Arte y Letras Historia

Paranoia medieval y actual: los hashashín y el poder del miedo

hashashín y el poder del miedo
Grabado del siglo XIX de Hassan i-Sabbah. (DP)

-Hassan, hijo de Ali Sabbah, nativo de Qom, estudiante en Ray, en camino hacia Isfahán.

Esta enumeración detallada incomoda a Jayyam. Es una invitación a decir más sobre sí mismo, su actividad, el objeto de su viaje. No comprende la razón y desconfía del procedimiento. Por lo tanto, guarda silencio y sin prisa se sienta apoyándose contra la pared y mira con insistencia a ese hombrecillo de tez oscura, tan endeble y demacrado y de rasgos tan angulosos. Su barba de siete días, su turbante negro apretado y sus ojos desorbitados le desconciertan.

(Samarcanda, Amin Maalouf)

Así describe el novelista libanés, Amin Maalouf, al personaje que inició todo. Ese «todo» se refiere a la cadena de asesinatos que tuvieron lugar en un momento remoto de la historia, pero también a un lenguaje que utilizamos hoy en día, con el que políticos y analistas se llenan la boca sabiendo que su audiencia entenderá lo que ellos quieren que entiendan.

Entre los videojuegos, las películas, los libros y los documentales, la Orden de los Asesinos, o hashashín, juega entre la leyenda y la realidad. Pero quizá siempre ha sido así; nunca fue lo uno ni lo otro sino una confusa disolución de ambas a conciencia.

Guerra asimétrica, el origen del miedo

Hassan i-Sabbah nació en Qom, en la actual Irán. Habrá fuentes que enfaticen la ascendencia yemení de su padre, nacido en Kufa, Irak, y radicado en Qom; o incluso que afirmen que el mismo Hassan habría nacido en Yemen y después habría hecho ese mismo recorrido. Lo importante, en cualquier caso, es que tanto Kufa como Qom son, y han sido siempre, centros intelectuales del islam chií. Lo mismo ocurría entonces con El Cairo de la dinastía fatimí, califas chiíes ismailíes, donde Hassan realizó sus estudios religiosos.

El turbante negro que describe Maalouf es —y de nuevo, sigue siendo— un símbolo religioso importante y aunque sea común dentro del chiismo, Hassan había optado por una rama concreta: el ismailismo nizarí. Aún en El Cairo, Hassan se había pronunciado a favor de la legitimidad de Nizar, el hijo mayor del califa, como sucesor. Así se ganó la enemistad del jefe del ejército fatimí, que finalmente lo encarceló. 

La geopolítica de Oriente Próximo es a menudo divulgada como una lucha perpetua entre suníes y chiíes, las dos vertientes predominantes del islam. Pero la realidad sobre el terreno es mucho más compleja: existen decenas de subdivisiones —con frecuencia, de líneas y definiciones borrosas— y los conflictos sobrepasan las creencias religiosas. De hecho, en la mayoría de los casos, la fe es tan solo una tapadera que cubre las ansias de poder. Esta historia lo demuestra.

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2 comentarios

  1. Pues nada, otro pastiche para intentar vender la idea de que los musulmanes son buenos pero los entendemos mal en occidente.

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