
Es el décimo anuncio de un cambio sin precedentes. Otro más. Lo iba a ser el dinero digital, el arte NFT, el metaverso, el grafeno, y si viajamos más atrás en el tiempo, superordenadores como Deep Blue, que ganó a Kaspárov al ajedrez. Las empresas tecnológicas han vivido desde la burbuja de las punto.com prometiéndonos la siguiente revolución. Y ahora le toca a la inteligencia artificial.
Lo insólito, esta vez, son las posiciones antagónicas de usuarios y de creadores. Tenemos a Manuel Pimentel, editor de Almuzara, convencido de que la autoría de libros convivirá con los autores IA o con los híbridos humano-IA. Y a Sam Altman, CEO de OpenAI, la empresa creadora de GPT, que rebaja las expectativas: su IA no servirá para tantas cosas como la gente espera. Lo dice uno de los millonarios de Silicon Valley que se ha construido un refugio subterráneo para el apocalipsis en previsión del día en que la inteligencia artificial alcance la singularidad. Para entendernos, el día que nos mande a Terminator.
Entonces, ¿solo es cuestión de tiempo que nos quiten el trabajo, modifiquen la producción cultural, todas las áreas empresariales y a la sociedad entera? Nadie afirma aún con seguridad si esa previsión va a cumplirse. Pero una inteligencia artificial acaba de pilotar un caza Lockheed Martin durante diecisiete horas emulando a un piloto de combate. Un escritor autónomo estadounidense está explorando las posibilidades de GPT-3 para componer relatos y sonetos, como explica en detalle en su página. Usando una inteligencia artificial se han recreado las proteínas de todos los organismos de la Tierra. Logros que el pasado año, gracias a las imágenes generadas por máquinas y los chats conversacionales han disparado el interés del público. Tomás Pueyo, ingeniero español en Silicon Valley, ha estimado en su boletín Uncharted Territories que según el mercado en el que él es especialista, estamos a entre siete y dieciocho años de que exista una inteligencia artificial superior a nosotros. Momento en que nuestro mundo tal como lo conocemos se habrá terminado para siempre.
Los padrinos del aprendizaje profundo rebajan expectativas
Son el trío formado por Yann LeCun, Yoshua Bengio y Geoffrey Hinton, padrinos modernos de la IA. Bengio inventó en el año 2000 los modelos de lenguaje que chatGPT aprovecha hoy. Y Hinton aspiraba a emular la abstracción de que es capaz la mente humana. Para entender por ejemplo qué es una mesa, sin importar si la vemos construida, dibujada o sin patas. Él asegura que no solo han fracasado en ese intento, sino que el aprendizaje profundo ni siquiera ha tenido en cuenta los recientes avances en neurociencia para aplicarlos a las máquinas. Estamos muy lejos de la singularidad.
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Gracias de nuevo Martin Sacristán. Como siempre, muy interesante, bien escrito y bien argumentado.
El tema IA va dar mucho que hablar a partir de ahora. Es el tema del año sin duda.
Yo en mis primeras pruebas con chatGpt me ha resultado sorprendente pero no deslumbrante. Le pedí un listado de artículos similar a búsqueda en bases de datos y no lo consegui. Otras cosas si.
Seguiré probando porque creo que está aquí para quedarse y va a producir cambios de calado en nuestras vidas. La velocidad y profundidad de estos cambios es difícil de predecir, pero que se van a dar, no hay duda
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