
¿Para qué sirve una despedida? Lo cantó Machado en uno de sus poemas más hermosos: una cosa es el recuerdo y otra recordar, y la despedida es algo así como una especie de tragedia que acompaña al recuerdo. Pero ¿por qué la necesitamos? Solo una raza masoquista como la nuestra puede necesitar una frase que se clava para siempre en la memoria, un gesto que te atormenta sin descanso. Lo que sea, pero trágico. Todas las despedidas son funestas, sin excepción. Incluso las «alegres», en las que todo el mundo está deseando separarse, terminan siendo tristes: otra bala perdida, la última oportunidad desperdiciada. Hay despedidas que incluso hipotecan el futuro. Lo dijo Borges: detrás de cada despedida se esconde la posibilidad de un reencuentro… y no hay futuro que conviva con esa incertidumbre. Porque hay despedidas que se convierten en la mejor escena de la historia del cine, despedidas que nos hubiera gustado protagonizar, despedidas que valen más que el camino que llegó hasta ellas. Son hermosas, sí, pero por el dolor que dejan escapar. Lo definió Byron: aquella hora predijo el dolor de esta.
Pero, claro, si de funestas despedidas trata un texto, permítanme masticar dos palabras que le den altura: poeta y muerte. ¿Qué nos queda más allá de esta unión? A menudo, nada. Lo dijo Bolaño: todos los escritores, desde Shakespeare hasta el poeta de provincias, caerán en el olvido. Y no le faltaba razón al chileno. Porque lo más importante de esa frase no es el olvido, sino la acusación implícita que Bolaño dispara: todos los escritores pretenden escapar a la muerte, algo tan loco como alcanzar la inmortalidad a través del texto… por supuesto, no lo conseguirán. La mayoría de ellos lo intentará, morirá evidentemente sin reconocimiento, lejos del Homero que creyeron ser. Sin embargo, hay un grupo de poetas, reducido pero reconocible, que se ha dado cuenta de que la muerte es un arte y no un obstáculo. Es entonces cuando vomitan sus creaciones más memorables. Larra, por colocar de primeras a un suicida decimonónico, la verdadera estirpe de poetas autodestructivos, llevó a cabo sus mejores textos durante el último año de su vida. El Larra atormentado, el Larra destruido, el Larra que ya jugaba con la muerte. Ya no hay retorno cuando se alcanza ese punto. La letra dispara y atraviesa sienes, corazones, lo que sea. Enlazando por fin el inicio y el fin de lo emborronado hasta ahora, la despedida, la muerte y el poeta, muy de vez en cuando, se ponen de acuerdo para incrustar en nuestro imaginario una nota de suicidio inolvidable. Porque de eso hemos venido a hablar aquí, de los últimos párrafos, los escritos por aquellos que manejan el arma más certera: la palabra.
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Hace unos años el escritor Eduardo Halfon hizo investigación sobre que literatos (poetas, novelistas, cuentistas, etc.) se suicidaban en mayor número, la conclusión «los poetas» optaban por este camino, siempre le hago esta pregunta a muchos de los que vienen a visitarme a mi librería, porqué sucede esto? las respuestas se dan por doquier……
Muy buen recordatorio. Sospecho que esa actividad cerebral sobre la media, y no solo de poetas o artistas, es la misma que los hace brillantes y a la vez más dispuestos a ese gesto último a quien no dan importancia. Gracias por la lectura.
Cada uno del pueblo sabrá porqué
me marché menos yo, y esto es un
motivo para seguir en la oscuridad
sin sentir dolor. A la abuela de al lado,
llena de arrugas y silencio le dejaré
mil pesos y el gato bohemio e ingrato
que más tiempo se pasaba con ella.
A la piba que leía mis poemas sin
entenderlos va mi viejo cuaderno
con mis primeros versos simples
de rimas salteadas. Ingenuidad primera
que nunca leyó.
Quinientos al dueño del bar para que
cualquiera brinde por mi salud.
Doscientos a los pibes del potrero
para una nueva pelota y botines.
Trecientos al ayuntamiento por un
buen ataud,y el resto, casi dos mil,
al viejo pescador para que por lo
menos, por una semana no desafíe
las olas del mar evitando la angustia,
mía y de su esposa por saber si volvía o no.
A mi rancho vacío péguenle fuego,
que por los páginas repletas ya lo hice yo.
Estanislao Ch.A., poeta coyhaiquino. 1951- ?