recordarlo de vez en cuando).
    En fin, que la suscripción de jotdown la pague la señora marquesa, este currito se baja aquí del tren. Ha sido un placer.

    • Chico qué ofendidito. Otro síntoma del «pielfinismo» que la sociedad que estamos construyendo impone. Torpedear nuestra zona de confort es básico para avanzar, de lo contrario solamente consumiríamos contenidos culturales que reforzaran nuestro pensamiento y creencias, haciendo el mundo más inhabitable de lo que ya es.

      • Aventurero

        Bueno, reconozco que el tono que he usado ha sido bastante drama queen, la verdad. Y reconozco que luego me arrepentido un poco de escribirlo porque no quiero causar ningún daño a jotdown y a los buenos profesionales que trabajan aquí.
        Pero mira, chico, es la primera vez que me llaman “ofendidito” y si la razón es porque no quiero sufragar artículos que canten las alabanzas de ricos y aristócratas, pues mira, llevaré la etiqueta sin problemas.
        Oye, que quizá estoy totalmente equivocado. Pero que digan que fulanita “tiene clase” o menganita “es audaz” porque ha luchado (de manera nada altruista) por conseguir que se reconozcan sus pretensiones a un título nobiliario y me digan que eso es un avance para la sociedad y una conquista para las mujeres, pues… lo siento, en algún lado tengo que poner las líneas rojas sobre lo que se hace con mi dinero.
        Siento mucho si me he expresado de manera demasiado destructiva.

        • En una revista cultural caben opiniones y disensiones, y si queremos algo a la carta no tenemos más que fundar una que se adecúe a nuestra cuerda. Seguramente estés suscrito a Netflix o cualquier otra plataforma con contenidos deplorables o que hagan apología de cosas con las que no comulgues. Sin embargo, te compensan por el resto de lo que ofrecen. En cualquier caso, no has de sentir nada, es tu opinión y como tal, la respeto.

      • A ver, llevo años suscrito a jotdown y hasta ahora he tolerado artículos cristianos que me parecieron ridículos, opiniones contrarias sobre política, música, cine y demás medios culturales, entrevistas en las que se les ríen las gracias a tipejos que yo considero despreciables, etc…
        Una cosa es salir de tu zona de confort, como tú dices, y otra muy distinta comulgar con ruedas de molino. Supongo que todos podemos ser unos ofendiditos si nos tocan nuestro tema fetiche; seguro que tú también tienes el tuyo, y el mío es este. Cada vez tengo más claro que estamos inmersos en una guerra de clases (me gusta llamarla “guerra” en vez de “lucha” porque es más gráfico) y que todo lo sea escribir artículos en tono amables sobre esta gentuza (que cuando no está de acuerdo con la línea editorial de lo que sea no duda ni un poco en retirar su apoyo económico) es remar en dirección contraria. Allá cada cual con su síndrome de Estocolmo, pero no con mi dinero.

        • El problema de fondo es que tú no tienes que “tolerar” nada. Lo lees, estás de acuerdo o no, te refuerzas en tus posiciones o te cambia la opinión. En definitiva respetas otras opiniones, estés o no de acuerdo. Luego, claro está, haces con tus capitales lo que te plazca. Pero llevas cinco entradas para justificar lo que, espero que me perdones, parece una pataleta, porque a mí no me parece que se haga una apología de la nobleza. Se explica sus mecanismos, sus pijaditas y poco más.

          • Por supuesto que es una pataleta. Igual que las que tienen los poderosos cuando las cosas no salen exactamente como ellos quieren, solo que menos perjudicial para la sociedad en su conjunto que las de ellos.
            Y también tienes razón en que estoy escribiendo demasiadas entradas y, esto ya lo digo yo, siendo pesado. Esta es la última. Feliz año

    • Carlos Diaz

      Que fina piel tienen los «obreritos» del siglo XXI. A mi los titulos nobiliarios no me dan asco ni me preocupan lo mas minimo. Los terroristas y los que se toman vinos con ellos si.

      • Bueno, hay terroristas y terroristas.
        Hay terroristas que matan a diez, quince o cincuenta personas.
        Otros dicen «Bombardéese» y no hay papel para la lista.
        Esos últimos también beben vino, incluso champán.

  2. A NO SER que esto sea una inocentada (¡se me acaba de ocurrir!)
    En ese caso, rectificaría, por supuesto. «Nobleza obliga»

  3. Uuuups, ¡Perdón! ¡Rectifico en lo de los privilegios! Los aristócratas efectivamente no tienen ningún privilegio legal actualmente, solo los tienen de facto (que no es poco), derivados de su, normalmente, saneada situación económica, por decirlo de una manera suave.

  4. Revolución Francesa.
    Que les corten la cabeza a todos y a todas con afilada guillotina.
    Bueno, seamos tolerantes, sólo 15 años en gulag.

  5. Vaya, pues viéndolo con estos ojos, estas cortesanas son verdaderas adalides del progreso social. Pero eso, hay que verlo con estos ojos, unos ojos profundamente gilipollescos, porque viéndolo con ojos normales, los de la gente que curra para ganarse el pan, sentimos profundo asco hacia esta clase de parásitos y hacia los repugnantes mercenarios de la tecla que cantan sus esperpénticas e imbéciles hazañas. De todas formas, mis mejores deseos a estas señoras, ojalá consigan sus títulos y puedan adornarse con ellos, para que así disimulen algo al menos las terribles taras y la estupidez congénita que los siglos de endogamia les han acarreado a ellas y a sus familias.

  6. Hasta hace poco en Catalunya había marquesados y señoríos que cobraban censos que a veces databan de antes del feudalismo. Era un escándalo. Ahora creo que ya no pasa.

  7. Sara Merino López

    Yo no veo la alabanza de la nobleza por ninguna parte, es más, el inicio, da a entender que Agata Ruiz de la Prada o Mercedes Milá están ahí por venir de donde vienen, y eso, no es precisamente un «halago».
    Es cierto que no comparto la equidistancia Cayetana-Iglesias, pero, como ya se ha comentado, para gustos están los colores.
    El resto del artículo me parece más descriptivo que opinable, sinceramente.

    Simplemente apostillar que la eliminación de los señoríos en 1820 lejos de ser una medida igualadora, contra privilegios medievales, supuso un gran beneficio para los nobles, pues en su gran mayoría pasaron a ser dueños de las tierras sobre las que tenían algún derecho tradicional, pudiendo desde ese momento parcelario, venderlo por partes, deshacerse más fácilmente de arrendatarios «de renta antigua» …fue una medida que introdujo la lógica capitalista al mundo agrario…la banca siempre gana.

  8. hoy en día a la llegada de la Constitución de 1978, pasaron a tener una importancia secundaria a pesar de su aristocracia, dejó de tener un estatus determinado y pasaron a ser títulos meramente honorificos, en este caso vamos hablar del organigrama del título de Barón, está por debajo inmediatamente de Vizconde y un grado superior a Señor, hoy en día quedan poco menos de tres mil nobles de los cuales muchos están extintos o a punto de caducar. Después están los extranjeros que son los que en realidad el que importa en este artículo,los títulos extranjeros para ser reconocidos en España deben primero tener un contenido que aporte importante algo a nuestra nación, pasar un examen en el ministerio de Justicia y la aprobación de la diputación de la Gradeza. Más tarde la patente pasa SM el Rey Don Felipe VI que es firmado y cuñado por la casa Reales entonces cuando se deben de pagarse el impuesto correspondiente.Pero esto no significa que un título nobiliario extranjero no se pueda utilizar en España aunque sea de forma limitada, ya que la fuerza y la legalidad se la da el país de origen del cual ha sido concedia la patente ,es decir que desde 1995 no es ilegal utilizar un título extranjero en España. El caso más conocido y a la vez reconocido por ímpetu y enfasis es el Muy ilustre Señor Barón Don F. de la Cruz i Condomina. Es un título que de verdad explica con nitidez la interpretación de nuestro artículo y lo repetimos de nuevo fue un valiente que luchó en una democracia como la que vivimos reivindicando su nombre y su personalidad, la cual ampara nuestra constitución, BARONIA DE LA CRUZ I CONDOMINA

  9. Casa Solar Noble Gran Cruz de la Torre es una institución que se dedica a enseñar y promover los valores más nobles de la época medieval, adaptados a los tiempos modernos. Fundada en [año], su objetivo principal es inspirar a sus miembros a ser líderes excepcionales y defensores de la cultura y la historia de su país.

    La institución se enfoca en la preservación y honra de los valores de la caballería, la justicia y el honor, considerados fundamentales para construir una sociedad más justa y equitativa. La Casa Solar Noble Gran Cruz de la Torre busca enseñar y promover estos valores a través de su enseñanza y su ejemplo.

    La institución hace énfasis en la importancia de la práctica en el aprendizaje, y alienta a sus miembros a poner en práctica los valores que se enseñan en todas sus acciones y decisiones. De esta manera, los miembros no solo aprenden a ser líderes excepcionales en sus campos, sino también ciudadanos comprometidos y defensores de la justicia y la equidad.

    La Casa Solar Noble Gran Cruz de la Torre cuenta con el apoyo incondicional de Su Santidad el Patriarca Pablo II Miroslaw Pawel, quien ha reconocido el valor de su misión y ha expresado su apoyo a su labor. Este respaldo es una fuente de motivación para la institución y los impulsa a seguir adelante en su camino de promover los valores más nobles de su historia y cultura.

    La Casa Solar Noble Gran Cruz de la Torre ha sido reconocida por su compromiso con la promoción de los valores de la caballería, la justicia y el honor en la sociedad actual. Su labor ha sido destacada por diversas organizaciones y personalidades del ámbito cultural y educativo.

    En resumen, la Casa Solar Noble Gran Cruz de la Torre es una institución comprometida con la promoción de los valores más nobles de la época medieval, adaptados a los tiempos modernos, a través de la enseñanza y el ejemplo. Su enfoque en la práctica en el aprendizaje y el apoyo de Su Santidad el Patriarca Pablo II Miroslaw Pawel son señales de su dedicación y motivación en la promoción de estos valores.

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