
We’ll drink a drink a drink
To Eric the King the King the King
He’s the leader of our football team
He’s the greatest centreforward
That the world has ever seen
(Cánticos en honor al «rey Eric»)
Llegó a Inglaterra al poco de la creación de la Premier League y no le hicieron falta ni diez partidos para convertirse en su más insigne abanderado. Gastaba las maneras y la autoridad de un mariscal napoleónico, organizando con su genio el juego de ataque de los Diablos Rojos. El marsellés que defiende que ser francés no es sentir arrobo al cantar «La Marsellesa» —«eso es de gilipollas» (sic)— sino sentirse íntimamente revolucionario no dudó en clavarle los tacos en el pecho al único insensato que se atrevió a recriminarle su origen. El privilegiado lugar que ocupa Éric Cantona (Marsella, 1966) en el imaginario colectivo del aficionado medio inglés no radica en la excelencia de su juego o en lo portentoso de su talento futbolístico. Rara vez fue el mejor sobre el campo. Tampoco fue el más goleador, ni el mejor recuperador, ni siquiera era una referencia indiscutible en el apartado de asistencias. Pero imponía carácter al equipo y organizaba su escuadra con autoridad, liberando el talento de los jugadores que lo acompañaban.
Cantona nunca fue un genio del balón a la altura de otros franceses ilustres como Zidane o Platini: fue un jugador técnicamente correcto, brillante a ratos, con un ligero sobrepeso casi siempre, más célebre por sus monumentales cabreos y su irresistible carisma que por sus goles. Y, sin embargo, es una referencia para millones de aficionados que aún se reconocen en su poliédrica personalidad y que lo admiran como a un héroe balompédico imperfecto, un jugador de a pie que transcendía en ocasiones su condición mortal para elevarse al Olimpo de los dioses del fútbol con un vaselina o un pase al hueco. Un rebelde sin causa con el talento suficiente para marcar la diferencia pero no para ser una estrella de ese deporte.
El francés ha sido siempre, en realidad, un matón de barrio metido a futbolista que paseó su indómita naturaleza por los campos europeos con la desidia del que parece estar deseando que llegue el tercer tiempo. Era, ante todo, un transgresor, una bestia que se conducía dentro y fuera del campo con el aplomo de quien se sabe especial; un jugador que rezumaba tanto espíritu competitivo que a sus compañeros no les quedaba más remedio que arrollar al rival en cada partido. Eric Cantona, el mismo que comenzó su andadura por tierras inglesas siendo rechazado por el modesto Sheffield United, se retiró cinco años después de su debut siendo el jugador más querido del mejor equipo de las islas, el Manchester United, después de haber enamorado a unos aficionados reds que no dudaron en elegirlo en 2001 como el jugador más importante del siglo XX por delante de figuras legendarias como George Best o Bobby Charlton.
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Muy buen artículo.Muchas gracias.
¿Para cuándo otro sobre David Ginola, otro francés despechado que sobresalió en las Islas?
No me gustan los matones, se dediquen a lo que se dediquen.
Tengo que contar algo que si no reviento. Yo estaba saliendo hace años con una chica que estaba divorciada.
Ella había estado con el mismo chico 10 años desde que tenía 16. 10 años entre noviazgo y matrimonio.
Ya en los últimos años de la relación, notaban que necesitaban una chispa para su matrimonio. Se les ocurrió acudir a un sitio de intercambio de parejas. Me contó que estaban en un jacuzzi varias parejas y el hombre de una de las parejas les hizo el gesto de hacer el intercambio.
Mi ex-novia se fue con el chico y su marido con la rubia que acompañaba al hombre. Según me contó, la rubia era despampanante.
Después de la experiencia, mi ex y su marido se fueron a casa y su marido le preguntó que si sabía con quién se había acostado.
Ella no tenía ni idea. Su marido le dijo que era Eric Cantoná.
Eric le había pedido el teléfono a mi ex y cada vez que estaba por la ciudad la llamaba y tenían relaciones (mi ex estaba de muy buen ver).
No quiero decir nada con esto, solo contar la anécdota. Eric es muy fan del libre amor. Y yo puedo presumir de haberla metido en el mismo sitio que el famoso Eric Cantoná.
Me lo creo totalmente porque da la casualidad de que mi esposa y yo que hacemos intercambios desde hace mucho, además de follar como conejos entre nosotros y con quien se ponga a tiro cuando vamos solos, coincidimos con Cantona y una rubia despampanante (no sé si sería la misma) en una fiesta en la piscina de un chalet privado en Pozuelo. No lo pasamos mal pero tuvimos un pequeño problema porque resultó que a Eric le gustaba hacerlo todos juntos y se ponía más si le arreaban con una correa en los glúteos, así que le pidió a mi mujer que le diera bien. Pero pasó que Adela,(nombre ficticio) mi parienta, no se atrevía mucho y le daba que no había ni para sacar el polvo, de lo que el galo se quejó, así que agarré yo la correa y le solté unos zurriagazos que el zagal ponía los ojos en blanco. Pero se conoce que se me fue un poco la mano y el tío, haciendo honor a su carácter inestable, me lanzó una patada de esas voladoras que no me alcanzó de milagro, y menos mal porque si no, a estas horas estaría yo sin cabeza. Por suerte, mi mujer lo calmó con unas felaciones tipo turbina que casi le dejan KO. ´Mientras, yo aproveché para dar por el darriere a la rubia que en un aparte, me había insistido en hacerlo, ya que Cantona nunca entraba por ahí porque decía que el culo solo era para cagar y que en eso, pensaba igual que Mel Gibson. Y que ella ya estaba hasta el coño de esas manías, por eso aprovechaba la disponibilidad de tíos guarros como yo para satisfacerse. Bueno, pues nada más, buenas noches.
«Pero pasó que Adela, (nombre ficticio) mi parienta…» ¡¡Me parto el culo!!
Rijoso, no sé de que hediondo puticlub de carretera comarcal sale usted pero ciertamente sus comentarios son para mearse encima
Es muy curioso porque yo tuve una experiencia muy parecida. Estaba yo con mi santa en el bar de intercambio de parejas de mi pueblo y entonces entró Cantona con una rubia que responde a lo ya descrito aquí. Rápidamente empezamos a cruzarnos miradas y una cosa llevó a la otra, así que me cisqué a la rubia en un reservado y don Eric le hizo la caidita de Roma a mi parienta. Pero la cosa se empezó a poner turbia cuando, en mitad de una orgía de alcohól y éxtasis, Cantoná empezó a hacerme ojitos, lo que yo interpreté, sin duda acertadamente, como un efecto del consumo desmedido de sustancias. No se lo quise tener en cuenta, pero sabedor del carácter indomable del jugador, intenté contemporizar de manera sibilina a ver si me lo quitaba de encima de manera pacífica. Craso error, ya que montó en cólera y me lanzó sin previo aviso una de sus famosas patadas voladoras, que afortunadamente esquivé. La desgracia fue que acabó golpeando un tiesto de piedra de diez kilos que, debido a la furia imprimida a la patada, cayó por la ventana y, al asomarnos, vimos que fue a aterrizar sobre la cabeza de, ni más ni menos, la madre del rey Juan Carlos, que andaba paseando por ahí en compañía de su séquito. Desde entonces, la pobre señora no levantó cabeza.
No sé, Belarmino, pero tu historia me parece demasiado exagerada para ser auténtica. Creo que vas de farol porque te ha jodido que nosotros estuviéramos de orgía con Cantona y tú no. Pero bueno, sin rencores.
El articulo esta cojonudo, bueno, entretenido, visceral y emotivo… inmejorable: hasta que leí los comentarios de los lectores. Mi conclusión es que siempre hay espacio para mejorar.
Viva l’amour.
Saludos
Gran jugador dentro y fuera de las canchas Cantoná jajajaj siempre me gustó ese manchester united de los 90
pd: los comentarios me hicieron cagar de la risa jajajajaja
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Cantona vivió en Barcelona tras dejar el fútbol. Un día se presentó en casa del director teatralJoan Lluis Bozzo y le pidió ayuda para aprender a actuar.