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Pola Oloixarac: «La lucha para proteger a las mujeres tiene que ser cada vez más sofisticada, no cada vez más burda»

Pola Oloixarac para Jot Down

No teme a la polémica. Pola Oloixarac (Buenos Aires, 1977) parece sentirse a gusto en ese terreno, aunque no todo es el barro de la disputa, el planteo incómodo o el pensamiento a contramano. Hay también una escucha inteligente y precisa, la posibilidad de trastocar la opinión asentada frente a otro argumento. Después de todo, para eso están las palabras, para un real intercambio de ideas. Claro que las palabras son también la materia prima de la escritura: columnista sobre la actualidad, retratista de las «celebridades» de la política argentina, autora de novelas como Las teorías salvajes (2008), Las constelaciones oscuras (2015), Mona (2019) y Bad hombre (2024). Con su último libro se calza el traje de detective para rastrear una serie de crímenes con un mismo modus operandi: la denuncia como venganza para destruir a esos bad hombres —«monstruitos masculinos», a veces— con los que la narradora llega a sentirse identificada. Pola Oloixarac estuvo en las Conversaciones Literarias Formentor 2024 y allí charlamos, de vos a vos, junto a la piscina.

Te vi hoy temprano con la gorra puesta, escribiendo. ¿Es cierto que la usás cada vez que te ponés a escribir? 

¡Ay, sí, desde muy chica! Es algo que ya hacía el personaje de Jo, en Mujercitas. Jo tenía muchos gorros y yo la amaba. Cuando era chica yo leía Mujercitas, ella tenía muchos gorros y viste que escribía en una cocina, en un desván, y siempre me hicieron mucha ilusión esos adminículos pequeños que te hacen entrar en trance. Para mí son las gorras.

¿Un fetiche?

Es como una protección. Por la visera, te nivela la luz que entra por la visera… Siempre escribo con gorra.

¿Es también para diferenciar los momentos en los que sos escritora y los que no? ¿O sos siempre escritora?

Soy siempre yo, y uso la gorra todo el tiempo. Además todo el tiempo estoy tomando notas; para mí no está disociado para nada y de hecho como mejor me siento es cuanto más unido está. 

¿Empezaste a escribir en esa época en que leías Mujercitas? 

Sí, empecé a escribir a los ocho. Mi papá era marino mercante y nos llevaba de viaje en los barcos de la empresa Líneas Marítimas Argentinas, que ya no existe más, eran los fletes marítimos; mi viejo era jefe de máquinas y nos llevaba a Brasil, al estrecho de Magallanes, a Vancouver… Y en uno de esos viajes, cruzando el Atlántico hacia el Mediterráneo, me regalaron una Olivetti naranja, una máquina de escribir, y ahí empecé a escribir. Escribía historias. Ya escribía a mano, escribía en mis cuadernitos, en mis libretitas, y me acuerdo que cuando bajábamos a tierra, yo anotaba todo. Por ejemplo, en Haifa, tomaba nota de cuántos cositos dorados tenía la cúpula de Haifa. ¡Tenía notas llenas de data que recolectaba! Y bueno, me acostumbré a esta vida, tenía mis libretas y después en uno de esos cuadernitos empecé a escribir como una novela con tinta azul, que no la terminé. Era una novela que transcurría en un mundo árabe, y después la primera novela que tipeé era sobre la Revolución Francesa… Era muy divertido para mí. 

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6 comentarios

  1. Bueno, por lo menos sabemos que, además de escribir bien no es peronista, de aquellas que temen que algo malo trae ese movimiento, la única fuerza de izquierda posible en nuestro país. Faltaría más. Que no hay rotación en el peronismo es cierto, supongo que debido a las interrupciones que sufrió a partir del cincuenta y cinco en adelante, con el bombardeo de la Plaza de Mayo y sus trecientos y pico de muertos inocentes; al intento de proscribirlo ¡mediante una decreto!, ¡madre mía!, al golpe del setenta y seis y el último intento de asesinar a Cristina. Podemos hablar hasta el infinito sobre la cantidad de desaparecidos, yo solo le digo que con mi hijo sobre los hombros y mi esposa encontramos a un pobre muchacho ahogado que el mar había devuelto en la costa atlántica, vestido y con las manos atadas atrás con alambre en el verano del setenta y siete, un horror indescriptible; y me bastó leer las declaraciónes de una mujer bajo tortura para entender qué clase de gente participó en esos crimenes, qué odio la oligarquia vernácula, por supuesto todos descendientes de europeos blanco, permitió que se desbordara para llegar a esos límites de horror. Define al peronismo como fascista, pero permítame recordarle que el peronismo ganó todas las elecciones limpiamente sin constituirse en partido único, el elemento distintivo de todo fascismo. Es raro que no haya usado el término demagogia como me enseñaron mediante el libro Educación Cívica de mis años del secundario, un término que sufrió la deformación de siglos de dominio de las clases mal llamadas cultas llevándo a identificar ese vocablo con una práctica política nefasta, cuando nació para definir al demagogo como aquel que habla o acompaña a la plebe según la traducción del griego. Se podría decir que todos son demagogos, lo único que cambia es el tipo de pueblo que lo sigue. El “alud zoológico” tituló un diario de aquellos tiempos cuando mis padres se presentraron en la Plaza en el cincuenta y cinco, otro dijo que temía, como usted a la “barbarie de los sótanos”. Es verdad, estaban en el sótano pero solo era gente que no tenía representación política, ciudadanos de clase B. Terroristas eran solo los Montoneros según la narración oficial, que nacieron como respuesta a la violencia irracional contra el peronismo, pero no son terroristas los que bombardearon la Plaza. Argentina no es solo Buenos Aires con su capital, la Paris de sudamerica como la definió uno que le importaba bien poco de los que habitaban en el resto del pais, generalmente morochos, o cabecitas negras o indios como mi abuela. El Peronismo cambiará si le dan tiempo, como cualquier otra representación política, es algo inevitable, evolutivo, pero lo que no cambiará será pensar una Argentina sin el peronismo. Tendrá que soportarlo, señora. Y le dará lugar para tantas invenciones literarias que tendremos la obligación de leerlas.

  2. Chola Poxiran.

  3. Si no se sabe la cifra exacta de los desaparecidos es porque los responsables nunca se hicieron cargo y nunca mostraron o destruyeron los archivos.
    Por eso la cifra simbólica.
    No pidas rigor histórico si no pedís se abran los archivos.

  4. Pingback: Libros de la semana #186 - Revista Mercurio

  5. Juan J Gelos

    Mujer lúcida e independiente en su visión de la Sociedad, la política y los libros.Una intelectual que aporta su firmeza a la libertad y la visibilidad de la mujer como persona imprescindible, en cualquier acontecimiento de la vida. Recomiendo leerla.

  6. Antonia Campos Matas

    Las opiniones sobre el plano de actualidad y politica de esta mujer son de una ignorancia total y compleja. Que siga escribiendo novela…
    Hablar de rotacion politica en España (nada mas alejado de la realidad española: por empezar hay UN REY!!!, continuando con todos los politicos MOMIAS que se sostienen desde Franco y gracias a su imagen), decir «que se yo recien llego», y luego hablar de rigor y verdad para con la realidad argentina, es tan incoherente como cada parrafo de esta nota en la que se expresa.
    Personalmente, deja mucho que desear… aun asi, leeria de su ficcion para ver de que va.

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