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¡Hacedle una foto a Salinger!

J. D. Salinger. Foto: Cordon.
J. D. Salinger. Foto: Cordon.

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Pasaban los años y J. D. Salinger, asediado por el éxito de El guardián entre el centeno, no daba señales de vida; ni publicaba, ni se dejaba ver. En cambio, se sabía que escribía, y que el resultado lo metía en un cajón. Lo admitía en alguna de las pocas entrevistas que concedió a los periodistas que subieron a lo largo de los años a hablar con él a New Hampshire. «Lo único que importa es la escritura», le dijo a Betty Eppes en 1980, cuando aceptó hablar con ella después de que la periodista le dejase una nota explicándole que estaría dentro de un Pinto de color celeste aparcado al lado del puente cubierto que había al lado de su casa.

En 1977, ante un silencio literario que empezaba a durar demasiado, el editor de narrativa de la revista Esquire, Gordon Lish, le escuchó decir a su jefe que no les vendría nada mal publicar un bombazo. Lish era un tipo expeditivo, y a la que pudo —pudo esa misma noche— se emborrachó y escribió «Para Rupert, sin remordimientos»; un relato cuyo título se inspiraba en «Para Esmé, con amor y sordidez», una de las piezas que componen Nueve cuentos, de Salinger. En la revista no lo pensaron dos veces y lo publicaron como «Anónimo» y muchos lectores creyeron que detrás se encontraba el auténtico Salinger.

El estilo lo imitaba burdamente, pero la revista se agotó en los quioscos. Aquel número fue uno de los más vendidos en toda la historia de Esquire. Levantó una gran polvareda. Periódicos, televisiones y radios se referían a todas horas al regreso de Salinger. Esquire había conseguido su bombazo. Pero un día Lish cometió la imprudencia de revelar a Dorothy Olding, la agente literaria de Salinger, que el autor del relato en realidad era él, y al poco, esa confesión se convirtió en noticia de primera plana. Fue otro bombazo, pero al revés. «Salinger me hizo llegar que pensaba que lo que yo había hecho era absurdo y despreciable. Y me dolió, porque a mí no me parecía ninguna de las dos cosas. Lo que yo pensaba era que, si Salinger no iba a escribir más relatos, alguien tenía que escribirlos por él», declaró a Shane Salermo y David Shields, autores de Salinger, una de las biografías más completas y sugestivas sobre el escritor neoyorquino.

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Un comentario

  1. JoDidoSalido nunca me pareció un tipo tan interesante como parece querer mostrarle el articulo. Defiendo que la autoreclusión es una forma de exhibicionismo y estos no me sugieren.
    Considero errónea la conclusión del articulo -aunque suena muy bien, poética-, su sufrimiento no venía desde el punto donde la fama colisiono con su yo, sino desde algún lugar más distante, más lejos aún que del conflicto bélico en que participó.
    JoDidoSalido solo escribió un buen libro, cómo de bueno… da para discusión, a mi me dio para capitulo y medio de una novela. Lo cierto es que El Guardian es un libro lleno de preguntas y dudas,todos tenemos de estas y por eso conectó con muchos, muchos de nosostros. Todas sus demás obras las intentó llenar de respuestas, sus respuestas, solo validas para él.
    Para mí su obra más personal fueron las cartas de amor que escribía a las chicas del tiempo de la televisión. y el texto que más me le acerca las páginas que le dedica su hija en su autobiografía. Saludos.

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