Cine y TV

‘Los problemas crecen’, moralina en vena

Los problemas crecen. Imagen ABC.
Los problemas crecen. Imagen: ABC.

«Mientras nos tengamos los unos a los otros» podría ser un mensaje del papa Francisco, pero era también el título del opening de Los problemas crecen: «As Long As We Got EachOther», interpretada por B. J. Thomas y Dusty Springfield. Y esta cabecera ya nos mostraba qué es lo que íbamos a ver en esas tardes de los 80 (la serie se emitió entre 1985 y 1992): una familia bien avenida de clase media-alta, con unos padres con profesiones liberales, ella periodista, él psiquiatra, y tres hijos que cumplían con un estereotipo que no dañaba a nadie: hijo mayor guaperas y ligón de playa; hija mediana empollona con gafas y feúcha, pero con la que no se empatizaba nada, hijo pequeño travieso y juguetón, un bebé y hasta un niño de acogida. Serie blanca donde las haya. Si había crack y sida en esa década, en esta casa no existía. 

Los problemas crecen fue creada por Neal Marlens para la ABC, y desde el principio marcó las líneas rojas: era una serie familiar, sin exteriores, donde aparecerían los problemas de la adolescencia, sí, ya sabéis, drogas, sexo, alcohol, pero siempre con un mensaje moralista detrás. Ahora bien, el tono tenía que ser comprensivo. Los Seaver eran unos progenitores muy ochenteros, enrollados y con buenas palabras: «a ver, hijo, cuéntame lo-que-te-pasa». Nada de gritos ni castigos. Además, no olvidemos que era una sitcom y ante todo, el guion tenía que culminar con alguna gracieta. Como en La hora de Bill Cosby, pero en vez de negros, blancos. No obstante, la serie tuvo varios aciertos y eso fue lo que acabó enganchando a la audiencia mundial. En España fue todo un éxito en parte por su protagonista, Kirk Cameron, convertido en ídolo de adolescentes. Era el guapo oficial junto a Michael J. Fox (debían de llevarse los bajitos y con cara aniñada y barbilampiña). Además, era macarra lo justo, con lo cual también gustaba a los papás y mamás de entonces. 

La serie comienza cuando la madre, Maggie Seaver (Joanna Kerns), decide volver al mercado laboral como periodista después de quince años cuidando de sus tres hijos, Mike, Carol y Ben. La familia se reestructura y el padre, Jason Seaver (Alan Thike), traslada su consulta como psiquiatra a la casa. Aquel era el signo de los tiempos. Por primera vez en décadas, las mujeres volvían al trabajo. Claro que entonces se podía. A ver quién es la guapa que ahora deja el trabajo, cría a su prole (o a su único hijo) y vuelve al mercado en las mismas condiciones. Sin embargo, en esa época era toda una victoria de las mujeres y ese era el discurso que proponían las películas de aquellos años, como Armas de mujer, aunque en plan más cruel y mezquino. Y no olvidemos que era la América de la Administración Reagan: allí se prosperaba y bien a golpe de neoliberalismo. 

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2 comentarios

  1. «En España fue todo un éxito en parte por su protagonista, Kirk Cameron, convertido en ídolo de adolescentes. Era el guapo oficial junto a Michael J. Fox (debían de llevarse los bajitos y con cara aniñada y barbilampiña).»

    Curiosamente, o no, aquí también ayudó a relacionarlos el hecho de que ambos tuvieran la misma voz en el doblajes español: el gran Jordi Pons.

  2. tiquismiquis

    Una búsqueda en internet nos da: Estatura K.C.: 1.78. Ni de coña es bajito. Y después de esta trascendental contribución sigo leyendo a Schopenhauer.

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